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Skiplagging: el truco para viajar gratis que asusta a las aerolíneas

Los extraños algoritmos de las propias aerolíneas desencadenaron este problema imposible de contener desde la vía legal.

05 de Junio 2019
Skiplagging: el truco para viajar gratis que asusta a las aerolíneas

Las aerolíneas del mundo se crearon un grave problema que, por ahora, no tiene solución. El skiplagging, o la técnica de “saltarse vuelos” es una práctica cada vez más utilizada y ahora vuelve a estar en el centro de la escena con más fuerza que nunca.

¿Cómo se saltan vuelos? 

En varios viajes es más caro unir los puntos A y B que, incluso, ir de A hasta C pasando por B. Los usuarios más acostumbrados, conocedores de este truco, suelen aprovechar esta última opción, pero jamás utilizan el último vuelo que los conduce de B a C.

La técnica de skiplagging fue inventada por las mismas aerolíneas a partir de las tarifas creadas por los extraños algoritmos que buscan maximizar sus beneficios. Curiosamente, ahora culpan a los usuarios de aprovecharlas para viajar más barato en avión.

El caso Lufthansa

La aerolínea demandó a uno de sus pasajeros por utilizar esta técnica de skiplagging. El cliente en cuestión reservó un billete de Oslo a Seattle, pasando por Frankfurt. Sin embargo, no tomó el segundo vuelo desde Frankfurt a Oslo, sino que reservó otro vuelo de la misma aerolínea de Frankfurt hacia su residencia, en Berlín.

Para Lufthansa esto es una clara violación de sus términos de uso, y exigió que el pasajero pague una multa de 2.112 euros a modo de compensación.

Sin embargo, la firma no la tiene para nada fácil en su búsqueda por obtener un resarcimiento económico. Una corte judicial en Berlín ya desestimó la demanda en diciembre pasado, pero Lufthansa confirmó a la CNN que apeló la decisión.

De esta forma, la guerra legal de la empresa con el usuario generó un nuevo caso del "Efecto Streisand".

Ventajas y desventajas del skiplagging

Viajar más barato mediante esta técnica posee algunas desventajas ya que cuenta con algunas prohibiciones explícitas en sus términos de uso.

Las aerolíneas, si detectan la pérdida de vuelos a propósito, pueden denegar hasta las millas obtenidas en la tarjeta de fidelización del usuario, no vender billetes en el futuro o, incluso, exigirles a los usuarios el pago del billete original que lo llevaría de A a B (y no el de A a C pasando por B que consiguió más barato).

La técnica, además, posee algunas desventajas prácticas: no se puede facturar equipaje porque lógicamente los maletines irán hasta el final del trayecto. Es decir, solo se puede hacer uso del skiplagging en el viaje de vuelta porque las aerolíneas cancelan el ticket si el usuario no aparece en el último embarque.

Aún así, el dinero ahorrado es tan grande que la práctica no hizo más que extenderse como la pólvora.

El efecto Streisand vuelve a la carga

En noviembre de 2014, la aerolínea United Airlines y Orbitz Worldwide demandaron a Aktarer Zaman, el creador de Skiplagged.com.

Esta pequeña startup ayudaba a viajeros a "hackear a las aerolíneas" y aprovechar sus misteriosos sistemas de aranceles de vuelos encontrando ofertas especiales a través de las tarifas con las llamadas "ciudades ocultas".

El sistema era conocido desde hacía mucho tiempo por parte de aerolíneas y agencias de viajes, pero el público general no conocía demasiado esta práctica.

Sin embargo, Aktarer descubrió el truco y creó un servicio que ayudaba a encontrar ese tipo de viajes. Esto enojó a las aerolíneas y a las agencias de viaje que, de pronto, se encontraron con un problema que ellas mismas crearon, y empezaban a actuar para tratar de poner límites claros a esa práctica.

Aktarer Zaman ganó la batalla legal. El emprendedor pidió donaciones para pagar la ayuda legal: necesitaba 10.000 dólares, pero las donaciones alcanzaron los $ 81.000.

Orbitz se retiró del caso, pero United Airlines persitió. No obstante, meses después un juez desestimó el caso y solo consiguió que la aerolínea perdiera reputación por perseguir una práctica que ella misma favoreció con sus algoritmos de arancelamiento de vuelos.

Aquella ocasión y ahora la demanda de Lufthansa a su pasajero son dos nuevos casos del “Efecto Streisand”, fenómeno en el que resulta contraproducente intentar censurar o encubrir cierta información.



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