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La lapidaria explicación de Spotorno: dijo sin vueltas por qué los políticos no entienden de economía

El economista explicó por qué los políticos no entienden de economía.

21 de Noviembre 2019
La lapidaria explicación de Spotorno: dijo sin vueltas por qué los políticos no entienden de economía

El economista Fausto Spotorno, a partir de unas declaraciones de Elisa Carrió durante la sesión que terminó aprobando la Ley de Góndolas ("Si se tienen que fundir los supermercados, mejor para la historia del país"), publicó una serie de tuits referidos a la relación entre supermercadismo y el sector político.

Este proyecto de ley tiene como propuestas principales los topes en espacios en góndola para cada producto y la reducción de costos por límites a los abusos de posición dominante: para bajar los costos para los proveedores de los supermercados y supermercados totales o hipermercados, según se explica en la siguiente nota:

Los puntos clave de la Ley de Góndolas y la de Alquileres que tratará hoy el Congreso

La actual conformación de la Cámara de Diputados se despide hoy con una última sesión. A diferencia del Senado, que hizo lo propio la semana pasada, cuando expresó su rechazo al Golpe de Estado en Bolivia, los diputados debatirán la Ley de Góndolas y la de Alquileres.

A propósito de las declaraciones de Carrió, Spotorno enuncia que así "se entiende la dificultad que tiene los políticos para entender que el comercio minorista, el comercio mayorista, la distribución, etc" como un "sector de la economía que genera (sic) un valor".

"La función del sector comercio junto con el del transporte, llamado el de la 'distribución', tiene la función de acercar clientes a los productores y productos a los clientes. Ello implica un alto valor agregado, como el de casi cualquier servicio comercial", puntualiza. 

Luego aclara que "el valor es subjetivo" porque depende lo que "cada cliente está dispuesto a pagar por un producto". "El valor agregado entonces es la diferencia entre lo que el cliente esta dispuesto a pagar y el costo al que el productor puede producir", explica.

"Poniendo el ejemplo que da Carrió y suponiendo que todo sea en las mismas 'condiciones fiscales'. Ella dice que en Santiago del Estero compró un chivito a $600 y en el supermercado de su barrio acá en Bs As se lo querían cobrar $6000 y que eso es pura maldad", dice Spotorno luego.

La pregunta que debe hacerse, señala, es cuánto le costaría ir a buscar ese chivito a Santiago del Estero: "Si va en avión el costo del pasaje con impuestos y todo estaría entre $8000-$10000 más los taxis y Podemos calcular un costo total de $12 mil + al menos un día perdido".

Otra posibilidad, comenta, es ir y volver en micro o en auto. Esto saldría más barato, unos $ 4.000 en total (chivito, taxis, algún snack) pero tardaría al menos 48 horas "y hay que ver si el chivito llega en condiciones después de más de 15 horas en bodega", sostiene.

"Una tercer alternativa es ir al supermercado del barrio pagarlo $ 6.000 pesos, asegurarse que está en condiciones, de paso hacer otras compras, no perder tiempo, pagar con tarjeta", cierra el ejemplo. 

"También se puede ir a la carnicería que dependiendo de la zona, de la eficiencia del mismo, puede ser más caro, más barato, tener mejor calidad, pero solo va a poder comprar carne. Dependerá del consumidor que prefiere." 

Aclara en este sentido que el carnicero o el supermercadista también tienen que hacer gestiones para traer el chivito, mantenerlo, tener un lugar para comercializarlo y, además, lidiar con los sindicatos. "Esos serán sus costos. El valor estará dado por lo que la gente está dispuesta a pagar."

Luego explica que "todas las alternativas de comercio compiten entre sí para brindar un servicio al cliente": los comercios venden un servicio, que es el de proveer de bienes y no los bienes en sí. Dicho servicio está metido en el precio de los bienes, agrega.

"Al tratarse de un servicio, el carnicero vende confianza, lo mismo que el almacenero o el verdulero, el supermercado vende disponibilidad y facilidad de compra. En la feria se busca precio, en las boutiques o casa de ropa se busca estilo, etc.", desarrolla a continuación.

En este sentido, ponderó, "lo más importante es que los consumidores elegimos y maximizamos nuestro bienestar, haciendo las compras en diferentes lugares". Y ejemplificó: "De hecho, los supermercados son solo el 30% del mercado minorista de consumo".

Ley de Góndolas: una propuesta legislativa incomprensible, lejos de cumplir el objetivo deseado

Seguimos escuchando con preocupación que el dictamen de mayoría del proyecto de ley que establece limitaciones al espacio de góndola será la solución definitiva para reducir el costo de los productos de consumo masivo, o dotar a los consumidores de una mayor cantidad de bienes a precios "más accesibles" y garantizar el acceso ilimitado a todos los productores, en especial las pymes y las empresas de la economía social o de los pueblos originarios.

Reconoce Spotorno que todo este esquema es complejo porque, por un lado, está el productor, en el medio los servicios logísticos, los supermercados y almacenes y, del otro lado, el consumidor. "Cuando el Estado se mete en el medio de estás relaciones comerciales sin saber no facilita nada", opina.

"Una regulación es un costo. Un costo más alto reduce el valor agregado. Las malas regulaciones son peores que los impuestos porque los costos pueden no ser previsibles", argumenta en consecuencia.

"Al aumentar los costos de intermediación, de alguna manera, este se terminará distribuyendo ente los intermediarios, los consumidores y los productores". O sea: según Spotorno, todos terminarán perdiendo. "Por eso la ley de Góndolas es tan nociva", cierra finalmente.



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