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Chernobyl en la Argentina: ¿es posible?

Después de la popularidad de la serie de HBO, surge la duda sobre la seguridad de los reactores en el país. Cuáles se usan en la Argentina. Por qué son diferentes a aquellos. 

Por SEBASTIÁN DE TOMA - 17 de Julio 2019
Chernobyl en la Argentina: ¿es posible?

¿Puede suceder en la Argentina lo mismo que ocurrió en Chernobyl, la planta local que toma el nombre de una localidad cercana a la actual Ucrania, aquel 26 de abril de 1986 a la 1.23 horas? La respuesta de los expertos es un tajante “no”. Y no es una expresión de deseo.

Hay dos cuestiones centrales que pueden marcarse para desestimar la mayor parte de los temores y ansiedades que la serie de HBO sobre la catástrofe nuclear pudo suscitar en quienes tuvieron oportunidad de verla. La primera es el diseño: mientras que los reactores RBMK fabricados en la ex Unión Soviética no contaban con contención, los argentinos (de diseño alemán y canadiense, según el caso), sí.

“La contención es el edificio que tiene una estructura capaz de contener presión en su interior y que impediría que una eventual fuga de radionucleidos llegara al medio ambiente”, señala el doctor Alejandro Lazarte, gerente de Licenciamiento y Control de Reactores Nucleares de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) de la Argentina. 

Estos reactores (Atucha I, II y Embalse), a diferencia de los RBMK, tienen uranio natural como combustible y son refrigerados y moderados con agua pesada, en lugar de grafito. En los reactores RBMK la operación era inestable en un rango de potencia de 0 al 20 por ciento y por eso estaba prohibido por procedimientos operar en ese rango.

Centro administrativo de la planta de Chernobyl. La imagen es de 2016. (Foto: Wikipedia)

"La seguridad de un reactor puede verse afectada aun con un buen diseño.”  
— Alejandro Lazarte, gerente de ARN Argentina. 

Otra diferencia de diseño fue que las barras de control y seguridad que tienen la capacidad de apagar el reactor eran de operación lenta (más de una decena de segundos), mientras que en los reactores argentinos hay dos sistemas para el apagado: uno en dos segundos y el otro es aún más rápido, abunda el especialista de la ARN. La segunda se basa en el concepto de mitigación como parte de una “cultura de seguridad”, expresión que utilizan todos los expertos consultados. 

"No solo tenés una maquina diseñada de una manera sino la cultura para operarla y en la Argentina existe una tradición de la cultura de la seguridad”, indica el ingeniero Marcelo Salvatore, director de Nucleoeléctrica Argentina, la compañía estatal que opera las centrales de potencia en el país.

La seguridad de un reactor puede verse afectada aun para un buen diseño, si los operadores carecen de los conocimientos y de la actitud denominados ‘cultura de la seguridad’, si por ejemplo violan los procedimientos de operación y de respuesta, o peor aún,  si inhabilitan el disparo automático de los sistemas de protección”, puntualiza Lazarte. “Más allá de limitaciones del diseño RBMK, en Chernobyl hubo errores importantes de operación.”

En primera persona

“A mí me ofrecieron presidir la reunión técnica que se hizo allí, así que tuve interacción directa con Valeri Legasov [el científico que estuvo a cargo del cómite soviético que investigó el siniestro en tierra ucraniana]  y con ellos, eso fue en agosto del ‘86. Yo fui muy ilusionado, igual que ellos, a una interacción clara y técnica y me desilusioné, como ellos se desilusionaron, porque la gente de Occidente que estaba en esa reunión —de algunos países en particular—, el único interés que tenía era de gritarles a ellos y que quedara claro que esto había pasado porque eran unos rusos, animales, desastrosos y qué sé yo, así que fue muy frustrante no poder sacarles conocimientos.”

Los recuerdos son de Abel González durante una conversación que tuvo lugar en la sede de la ARN en el barrio de Núñez. González es un decano del sector nuclear argentino: dirigió el sector de Seguridad Radiológica en el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) así como la Comisión Nacional de Energía Atómica, y fue responsable de las evaluaciones internacionales de las consecuencias radiológicas del accidente.     

Centrales argentinas en Lima, provincia de Buenos Aires. (Foto: Wikipedia)

Los afectados

  • 1.000 personas recibieron grandes dosis de radiación el primer día.
  • 200.000 personas recibieron 100 milisievert (una radiografía de tórax mide 0,1 mSv, por ejemplo), 20.000 cerca de 250 mSv y algunas 500 mSv.
  • 600.000 personas más recibieron dosis de radiación por los trabajos de descontaminación: se trataba de los “liquidadores” que se encargaron de limpiar los restos de la explosión.
  • 12.500 muertes fueron reconocidas por el gobierno ucraniano en 1998. Sin embargo, organizaciones como Greenpeace hablan de 100.000. Los que murieron por consecuencia directa de la explosión fueron, sin embargo, 31.
  • 600.000 toneladas es el peso del nuevo “sarcófago” que fue inaugurado hace algunas semanas y que reemplaza al colocado en noviembre de 1986. Tiene 108 metros de altura y 36.000 toneladas de peso. Fue instalada en 2016, tras varios años de retraso, y finalizada en diciembre de 2018. La obra costó US$ 1.700 millones que fueron financiados por el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo y contó con el apoyo de 45 países.


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