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Negocios

Qué hay que estudiar hoy para armar la startup propia y "ganar millones"

A través de materias optativas o talleres, temáticas como modelos de negocios o el desarrollo de las llamadas “habilidades blandas” se cuelan en los planes de estudios de las carreras tecnológicas.

Por ALDANA VALES - 13 de Noviembre 2018
Qué hay que estudiar hoy para armar la startup propia y "ganar millones"

En 2009, Raymond Kurzweil dio una de sus charlas TED. Inventor reconocido en los Estados Unidos y calificado como “genio inquieto” por The Wall Street Journal, explicó su idea para el futuro de la educación vinculada a los emprendimientos tecnológicos: la bautizó Singularity University, una institución que finalmente vio la luz de la mano del financiamiento aportado por Google. El espacio, que funciona en uno de los centros de investigación de la NASA en California, no es una universidad propiamente dicha sino un establecimiento que ofrece programas ejecutivos ligados al mundo de Silicon Valley.

Quizás en el momento en que fue inaugurada no había tantas opciones para desarrollar un producto tecnológico por cuenta propia. Pero hoy no hace falta viajar y pagar miles de dólares para saber cómo hacerlo. En la Argentina, muchas carreras tradicionales ya tienen sus propias iniciativas para brindar a sus egresados las herramientas necesarias para vivir en un mundo emprendedor. El panorama todavía es dispar: hay instituciones que ya tienen sus espacios de emprendedores consolidados, mientras otras buscan cómo incluir estas temáticas en las currículas. Con matices, todas reconocen la necesidad de prestar atención a este tema y formar a sus estudiantes en consecuencia.

Si alguien sabe de estos cambios que aparecieron en los planes de estudios de la Argentina, es Liliana Haim, fundadora de la oficina de Transferencia Tecnológica y Bioemprendedores del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). Cuando ella terminó su doctorado en Bioquímica en la Universidad de Buenos Aires (UBA), notó que nadie le había enseñado cómo vincularse con el mundo de los negocios. Era algo normal: en ese mundo, el de la ciencia, la principal salida laboral era la de la investigación. Esa falta en su formación la llevó luego a hacer un posgrado en administración en la Universidad Torcuato Di Tella. Ahí se encontró con materias que nunca había escuchado, especialmente aquellas vinculadas con economía.

Fue a partir de esa experiencia que decidió hacer algunos cambios en Biotecnología, la materia optativa que dio, hasta 2006, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Comenzó a enseñar a sus alumnos algunas cuestiones vinculadas a la administración y puso como trabajo práctico final el requisito de hacer un plan de negocios para una empresa biotecnológica. Ese fue el primer antecedente para lo que luego inició en 2011 como una materia del último año en la Unsam. Así empezó Haim a incluir en la formación de los estudiantes de biotecnología la noción de que había otra opción más allá de la investigación, que los egresados podían desarrollar sus propios emprendimientos.

“Uno de los grupos se acercó y dijo que quería hacer el proyecto, no solo para la materia”, relata Haim, quien en ese momento se dio cuenta de que no había en la Unsam ninguna estructura que apoyara esa decisión. Con el equipo de la cátedra crearon entonces la incubadora Bioloop. “Nos dimos cuenta de que lo que había que trabajar, además del plan de negocios o las materias típicas, era también el tema de las habilidades blandas. Entonces hicimos mucho trabajo en comunicación y liderazgo”, agrega.

Liliana Haim, directora de  oficina de Bioemprendedores, transferencia y vinculación  del IIB-Unsam.

Hoy, Bioloop funciona como una oficina que, además de brindar servicios de biotecnología, busca desarrollar una plataforma para formar bioemprendedores e incubar startups biotecnológicas, de manera tal que los hallazgos científicos puedan ser transferidos al sector productivo. En ese contexto brindan distintas capacitaciones y llevan adelante iniciativas como la competencia AllTech.

Para Haim, hay dos razones que particularmente en el sector de biotecnología se juntaron para que haya un mayor interés de parte de los estudiantes por el mundo de los emprendimientos. Por un lado, la baja remuneración para los becarios, que empiezan a encontrar en la industria mejores ofertas que en el sistema de investigación. Pero, además, para ella hay un componente generacional: “Sienten que están investigando algo que no ven adónde va. Están más interesados en tratar de hacer algo”.

“Necesitan entender el mundo de afuera. Nuestra filosofía es que un proyecto surge a partir de un problema para tratar de encontrar una solución tecnológica e innovadora”, explica Haim. Por eso, buscó cambiar algunas características del plan de estudios para esta carrera en particular. Por ejemplo, la materia de Proyectos biotecnológicos era optativa y con el nuevo plan pasaría a ser obligatoria. “Es importante que conozcan que hay otra posibilidad”, añade.

Según la nueva propuesta, también existirá un cambio en el trabajo final para graduarse, que dejará de ser solo la redacción de una tesina. Los estudiantes podrán hacer también prácticas profesionales y llevar adelante propuestas de desarrollos para una empresa. “Creo que tiene que haber ciencia. Un país sin ciencia pierde oportunidades. Tiene que generar conocimiento y la Argentina es buena en eso. Pero fundamentalmente tiene que haber alguien que logre que esta ciencia llegue como producto a la sociedad”, dice Haim. Esa brecha, considera ella, puede finalmente cerrarse con emprendedores que encuentren las necesidades y entiendan qué se puede hacer con la tecnología.

Emprendimientos adaptados a cada región

En la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), esta temática no está en las currículas, porque cuando estas fueron diseñadas, no era una cuestión a tener en cuenta. Sin embargo, con el paso de los años, cada Facultad Regional comenzó a tomar distintas iniciativas según el ecosistema productivo en el que cada una está inmersa. Así empezaron a aparecer cátedras para materias electivas, talleres y ferias, por ejemplo.

Dentro de las iniciativas más consolidadas se encuentra una que implementó la Facultad Regional Resistencia, en la provincia de Chaco. Allí, no solo hay una cátedra de Emprendedorismo en todas las carreras, sino que también se enseñan las habilidades de esta temática en las materias integradoras. Además. conectan a estudiantes con grupos de investigación, hay formación profesional, capacitación y asesoramiento sobre líneas de crédito a través de la incubadora Fundación Intecnor.

Este trabajo sigue una línea establecida a principios de esta década con la creación del Programa Regional de Emprendedorismo e Innovación en Ingeniería que se propuso promover la cultura emprendedora y de innovación dentro de estas carreras. A su vez, asegura María Daniela Tenev, docente investigadora de la UTN en Resistencia, esto sigue el camino marcado por el Consejo Federal de Decanos de Facultades de Ingeniería: que los docentes dieran casos reales y se los bajaran a tierra a los estudiantes para que puedan intercambiar sus vivencias.

La Facultad Regional Resistencia brinda un panorama general: forma docentes, difunde las guías de trabajo del PRECITyE y tiene una cátedra de emprendedores en la que se desarrollan habilidades blandas y los alumnos pueden preparar un canvas. “Hoy hacen intervenciones de emprendedorismo en todas las materias de integración de la carrera para difundir lo que es el emprendedorismo y tratar distintas actividades. Son intervenciones cortas, de media hora, pero tienen la finalidad de inspirar a los estudiantes”, explica Tenev. Según ella, tras 10 años de fomentar el emprendedorismo en la universidad, están apareciendo los primeros alumnos emprendedores. “La respuesta de los alumnos es muy buena, se involucran con todo lo que sean actividades lúdicas, se entusiasman y les gustan mucho”, relata.

Actualmente, hay cátedras de Emprendedorismo en 19 de las 30 facultades regionales de la UTN. Muchas de ellas, como la de Chubut o la de Bahía Blanca también tienen programas de aceleración o incubadoras. En total, se están incubando más de 60 proyectos en estos establecimientos, iniciativas relacionadas con temáticas como las tecnologías de la información y la comunicación, impresión 3D y turismo educativo, entre otras.

Ante tanta variedad y con la idea de que es una temática importante para la institución, uno de los objetivos de la Secretaría de Extensión y Cultura Universitaria del Rectorado de la UTN es articular acciones “cuyos objetivos son la implementación y nivelación” de todas estas actividades entre las que tienen un nivel importante de desarrollo y las que no, para que todos los estudiantes puedan tener apoyo a la hora de poner en marcha una idea.

Una tradición emprendedora

En cambio, el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) lleva adelante desde hace años una oferta formativa que arranca, principalmente, por un curso llamado Formación para emprendedores, que dependiendo de la carrera puede ser o no obligatoria. Es un curso de un cuatrimestre que consiste en elaborar un plan de negocios a partir de una idea y presentar un prototipo. “Con eso ya nos aseguramos de que quien tenga la vocación por emprender, tenga las herramientas para hacerlo”, asegura Juan Vidaguren, decano de la Escuela de Ingeniería y Gestión de esta institución.

Según él, “muchas veces el emprendimiento es puro entusiasmo, pero se terminan dando contra la pared de una manera bastante dolorosa porque no tienen las herramientas para llevar adelante el desarrollo, que como todo tiene un montón de método asociado”. Para remediar eso, el ITBA creó este curso que se da entre el tercero y el quinto año de los programas, para que los estudiantes “estén suficientemente maduros para prepararlo”. Es un taller intensivo que los lleva a trabajar como si tuvieran un emprendimiento real y va desde cómo armar el plan de negocios hasta cómo conseguir los fondos para llevar a cabo el proyecto y validar su idea.

Juan Vidaguren, decano de la Escuela de Ingenierí a y Gestión del ITBA.

De esa cátedra, incluso los que tienen una idea más sólida son conectados con el ecosistema de incubación y aceleración para que puedan seguir adelante con el proyecto si quieren hacerlo. “También tenemos electrones libres que lo encaran por su lado. No es algo obligatorio. Es un poco de ayuda para quien lo quiera hacer con algo de guía”, señala Vidaguren.

Este curso reúne alrededor de 120 alumnos por cuatrimestre: más de la mitad vienen de carreras que no lo tienen como materia obligatoria. Para el decano de la Escuela de Ingeniería y Gestión, esto demuestra el alto interés que tienen los estudiantes por las herramientas para desarrollar sus emprendimientos.

Otra de las iniciativas del ITBA es la inclusión del emprendedorismo como una posible salida laboral, algo que según Vidaguren, permite “luchar contra la visión de que los egresados trabajan en multinacionales y nada más”. Desde hace unos años hace una mención activa de que el emprendimiento es una posibilidad real de salida laboral.

El resultado, para él, se ve en la cantidad de emprendimientos que generan los estudiantes. Hay algunos bastante visibles: dos alumnas de Bioingeniería hicieron algo para detectar autismo, otros están tratando de detectar tendencias a tener la enfermedad de Alzheimer y hay quienes trabajan en realidad virtual. Para Vidaguren, lo más importante es la capacidad de impacto y la sostenibilidad que todos estos proyectos tienen. “El componente más importante del emprendimiento es que estos chicos están creando el futuro. No están esperando que alguien les diga lo que tienen que hacer. Ese es el impacto más enorme que puede tener esto para un país como la Argentina, que necesita que hagamos cosas nuevas y que podamos crecer a partir de algo que no se le ocurrió a nadie”, concluye.  

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Nota publicada en la edición 253 (octubre/2018) de INFOTECHNOLOGY.



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laurbello B Reportar Responder

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