Economía del Conocimiento: la razón por la que están en peligro US$ 10.000 M y miles de empleos

Por la brecha cambiaria, las empresas de la economía del conocimiento sufren un drenaje de profesionales por la competencia desleal de plataformas del exterior que los contratan en forma directa. ¿Se frena la llegada de nuevos proyectos?

Detrás del complejo sojero y el automotor, la economía del conocimiento es el tercer sector en aporte de dólares por exportaciones de servicios, con unos US$ 6000 millones anuales. Y si bien mantiene su dinamismo y potencial de crecimiento (comparado con otros sectores), sufre hoy un tipo particular de fuga que amenaza su posibilidad de seguir avanzando: la pérdida de recursos calificados pero desde adentro del país.

Producto de la brecha cambiaria entre un dólar oficial en torno a los $ 95 y un paralelo a $ 150, la mayoría de las empresas que conforman este sector enfrentan en este momento la competencia desleal de plataformas online constituidas en el exterior que contratan directamente a profesionales para programar o prestar otro tipo de servicios. Al ofrecer la liquidación de sueldos en dólares en una cuenta en el extranjero, no pocos profesionales se ven tentados a dejar sus empleos actuales en relación de dependencia y trabajar para esos clientes en proyectos puntuales. Las empresas locales advierten que no pueden competir en salario en pesos contra quien está al margen de la ley y ofrece pagos en dólares que ese prestador de servicio cambiará después en el mercado local al tipo de cambio paralelo.

La otra fuga que acecha al sector, que supo crecer a tasas altas en la primera década de este siglo en consonancia con la tercerización de servicios que se produjo en el mundo, es una ralentización de impulso por las idas y vueltas normativas -la derogación de la primera ley de economía del conocimiento, sancionada en 2019, y su reemplazo por una nueva en octubre de 2020-, la entrada en juego de nuevos países que quieren una porción de la torta y la incertidumbre creciente que siempre exuda la Argentina. La consecuencia de ese cuadro: una pérdida de oportunidades y nuevos proyectos que son capturados por otras geografías.

"Esto es una maratón y estamos corriendo más despacio", compara Luis Galeazzi, director ejecutivo de Argencon, la cámara que agrupa a las empresas exportadoras de servicios, tanto de software como servicios profesionales. "Veníamos corriendo bien hasta 2011, en el segundo pelotón. De repente la maratón cambió de ritmo y nosotros seguimos igual que antes. Todavía no reaccionamos", dice el directivo de la entidad que agrupa a empresas de diferente perfil, desde Accenture, MercadoLibre y Globant a PwC, JP Morgan, Exxonmobil, KPMG y el Invap.

En 2020, las exportaciones de la economía del conocimiento alcanzaron los US$ 5650 millones, apunta Galeazzi, "menos de los US$ 6000 millones que decimos siempre que exportamos". Analiza: "¿Por qué nos estamos quedando? No es por pérdida de calidad en los servicios ni en los recursos humanos ni por falta de habilidad empresarial. Hay otros países que están ofreciendo muchas mejores condiciones para que se radiquen las empresas. Y entonces se produce una fuga de crecimiento. Las empresas siguen estando acá, pero el crecimiento lo hacen afuera".

Según los datos de la cámara, la economía de conocimiento acumula nueve trimestres consecutivos de caída de las exportaciones, desde que se desató la primera crisis cambiaria de 2018. Mientras que en el período 2010-2018 el crecimiento global del sector fue del 92 por ciento, la Argentina creció solo 18 por ciento. América latina se expandió al 34 por ciento en ese lapso y Europa, al 74 por ciento.

Galeazzi se refiere también a la fuga de profesionales que aqueja al sector desde hace poco más de un año. "Los empleados renuncian a las empresas para firmar contratos de prestación de servicios con pagos afuera. Con lo cual, salen de la economía formal argentina y eso debilita las exportaciones", alerta. Ese motivo explicaría la caída de las expos en 2020, dicen en el sector. Si bien las productoras de software son las más afectadas por la pérdida de gente, el problema no deja afuera a las proveedoras de servicios de distinto tipo, indica el director ejecutivo. Los puestos con mayor expertise son los más buscados y "tentados", otro desafío adicional. "Está afectando más al segmento medio-alto de la pirámide laboral", plantea.

"Hoy, la mayor preocupación en relación con el entorno argentino al momento de competir por un proyecto es esta disrupción en el mercado laboral", reconoce Ángel Pérez Puletti, fundador y CEO de Baufest, desarrolladora de software con sedes en varios países de la región, Estados Unidos y España, además de la matriz local. Con 500 de sus 700 empleados en la Argentina, el 50 por ciento de los ingresos de Baufest proviene del exterior, dice Puletti. "Al problema de no conseguir gente, que ya viene de antes en el sector del software, se suman las condiciones macro, con la brecha cambiaria, que ocasionan esta distorsión y erosionan la competitividad", completa.

"Hoy competís con todo el mundo. La pandemia reforzó y visibilizó el hecho de que no importa dónde está sentado el recurso mientras cumpla con el servicio", aporta Emiliano Galván, director de Operaciones para Latinoamérica de Wunderman Thompson. La filial local de la agencia de comunicación y publicidad perteneciente al gigante global WPP trabaja desde Buenos Aires y otros puntos del país para clientes estadounidenses como United Airlines, Best Buy y Ford. Unas 300 personas sobre un total de 500 están abocadas a servicios de exportación como diseño de publicidad y administración de contenidos web, cuenta. "Es una industria con un potencial enorme y en vez de encontrar respuestas, enfrentamos trabas. El talento local sigue siendo muy buscado en el exterior por los niveles de productividad", enmarca el ejecutivo, que admite la creciente dificultad a la hora de conseguir profesionales calificados.

"Comprometen el futuro de la industria porque nos ponen en una situación de desventaja. Es de los riesgos más grandes que tenemos. Nosotros pagamos todos los impuestos y tratamos de crecer y aparecen estos competidores que no generan un solo dólar y actúan ilegalmente a los ojos de las autoridades", se pliega Juan Navarro, socio fundador de Hexacta, desarrolladora de software a medida con más de 20 años de historia que exporta el 80 por ciento de su producción local a Estados Unidos.

La advertencia por el drenaje de profesionales no se acota solo a la dificultad de cada empresa: los consultados coinciden en que la salida de gente para trabajar por su cuenta deteriora el ecosistema y compromete la competitividad futura. "La generación de talento se hace también en las empresas. Cuando alguien pasa a trabajar por su cuenta deja de alimentar ese sistema", resumen.

Ida y vuelta en la ley

En octubre de 2020, el Congreso sancionó la nueva ley de promoción de economía del conocimiento. La norma reemplazó a la votada en mayo de 2019 durante el gobierno de Mauricio Macri, que también fijaba beneficios para la industria. Entre una y otra legislación surgieron diferencias. La principal, argumentan las empresas, es la pérdida de la estabilidad fiscal: a diferencia de la anterior (que a ojos del oficialismo beneficiaba a las empresas grandes en detrimento de las pymes y nunca entró en vigencia), la nueva ley habla de un monto anual a conceder como rebaja impositiva, lo cual puede abrir la puerta a la discrecionalidad y no impide que el día de mañana surjan nuevos impuestos, cuestionan. La ley fija un régimen de promoción que reduce de manera segmentada el impuesto a las Ganancias en función del tamaño de la empresa y rebaja en hasta un 70 por ciento las contribuciones patronales, además de recortar a cero los derechos de exportación -hoy, las empresas pagan un 5 por ciento.

El objetivo del régimen de promoción es alcanzar los 500.000 empleos en los próximos 10 años -el doble del actual- y llegar a la cifra de US$ 10.000 millones de exportaciones, postuló el Ministerio de Desarrollo Productivo, encargado de la reglamentación.

Como la ley abarca múltiples actividades, desde nanotecnología a servicios audiovisuales pasando por software y otras prestaciones profesionales, en Argencon esperan una sucesión de reglamentaciones en el tiempo. La primera de ellas, ya emitida, contempló a las empresas de software, para que puedan adherir al nuevo régimen en reemplazo del anterior de promoción del sector cuya vigencia caducó a fin de 2019.

Además de la incertidumbre que causó tener una ley votada por unanimidad un año y que sea reemplazada a los pocos meses por otra, en las empresas mencionan otros cabos sueltos que no cierran al momento de captar nuevas inversiones. Hay discusiones en torno a la forma en que se computa la obligación de invertir en capacitación y dificultades para contabilizar los beneficios fiscales en el caso de las exportadoras de servicios que solo trabajan para el mercado externo.

El caso de PwC Argentina es representativo de lo que les ocurre a los global delivery services, responsables de más del 60 por ciento de las exportaciones totales que genera la economía del conocimiento. Desde la Argentina se prestan servicios de todo tipo: administración de recursos humanos, legales, impositivos, económicos. Accenture, Exxonmobil, JP Morgan son algunas de las multinacionales que brindan soporte local a su casa matriz.

El centro de exportación de servicios de PwC arrancó en 2010, con 40 personas, recuerda Santiago Mignone, socio a cargo de la big four. Hoy, son 1500 profesionales que trabajan para la filial de Estados Unidos liquidando impuestos y dando soporte administrativo, de marketing, diseño o seguridad informática.

Para ganarle la carrera a otros centros se evalúan tres parámetros, explica Mignone: calidad del servicio, precio y riesgo. La Argentina sigue rankeando bien en el primero -por la capacidad profesional y la experiencia acumulada- y es competitiva aún en el segundo, pese a que la inflación viene carcomiendo el tipo de cambio oficial. El problema está en el tercero, el riesgo. "Ahí perdemos por la inestabilidad macro y la normativa", sintetiza.

PwC tenía un plan para expandir su centro pero el cambio reciente de la ley y el mal clima que comenzó en 2018, cuando el gobierno de Macri fijó retenciones al sector, puso todo en stand by. "La nueva ley no permite aplicar el crédito fiscal que se genera para quienes exportamos. Cuanto más exportás, más penalizado estás", explica Mignone. Si bien la norma actual tiene puntos más favorables que la anterior, dice, la forma de computar el beneficio fiscal era igual para todos en la otra y "cerraba mejor". "Nuestra carga fiscal sobre el empleo es mucho más grande de lo que pagamos de Ganancias", precisa.

En estas condiciones, los beneficios del nuevo régimen -incluida la quita de las retenciones del 5 por ciento- no compensan los costos, por lo que varias empresas analizarían no adherirse. Ello siembra incertidumbre respecto de la expansión potencial esperada. "El régimen garantiza la estabilidad de beneficios pero no la fiscal. Para animarse a hacer un proyecto a 10 años hay que estar seguro de que no te crearán un nuevo impuesto. Necesitás un horizonte de certidumbre", resume Mignone.

En términos de la maratón a la que se aludía al principio, es seguir corriendo al mismo ritmo mientras otros participantes aceleran.

Por Pablo Ortega

La versión original de esta nota se publicó en el número 329 de Revista Apertura

Tags relacionados

Más de Negocios

Compartí tus comentarios