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Negocios

Revolución fintech: la apuesta del BCRA para mejorar el sistema financiero

Cómo se prepara la banca tradicional para hacerle frente a la revolución tech que, finalmente, llegó al sector financiero.  

Por FLORENCIA PULLA - 06 de Abril 2018
Revolución fintech: la apuesta del BCRA para mejorar el sistema financiero

Los eventos que se sucedieron en diciembre de 2001 —estado de sitio, helicóptero, cinco presidentes en una semana, devaluación— tuvieron un impacto duradero sobre el sistema financiero local. Tanto es así que los coletazos de aquella explosión siguen sintiéndose 16 años después. La crisis que le dio punto final a la convertibilidad se llevó con ella, además de buena parte de la confianza de los ahorristas, cualquier indicador positivo de la economía local. A picos altísimos de Riesgo País se le sumaron otros, internos, que sirvieron para dimensionar el tamaño de nuestro mercado: pequeño y conservador.

La relación de préstamos sobre PBI, que mide la fortaleza del sistema financiero para otorgar créditos al sector privado, llegó a su piso histórico en 2004: de 39,7 por ciento del PBI en 1989 a 9,6 por ciento en 2004. Mientras tanto, nuestro vecino, Chile, ostentaba un número más promisorio: 77,6 por ciento sobre el PBI. Si la comparativa regional no favorece, peor son los números globales: la nación africana de Burundi, en 2004, ya tenía 14,5 por ciento de su PBI comprometido a la entrega de préstamos, según datos —todos— del Banco Mundial. Hoy, 50 por ciento de los argentinos todavía no tienen una cuenta bancaria y el nivel de informalidad de la actividad económica en el país es alto: según el Indec, en 2016, 33,8 por ciento de los trabajadores no estaban registrados formalmente en el sistema previsional.

Una década después del estallido, el negocio de los bancos en la Argentina no ha crecido demasiado. Hoy, la relación préstamos-PBI es de 14 por ciento, igual que en 1960. Cierto síndrome postraumático sirve para explicar la tendencia: durante los años kirchneristas, los bancos apostaron al negocio transaccional mientras se reducían a su mínima expresión otras unidades de negocios tradicionales. En otras palabras: los créditos, cuando existían, iban al consumo, no a la compra de una casa.

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) es consciente del tamaño del mercado en el que operan, hoy, 79 entidades. La vieja máxima del liberalismo —aquella que los primeros pensadores repetían hasta el hartazgo, “Laissez faire, laissez passer”, dejar hacer, dejar pasar—encuentra en esta nueva administración del Central un nuevo sentido: ven en las fintech una herramienta para dinamizar el mercado y mejorar los indicadores. “Hay que ayudar a que se amplíe la torta,” como confío a Infotechnology, sotto voce, una fuente de la entidad que preside Federico Sturzenegger y que creó, bajo su administración, un área de innovación financiera para estimular la discusión entre los distintos jugadores del sector.

De ahí la decisión de no regular ese mercado. A contramano de lo que pedían los bancos —que pretendían un marco regulatorio a la medida de las fintech, que no captan depósitos— el Central decidió “dejar hacer”. Hubo, en esa decisión, también un guiño a las grandes entidades: los bancos, que tenían limitada su participación en empresas del tipo fintech, ahora pueden comprar o crear una desde cero, siempre y cuando lo hagan con fondos propios, sin comprometer los depósitos de los ahorristas. “En aras de mayor competencia y de mayores posibilidades de expansión del financiamiento es que hay que dejarlos competir”, refuerzan desde el Central.

Con este empujón fue que las empresas fintech ganaron terreno en el último año. La Cámara Argentina de Fintech, que preside Alejandro Estrada —un viejo lobo del segmento fintech, fundador de Moni e inversor inicial de iBillionaire— nació en octubre de este año para dar la pelea y convertir a la Argentina, dicen, en “un hub de innovación e inclusión financiera”.  

Por ahora, las cifras le dan la razón: el sector, pujante, ostenta cifras de crecimiento de 110 por ciento anual y, en los últimos 12 meses, acumuló inversiones por más de $225 millones, siempre según datos de la cámara. “¿Regular qué cosa?”, se pregunta Estrada, sobre la vieja pelea bancos versus fintech. “Las empresas fintech, dependiendo del sector en el que estén, tienen regulaciones más o menos estrictas. Algunos son, por ejemplo, proveedores no financieros de crédito y por eso están bajo la órbita del BCRA. Si son fideicomisos tendrán que vérselas con la Comisión Nacional de Valores (CNV) o si participan del negocio del seguro, con la Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN). La lectura rápida es que algunos tienden a comparar la regulación de un banco, que capta depósitos y tiene ciertas responsabilidades, con la de una fintech”.

Al final de cuentas, la entidad regulatoria igualó la cancha. A competir se ha dicho.

 

El tamaño del mercado

Aunque se habla mucho de las fintech, las empresas que componen el ecosistema local —hoy, englobadas en la cámara hay, oficialmente, unas 50 compañías aunque un relevamiento hecho por Infotechnology cuenta entre los players más relevantes unos 66 y el número se ensancha mes a mes— no nacieron de un día para el otro. Muchas son herederas de modelos de negocios que ya existían en la Argentina o que bien se desarrollaron con la explosión de las puntocom. De hecho, el crecimiento de dos de los segmentos más robustos —Lending, que se lleva 26 por ciento del mercado, y Pagos, que hoy representa 23 por ciento— pueden  explicarse así. “Las empresas tradicionales vieron, con el advenimiento de nuevas tecnologías, la posibilidad de readaptarse y ganar. Así nacen las fintech y después las empresas tradicionales se volcaron a la web también. Pero, en principio, se trató de empresas comunes que se rearmaron porque vieron las potencialidades”, cuenta Estrada.

“De toda la vida existen las financieras. Eran personas que ponían un local en la esquina y que, con su propio dinero, prestaban y cobraban intereses”, explican desde el Central. “A esas empresas nunca se las reguló y, llevado al mundo de la web, es también lo que hacen empresas como Afluenta o Moni.” La intermediación tecnológica presenta facilidades: mientras que el capital prestado por los financistas tradicionales era casi siempre propio, las plataformas permiten que modelos como el crowdsourcing también imperen. Así, el modelo de negocios de buena parte de las empresas del segmento de Lending se basa en conectar a quienes quieren prestar con quienes necesitan el dinero y están dispuestos a pagar intereses por él. Peer-to-peer puesto al servicio del microcrédito.

Los pagos móviles le deben al e-Commerce, por su parte, mucho de su desarrollo. La aparición de MercadoLibre a fines de los 90 significó, unos años después, el nacimiento de MercadoPago que hoy concentra buena parte de los pagos móviles del país —consultados, no dan públicamente su marketshare local— y que Marcos Galperín, su CEO, dice “no compite con los bancos” sino que se apresta a bancarizar al 50 por ciento de los argentinos todavía fuera del mercado. A la sombra de las compras online se desarrolló un sistema que hoy tiene entre sus players, además, a bancos tradicionales —Nación Servicios tiene PIM, por ejemplo— y a empresas como Prisma —con Todo Pago—o Red Link —con Vale Pei—. “Por volumen, Pagos es de las categorías más importantes porque facilitan transacciones; otras muy robustas son Lending y Cripto”, confirman desde la Cámara.

 

Bank + Fintech = Bantech

Esta oleada de innovación ha puesto nerviosos a los bancos. Un informe reciente de PwC lo confirma. 88 por ciento de las empresas financieras tradicionales piensan que van a perder parte de sus ganancias a las fintech, confirma su reporte anual sobre las empresas del sector. La preocupación crece año a año: en 2016, el número era menor, 69 por ciento. Hoy, 30 por ciento de sus clientes ya está pensando en migrar a servicios digitales.

“Los bancos ganaron mucho dinero con el negocio transaccional que es un modelo rentable pero malo para la salud del sistema financiero”, explica a Infotechnology Juan Bruchou, el histórico CEO del Citi en la Argentina, que en 2015 dejó el timón del banco para adentrarse en la aventura de abrir, con la venia del BCRA,  Brubank, un banco 100 por ciento digital. “Los bancos tradicionales no están dando hoy en día el servicio que el retail está necesitando pero ganan plata, entonces es difícil que cambien. La realidad es que la gente demanda una experiencia diferente y los bancos tradicionales, con todo su legacy a cuestas, lo tienen más complicado. Si el mundo cambió, hay que adaptarse. Me pareció mejor empezar de cero.”

Para poner a punto Brubank invirtió, junto con Diego Pando —fundador de Bumeran y Digital House —unos US$ 10 millones y esperan, cuando el BCRA les dé su licencia bancaria, poder captar depósitos de los usuarios para solventar el negocio. Por lo pronto, enlistó a dos pesos pesados de la industria tech: Pablo Sánchez, gerente de Producto de MercadoLibre y ex Mango —la startup fintech para pagos que Galperín compró en 2016—  y Federico Abad, la cabeza detrás del popular servicio de streaming Popcorn Time y de otras innovaciones de User Experience (UX) como las del Mapa Interactivo de la Ciudad y de la bitcoinera Xapo. Un dream team tech para un banco que Bruchou define como un híbrido, a mitad de camino entre una fintech —porque no lo es pero sus metodologías ágiles la hacen funcionar como una—y la legitimidad de un banco tradicional. “Somos una bantech”, define, entre risas. “El mundo cambió y a algunos no les gusta la competencia. Los Home Banking, hoy, parecen hechos con Paint”, sentencia. Sánchez coincide. “En el negocio bancario, las interfaces siempre son un extra; en nuestro caso, tratamos de que sean simples, que tengan sentido para una persona que está todo el día con el celular en la mano.”

Esperan que, al no tener la carga de las sucursales y de los empleados de ventanilla, poder convertirse en un banco “low cost” con tasas más competitivas, que los hagan más atractivos para el consumidor que hoy no tiene una cuenta bancaria y que, quizás, quisiera abrirla online. “A la gente no le gusta ir al banco. Rediseñamos la experiencia de cero para que operar se parezca más a tomarse un Uber o abrir una cuenta de Facebook que a hacer fila para pedir un préstamo.”

Bruchou no es el único lobo de las finanzas tradicionales que ve el negocio en la banca digital. Eduardo Eurnekian, presidente de Corporación América —el grupo detrás de AA2000, Unitec y un puñado de compañías que extienden sus tentáculos en el agro, la energía y la tecnología—, logró la licencia para que a partir de 2018 empiece a funcionar Wanap. Detrás están Guillermo Francos, su presidente —a cargo, durante la gestión sciolista, del Banco Provincia de Buenos Aires— y Juan Carlos Ozcoidi. “Venimos de una experiencia de banca tradicional —confiesa Francos a Infotechnology— y quizás por eso optamos por ser un banco y no una fintech hecha y derecha; para darle formalidad al negocio y poder tomar depósitos. La verdad es que la banca tradicional tiene muchas complejidades, que vienen de su estructura, y una opción digital permite achicar costos y dar créditos más baratos, mejorar las tasas. La Argentina tiene una gran posibilidad para desarrollar su mercado financiero, hoy el negocio es mínimo, y de hacerlo más barato, para mejorar la inclusión. Wanap va a ser un banco low cost.”

Francos calcula que para ponerlo en pie se necesitaron US$ 16 millones, que incluyen el capital del banco que exige el BCRA para garantizar la liquidez. Con la autorización en la cartera —que obtuvieron a mediados de 2017— están ultimando los detalles —que incluyen argentinizar la plataforma Vision Plus—  para salir al mercado en marzo de 2018. Enfocados a la banca retail, van a ofrecer una caja de ahorro, una tarjeta MasterCard y harán la calificación online para otorgar préstamos en el acto. “Al principio puede existir cierto temor de la gente respecto de los depósitos, porque existe cierto desconocimiento de que el BCRA tiene la misma regulación para los bancos digitales que para los que tienen 1.000 sucursales. Cuando tengamos volumen y empecemos a ofrecer créditos más bajos, los clientes van a migrar en masa. Los bancos tradicionales son muy conservadores y le tienen miedo al cambio.”

 

Rendirse, jamás

Los recién llegados gustan de pegarle a la banca tradicional. Es fácil. Los bancos lideran los rankings de quejas de los usuarios. Este año, de hecho, acumularon más reclamos —por primera vez en 10 años— que quienes están, desde hace tiempo, en el histórico primer puesto: las telcos. Según informó Defensa del Consumidor se recibieron 3.591 denuncias en el primer trimestre de 2017. Los bancos son percibidos como instituciones pesadas, con un core bancario difícil de cambiar y un legacy que determina muchos de los cambios que se pueden —o no— implementar.

Pero sus reflejos son rápidos. Si a Blockbuster le llegó, un día, un Netflix para dar por muerto su negocio, los bancos parecen haber aprendido una lección o dos de ese “cementerio de elefantes” lleno de empresas que no vieron a tiempo, o no tuvieron la cintura, para cambiar su destino. “Los bancos fueron pensados hace 100 años, con determinados procesos de atención al cliente y con un modelo de atención física enfocada en las sucursales. Pero la gente va cambiando”, reconoce Vanda Humar, jefe de Canales Digitales e Innovación del HSBC y la persona a cargo de diseñar Smart Time, un concepto de banca digital por el que el banco desembolsó US$ 88 millones y que se desarrolló enteramente en la Argentina.

Tiene sentido: el HSBC, que enfoca muchos de sus esfuerzos en atraer a la banca VIP, vio que 98 por ciento de sus operaciones se hacían en canales digitales y repensaron su estrategia. “Nadie tiene tiempo de ir hasta la sucursal para sacar un préstamo y pensamos que había que premiar a los usuarios que hagan sus operaciones digitalmente”, recalca Humar. El paquete especial incluye una tarjeta de crédito Visa, una caja de ahorro y una de débito. La gracia es que los consumos se pueden acumular por descuentos o promociones: bonificación de seis meses en Spotify o descuentos en MercadoLibre y PedidosYa.

En Banco Galicia también hicieron la tarea. Hace unos años diseñaron un producto enfocado a clientes universitarios que a fines de este año reconvirtieron para ser el brazo digital de la entidad. “Hubo un trabajo de rebranding muy fuerte. Galicia Move va a ser punta de lanza de los próximos lanzamientos del banco; está pensado para que los clientes de esa unidad sean early adopters. A ellos, hoy, se les permite abrir una cuenta sacándose una selfie, por ejemplo”, cuenta Emiliano Porciani, gerente digital del banco, primero en cantidad de depósitos, que está atravesando una transformación digital para la que, en tres años, planean desembolsar $ 800 millones. “Ya hay 100.000 personas que lo usan y esperamos tener 25.000 nuevos clientes Move a fines de año.”

Son conscientes de la competencia. “Las fintech no son bancos. Eso no implica que no puedan competir pero el mercado es muy grande y hay espacio para todos. Los bancos digitales todavía tienen que probarse: pueden operar online, seguro, pero ¿van a traer depósitos? Están tan enfocados en lo transaccional que juntar depósitos va a ser su verdadero desafío. A la hora de dejar su dinero, mucha gente no confía en una página de internet”, reconoce Humar, de HSBC.

“Contextualicemos: los bancos digitales no tienen legacy entonces pueden darse el lujo de ser innovadores desde cero porque no tienen base de clientes. Hoy, la oferta de fintech y bancos digitales tiene que ver con el precio pero eso no es lo único que garantiza lealtad o nuevos clientes. Move es un banco 100 por ciento digital pero cuando consumís tenés los beneficios del Galicia; esa confianza solo la da una marca tradicional. Los bancos digitales van a tener que empezar a demostrar que pueden ser rentables”, sentencia Porciani.

Así las cosas, el panorama es promisorio para los actores involucrados. Una especie de win-win-win. Mientras que las fintech lograron juntar adhesiones para desarrollar su actividad sin regulaciones extra, con la promesa de ampliar la bancarización y el acceso al crédito, los nuevos bancos digitales lograron sacarles nuevas licencias al BCRA. Mientras se enlistan, los bancos tradicionales están usando sus amplias espaldas financieras para aggiornarse. 2018 se presenta, entonces, como el año en el que las fintech van a transformar, finalmente, el negocio bancario de transaccional a otro low cost.  

La nota completa fue publicada en la edición nº 243 (diciembre/2017) de INFOTECHNOLOGY.



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