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Crece la polémica por el "troll center oficialista": ¿qué está en juego?

Un informe de Anmistía Internacional sobre la actividad de los “trolls” e “influenciadores” que defienden al gobierno nacional desató un debate sobre los límites de lo que puede decirse y lo que no en el debate público virtual.

Por SEBASTIÁN DE TOMA - 22 de Marzo 2018
Crece la polémica por el "troll center oficialista": ¿qué está en juego?

Es difícil quedar al margen de todas las grietas que existen. Como muestra puede observarse el debate que suscitó la publicación del informe “El debate público limitado. Trolling y agresiones a la libre expresión de periodistas y defensores de derechos humanos en Twitter Argentina”, realizado por Amnistía Internacional (AI) con la colaboración de los investigadores Martín Becerra, Luciano Galup y Juan Pablo Pilorget. Una vez publicado, las discusiones y acusaciones en las redes sociales entre los autores, los nombrados y todos los que tenían algo para decir fueron subiendo de tono.

La investigación plantea que los ciberataques que pueden observarse diariamente tienen por objeto descalificar a aquellos que opinan diferente, en particular cuando se trata del actual gobierno nacional. “Las agresiones contra periodistas y defensores de DD.HH. utilizan metodologías y ataques propios de las campañas de odio que tienen lugar en diferentes países y contra las cuales cabe desarrollar respuestas democráticas, respetuosas de la deliberación pública robusta y que, por ello mismo, desincentiven las embestidas concertadas, muchas veces potenciadas por acciones automatizadas (bots) e intensivas en el discurso violento (trolls), en las que la difusión de información falsa (fake news) busca distorsionar la legitimidad del debate basado en hechos y, al mismo tiempo, desprestigiar a quienes defienden los derechos de la ciudadanía y advierten públicamente sobre su amenaza o vulneración”, plantea el informe.

Para realizar el estudio, dado a conocer por la ONG internacional el pasado lunes (y que puede leerse completo en su página web), los investigadores tomaron 354.000 tuits generados entre el 22 de octubre y el 14 de noviembre de 2017, a partir de las interacciones de nueve periodistas y dos referentes de derechos humanos argentinos en relación con el debate público sobre “la muerte de Santiago Maldonado, el encarcelamiento de dirigentes políticos sin condena y la divulgación de imágenes privadas al momentos de su detención”.

Hicieron particular énfasis en los ataques virtuales que sufriera en aquellos días la vocera de AI en la Argentina, Mariela Belski, que fue acusada de tener un contrato con la ex jefa de los fiscales Alejandra Gils Carbó. Además de lo que le sucedió a Belski, analizaron las agresiones que sufrieron periodistas de alto perfil público como Hugo Alconada Mon, Edi Zunino, María O'Donnell, Reynaldo Sietecase, Romina Manguel, Marcelo Longobardi, Ernesto Tenembaum, Nelson Castro y Carlos Pagni, y el ganador del Nobel Adolfo Pérez Esquivel.  Cabe señalar que tanto Belski como Pagni no tienen cuenta en Twitter.

Si bien muchos de los mencionados como parte de las “cibertropa” (tal como denomina el estudio a quienes atacan concertadamente a alguna de las personas mencionadas de manera concertada) son cuentas que no especifican nombre y apellido, hay algunos casos más conocidos, como el del periodista Eduardo Feinmann (@edufeiok) y el diputado por Cambiemos Fernando Iglesias (@feriglesias), que ha tenido públicos cruces con la periodista María O’Donnell sobre el caso Maldonado o con Alconada Mon en relación con la pata local de los Panamá Papers.

Método

Primero aparecen los habilitadores, que publican un mensaje que luego será replicado. “Construyen un escenario en el que se identifica el objeto de hostigamiento”, explica el informe. Luego llegan los replicadores, que dan volumen a ese mensaje hasta convertirlo en tendencia en la red social del pajarito. "Una vez identificado el objetivo de escarnio se producen ataques en escala donde actúa un número de cuentas anónimas, bots (robots) y perfiles que se activan, en algunos casos como células dormidas, al sólo efecto de participar de la agresión, en lo que puede denominarse 'efecto carroña' o 'trolling'”, continua. En este sentido, casi la mitad de los tuits auditados tuvieron vínculo directo con acciones previas de las cibertropas.

Respecto al término cibertropas, según el informe, el mismo fue empleado por el Oxford Internet Institute y resulta “un acercamiento más adecuado al objeto de estudio que otros términos utilizados, como por ejemplo “Call Center” (ya que) se trata de un problema complejo, no centralizado y del que participan una diversidad de actores entre los que se destacan trolls, influenciadores con cuentas reales e incluso a veces verificadas, bots, cuentas fakes. La organización celular y no vertical es al mismo tiempo una característica que impide adjudicar a una única organización o a un único “Call Center” la acción de estas cibertropas”.

El estudio es extenso pero, a modo de resumen, los investigadores señalan que el análisis de retuits permite afirmar que dentro de las interacciones han constatado la acción de cibertropas que tienen un doble propósito: cuestionar el accionar de periodistas y defensores de derechos humanos, al tiempo que generar nuevas voces legítimas en la propia red (autoridades) que antagonizan la defensa de los derechos humanos con su descalificación. “La sincronización temática y coincidencia temporal de las embestidas contra periodistas y defensores de derechos humanos, además, es un fuerte indicio acerca del carácter organizado de estas acciones”, resaltan. “En este sentido es relevante la existencia, dentro de estas autoridades en Twitter, de referentes políticos del espacio oficialista o cuentas reales como @elcoya77 y @GustavoBruzone. Estos “influencers” -influenciadores- del oficialismo son autoridad y, al mismo tiempo, habilitadores de agresiones a quienes difieren de la línea oficial y lubrican el contacto entre las cuentas pertenecientes a trolls o bots y el resto de las comunidad.”

Una salvedad que hacen desde AI, a partir de las reacciones al informe, es subrayar que el hecho de que haya ataques organizados no implica que necesariamente esté involucrado en ellos el Poder Ejecutivo nacional.

Repercusiones encontradas

La arena del debate, apenas publicado el informe, fue naturalmente Twitter. Los autores y la ONG fueron acusados de oportunistas y hasta de ir en contra de la libertad de expresión que ejercerían aquellos que critican a las personalidades analizadas. Por ejemplo, el diputado cambiemita Waldo Wolff le reclamó a AI la falta de reacción ante la designación del diputado Leopoldo Moreau en la Comisión de Expresión luego de haber justificado (según Wolff) el ataque al periodista Julio Bazán.

Por su parte, Fernando Iglesias le habló directamente a O’Donnell. “¿Te acordás cuándo Amnistía Argentina apoyó el infame acuerdo con Irán? ¿Dijiste algo?”, tuiteó.

Consultado por Infotechnology, el diputado Iglesias expresó que el informe “es de una inconsistencia técnica impresionante: toman una serie de periodistas que suponen que son atacados por ‘cibertropas’ pero no analizan, por ejemplo, que a mí me atacan todos los días, me amenazan continuamente”. En este sentido, resaltó Iglesias, él tiene por costumbre bloquear a quienes “ponen mensajes de violentos, aunque sean de mi lado”. Resalta: “Puedo tener un estilo fuerte y crítico pero no creo que ningún periodista se sienta amenazado. Alconada Mon puede sentirse ofendido cuando lo llamo ‘Alconafta’ pero no amenazado”.

Otro de los mencionados es un tuitero que prefiere mantener el anonimato llamado “Mr. Bugman (para más datos: amigo de José Luis Espert y autodenominado "nerd de la economía"). Cuenta que leyó el informe y que le divirtió mucho figurar pero que, cree, a este le falta contexto sobre el caso Maldonado y contraste en lo referente a ataques. “Se olvidan de decir que en el periodo analizado había salido al conclusión de la autopsia de Santiago Maldonado y que todas las cuentas que fueron objeto de ataques y burlas habían agitado el tema de la desaparición forzada; hubo una descarga instantánea en un lugar como Twitter con reglas bastante salvajes”, opina. “Y no hubo análisis sobre los ataques que recibieron los periodistas que decían que lo de Maldonado no fue una desaparición forzada.”

En relación con la acusación de que no analizaron al “otro lado de la grieta”, Martín Becerra (investigador de la UNQ y titular de cátedra en la UBA) explica que el objetivo era relevar un universo de cuentas (la de los periodistas) que no son sistemáticamente críticas al gobierno y que “suelen presentar noticias coincidentes con la línea oficial, y a veces publican críticas”. Plantea que si hubieran hecho el trabajo con periodistas opositores, “el trabajo se hubiera distorsionado porque ellos viven en una suerte de ‘enfrentamiento polarizado’" y quisieron correrse de ese lugar.

¿Por qué apuntar a aquellos que defienden al actual oficialismo? “Porque se busca amedrentar, a través del ciberacoso, el hostigamiento, el abuso y la distorsión, a aquellos que emiten opiniones críticas. Si uno habla con cualquier periodista en off, ellos te reconocen que cuando sufrieron campañas de acoso virtual eso termina limitando su opinión”, argumenta el investigador. “Incluso si el periodista no se inhibiera, hay una enorme cantidad de gente que ve estas campañas y decide callarse. Dicen ‘no hago críticas porque cuando Nelson Castro criticó a la Carrió por decir que Santiago Maldonado podía estar en Disney, salieron con los tapones de punta y de manera organizada.”

Aquellos que plantean que el informe va en contra de la libertad de expresión, sigue Becerra, “no comprenden lo que es, no se puede defender la libertad de expresión de una amenaza de muerte o de una acusación infundada de pedofilia”. “Para que haya libertad de expresión, hay que tener la posibilidad de mantener conversaciones incomodas, y para ello sus participantes deben saber que no recibirán represalias por sus opiniones”, sostiene y asevera: “Les preocupa la libertad de los que amenazan y, a título personal digo que esas campañas de amenaza y acoso erosionan y limitan la libertad de expresión”. Y “si al informe le faltará empiría, las reacciones luego de su publicación, las amenazas, las descalificaciones a los autores confirman lo que allí se plantea”, cierra.

Respecto a la libertad de expresión, el abogado magíster en Derechos Humanos Eduardo Ferrerya, parte de la Asociación por los Derechos Civiles, concuerda con Becerra respecto a que amenazar o difundir datos íntimos no están cubiertos por las el derecho a la libertad de expresión. Sin embargo, señala, hay que distinguir el deber que tienen las personalidades públicas de soportar críticas que se le hagan, aunque sean ácidas, porque eso mejora la calidad del debate. “Esto –reitera- no implica tener carta blanca pero, incluso si la crítica es coordinada, no es algo que afecte necesariamente la libertad de expresión.”

Por su parte, Eugenia Mitchelstein, especialista en la relación entre comunicación, política, ciencia y tecnología, da la bienvenida a la publicación del informe. “Técnicamente está bien hecho, nada que reprochar, y quienes lo hicieron son honestos intelectualmente. Pero me pregunto si aquellos periodistas insultados morigeran la crítica. Es la premisa del informe pero no es algo que este termine de contestar. Además, desconfió de la posibilidad de regular el debate en las redes que se propone en las conclusiones del estudio: ¿quién va a decir quién puede tuitear y quién no, una oficina en jefatura de Gabinete?”

Evitar la viralidad

Desde la teoría, dice la investigadora Natalia Aruguete, autora del libro “El poder de la agenda”, se observa que para imponer agenda hay discursos que activan, en cascadas, otros discursos, y no solo en medios tradicionales. Para lograrlo hay que lograr que determinadas narrativas sean “consistentes cognitivamente” con lo que ocurre en esa región donde se pretende activar dicha narrativa. Es decir, en aquellos grupos humanos (o no) con opiniones similares.

Si se produce una “disonancia cognitiva”, dice Aruguete, entonces el discurso “no va a prender”. “El hecho de que haya un influenciador involucrado no asegura que su encuadre se propague en cualquier lado, hay que considerar a los algoritmos, la burbuja de información activada por nuestra actividad en las redes como retuits, likes, etcétera, son relaciones que vamos generando”, desarrolla.

“Y, si uno no contesta, si no entra en la dinámica, la viralidad de estos mensajes, por lo menos al interior de nuestra propia red, se termina desactivando.”



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12 Comentarios

Diego Lu Reportar Responder

AI deberia dejar de meterse en la politica argentina y pasar papelones como el del caso Maldonado y el de Iran

geiras Reportar Responder

Primero hay que decir que AI NO ES UNA ORGANIZACION SERIA, NI RESPETABLE Y MENOS AUN OBJETIVA, son un grupúsculo de personajes vinculados a lo peor de la izquierda radicalizada que se autotitulan antisistema.

Juan Mansilla Reportar Responder

Aqui en Argenitan , las consecuencias de todo esto se termino llamando Cambiemos...con una gran ayudita de los grandes medios y de la oposicion. La libertad y la Democracia es un sueño perdido...

Luis Blazquez Reportar

Andy Juarez .... Otro enfermito, y si el fanatismo se lo mete en el tuje?

Luis Blazquez Reportar

Hay que tener las facultades mentales muy mal para pensar así ... Ud no está nada bien.

Andy Juarez Reportar

Coincido en todo, Juan Mansilla, pero cambiemos Cambiemos por FPV.

victoriaelt Tejada Reportar Responder

Que Amnisty se deje de R las P.....que no se meta donde no la llamaron

Juan Facundo Rodriguez Reportar Responder

Esta denuncia armada como investigación sólo tiene por finalidad tapar la Operación Política del caso Maldonado.

Chris MB Reportar Responder

Hugo Biritos @hugexi Lo que molesta no son los trolls. Lo que molesta es que los comunicadores profesionales han perdido el monopolio en la formación de la opinión social.

Chris MB Reportar Responder

Parece mentira que se hagan eco de las denuncias de Amnesty Argentina, despuÉs de los disparates sobre la ''desaparición forzada'' de Maldonado, y el respaldo al memorandum con Irán.

Juan Pablo Reportar Responder

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Emmanuel Sebastian Reportar Responder

Bue... Lo que faltaba.... Si hay pruebas con fidelidad de manipulación en escala. Que las presenten

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