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Cómo funciona (y cuánto cuesta) la "granja de trolls" que defiende al gobierno

Manipular las redes sociales es un negocio creciente, más cuando de políticos se trata. Los expertos cuentan detalles y el detrás de escena de una de las polémicas del momento. Por SEBASTIÁN DE TOMA - 22 de Marzo 2018
Cómo funciona (y cuánto cuesta) la "granja de trolls" que defiende al gobierno

Los números impresionan: un estudio realizado por las universidades de Carolina del Sur e Indiana estimaba que la proporción de bots dentro de Twitter era entre el 9% y el 15% del total de sus usuarios. La cifra de aquellos perfiles controlados de forma automática estaba entre los 30 millones y los 48 millones.

P. trabajo varios años (entre 2013 y 2014) en una agencia que se dedicaba, por un lado, a la compra y venta de seguidores en redes sociales, y además a gestionar el contenido generado por esas cuentas. Prefiere resguardar su nombre porque trabaja en una empresa local de muy alto perfil. “Lo que hacíamos era comprar paquetes de cuentas”, recuerda. “La vendía un ruso, y venían de dos maneras, un paquete básico con perfiles vacíos o paquetes más caros con cuentas con contenido incluido que daba la impresión de una cuenta real para que Twitter no las bloquee.”

Muchas de las cuentas eran creadas en China, afirma. “No todo es automatizado, porque para evitar que la red social los penalice por crear muchas cuentas desde una misma IP [N. del R.: se refiere a la dirección única y dinámica que tiene cada conexión a internet], entonces contrataban a muchos chinos que creaban unas pocas cuentas”, relata.

El paso siguiente era darle el color local a las cuentas. “Acá lo que hacíamos era cambiar los nombres, argentinizar las cuentas, con imágenes muchas veces robadas, y después publicar con herramientas desarrolladas in-house de manera masiva como #MacriGato. Esa es la manera ‘cabeza’, porque también había servicios con redactores ad-hoc creando contenido personalizado. Y, además, podés programar a las cuentas para que hagan retuit a los contenidos que publiquen dos o tres influenciadores para lograr que un tema sea tendencia”.

En el último tiempo, la facilidad para crear trolls ya no es tal. “Todos saben que Twitter está ‘tocado’, que hay empresas que manipulan, entonces se usa con otra finalidad, no ya la de convencer sino la de llegar a ser ‘trending topic’ y, como estuvimos viendo estos días con el affair Facebook y Cambridge Analytica, usar inteligencia artificial para generar publicaciones sofisticadas en base a datos específicos de los usuarios. Hoy se privilegia la calidad sobre la cantidad.”

En este sentido, Lorena Amarante, licenciada de la USAL y especialista en marketing online, menciona que refrenda lo dicho por P. “Hay muchas empresas dedicadas a apoyar causas, hashtags, de hacer crecer de manera fraudulenta las menciones e interacciones en redes sociales. No me he visto involucrada en lo personal pero lo he visto hacer.”

Otra fuente que pide el off, un expatriado argentino egresado de la carrera de comunicación de una universidad pública que vive en Londres desde hace varios años, dice sencillamente que “cualquier actividad en las redes puede ser falsificada”. Comenta que hay toda clase de personas que contrata este tipo de servicios, incluso famosos con muchos seguidores que quieren tener más. Y da cifras: 1.500 seguidores en Twitter cuestan u$s 15; 10.000, u$s 80, y después hay paquetes que mezclan redes sociales (las cifras pueden verse en una web muy obvia que es el entrevistado menciona,  www.compraseguidores.comwww.compraseguidores.com). Matías Katz, por su parte, Chief Executive Officer de Mkit (compañía dedicada a la seguridad informática), cuenta que comprar 10.000 cuentas de Twitter cuesta u$s 90, en Facebook u$s 150 y en Instagram, u$s 180.

“Es importante hablar de estas cuestiones porque, aunque parezca una tontería, en el fondo el objetivo es manipular a la opinión pública, hacer creer que la gente piensa algo que no es así. La psicología ha estudiado que tendemos a acomodarnos a la opinión que creemos que es general”, argumenta el comunicador consultado que pasa sus días en la capital inglesa.



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