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Negocios

12 sindicatos pelean por quedarse con 240.000 nuevos trabajadores: hay $7.500 M en juego

El crecimiento de la industria informática desató una fuerte disputa por la representación gremial de sus 240.000  trabajadores. Gremios pequeños se enfrentan con históricos pesos pesados por $ 7.500 M, en una pelea que reproduce las grandes divisiones del sindicalismo argentino. Condiciones laborales y disparidad salarial en el limitado paraíso del pleno empleo.

Por ELIZABETH PEGER - 29 de Marzo 2019
12 sindicatos pelean por quedarse con 240.000 nuevos trabajadores: hay $7.500 M en juego

El mercado de trabajo en la Argentina está en la lona. Profundamente golpeado por los efectos de la recesión económica que se hace carne especialmente sobre las actividades productivas y sacudido también por el impacto del avasallante desarrollo tecnológico que impone sus condiciones y urgencias a un mercado poco permeable al cambio. Para poner esa realidad en números alcanza con observar los propios datos oficiales que reconocen la pérdida de casi 200.000 puestos de trabajo solo en 2018, según el Indec. Un fenómeno que castiga a la industria productora de bienes y a diversas actividades de servicios, y que deja a salvo a apenas un puñado de sectores.

La industria informática es uno de ellos: con un crecimiento promedio del empleo del 4 por ciento anual en la última década, una sangría de talentos que se resume en alrededor de 10.000 puestos sin cubrir y una dura competencia entre las empresas por retener al personal mejor calificado, convierten al sector en uno de los de mayor auge y desarrollo en la escena laboral local.

Y ese atractivo no resulta solo para quienes pugnan por hacerse de un empleo en la actividad, sino también para aquellas organizaciones sindicales prestas a disputarse la representación de un universo cada vez más numeroso de trabajadores. Una encarnizada pelea que involucra desde un grupo de pequeños gremios constituidos puertas adentro de las empresas informáticas hasta la participación de los grandes jugadores del sindicalismo más tradicional de la Argentina.

El poderoso sindicato de Comercio, la Asociación Bancaria, los estatales ATE y UPCN y hasta la histórica UOM, entre otros, se han embarcado en una pulseada a fondo por el encuadramiento del personal informático y no parecen muy dispuestos a dar un paso al costado. Es que, a todas luces, el incentivo es contundente: una actividad que emplea, según las estimaciones de las autoridades laborales, entre 130.000 y 140.000 trabajadores aunque en algunos sindicatos proyectan casi el doble de ese personal, y en la que apenas un 25 por ciento ostenta algún tipo de afiliación gremial. La torta: unos $ 7.500 millones anuales entre cuota sindical, obras sociales y aportes de las empresas. 

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Pero, a pesar de su dimensión y profundidad, la disputa no ha logrado traducirse aún en una mejora sustancial en las condiciones laborales y salariales del sector. La fragmentación de la representación sindical dificulta las negociaciones y la posibilidad de alcanzar acuerdos con la contraparte empresaria a la vez recrea entre los trabajadores de la actividad una mayor desconfianza hacia la actividad gremial y la extensión de una postura individualista y poco propensa a la acción colectiva. 

En el medio, destaca la actitud de un Estado que se muestra como un actor más y alimenta la confusión en lugar de fijar reglas de juego claras para regular la pulseada intersindical en un sector en pleno desarrollo. Lejos de asumir una posición equilibrada y favorable a la resolución del conflicto, las decisiones del Ministerio de Trabajo en los últimos años han beneficiado a los sindicatos tradicionales, avalando sus acuerdos con empresas y demorando el reconocimiento legal de nuevas organizaciones, potenciando con ello el cuadro de fragmentación y ubicando la disputa por encuadramiento en un punto muerto en el que los principales perjudicados resultan ser los propios trabajadores informáticos que ven menguar su poder adquisitivo.

El botín de la disputa

La pelea por la representación gremial de los trabajadores informáticos no constituye un fenómeno surgido de la nada. Por una parte, se inscribe sobre el profundo desafío que imponen al mercado laboral las nuevas formas de trabajo. La consideración es que “el trabajo del futuro” ya está entre nosotros y llegó para quedarse. El reto para las organizaciones sindicales en esa coyuntura no es menor y supone un esfuerzo de adaptación mayúsculo para evitar perder el tren de la historia.

“Una palabra clave en las estrategias de sindicalización debe ser la ‘diversidad’. Los sindicatos nunca serán representativos si no velan por cubrir una variedad de trabajadores pertenecientes a todas las capas de la sociedad, incluidas las personas que trabajan a tiempo parcial, no permanente y en modelos de trabajo diferentes, como el teletrabajo”, alerta un informe del Primer Congreso de la Union Network International (2001). La búsqueda de convertirse en la mejor expresión de esa estrategia de diversidad guía los pasos tanto de gremios tradicionales como de nuevas entidades sindicales que pugnan por el encuadramiento del personal informático.

Pero, además, la extensión de la disputa intersindical se produce en el contexto de un crecimiento exponencial de la industria informática. Solo en el sector del Software y Servicios Informáticos, el número de empresas creció más de un 50 por ciento en la última década, según los datos relevados por el Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial del Ministerio de Trabajo. En paralelo, el empleo sectorial se incrementó casi un 45 por ciento entre 2008 y 2018, a una tasa anual acumulativa del 4 por ciento, mientras que el nivel de registración en la actividad aumentó en el mismo período a razón del 1,1 por ciento por año. De acuerdo a las estimaciones realizadas por el Ministerio de Producción y Trabajo, que conduce Dante Sica, el universo de trabajadores registrados en la industria informática se ubica entre las 130.000 y 140.000 personas. Aunque entre los gremios vinculados a la actividad advierten que si también se considera el empleo en pequeñas empresas radicadas el interior del país, el personal informal y aquellos que se desempeñan como monotributistas, el número de trabajadores informáticos supera la cifra de 240.000.

Es significativo el paralelismo entre el exponencial crecimiento de la industria y la emergencia de nuevos actores dispuestos a hacerse de la representación gremial de los trabajadores. Hasta 2011, la Asociación Gremial de Computación (AGC) era el único sindicato con personería dentro de la actividad, aunque con mínima inserción entre los trabajadores y profundos cuestionamientos sobre su capacidad para negociar condiciones laborales y mejoras salariales. “Era un sello de goma”, coinciden hoy en la misma acusación desde el resto de los sindicatos con presencia en la actividad. 

“En muchas empresas no entienden cómo funciona el sindicalismo.”
- Ignacio Lonzieme, secretario gremial de la UI.

Fotografía: Gustavo Fernández.  

Frente a ese panorama, un grupo de trabajadores de la multinacional IBM reclamaron a la cartera laboral, entonces en manos de Carlos Tomada, la inscripción de una nueva asociación gremial bajo el nombre de Unión Informática (UI). Con el respaldo del moyanismo, por entonces en la conducción de la CGT, la agrupación concretó la primera huelga informática de la historia argentina que, con la adhesión de alrededor de 2.000 trabajadores, afectó las actividades de las oficinas de IBM de Olivos, Martínez y Catalinas, y logró extender su influencia a otras importantes firmas del sector, como el caso de Hewlett-Packard. Así la UI logró hacerse de la inscripción gremial y con ello consiguió avanzar en acuerdos para mejorar condiciones de trabajo en diferentes compañías, aunque todavía aguarda por la definición del trámite de su personería gremial. La inserción del gremio que en la actualidad lidera Ignacio Lonzieme fue posible por el deterioro de los salarios dentro de la actividad, un fenómeno que no se correspondía con el crecimiento que registraba la industria.  

Pese al impacto que generó su aparición en escena, a casi ocho años de su creación, la capacidad de representación de la UI es limitada. Cuenta con algo más de 1.500 afiliados y la expectativa de alcanzar 5.000 adhesiones en el mediano plazo, según el propio Lonzieme confirmó a Infotechnology. En buena medida, esa situación fue producto de la aparición de varios pesos pesados del mundo sindical u otras organizaciones nuevas dispuestas a disputarle el monopolio de la representación del personal del sector.

La principal novedad, aunque no la única, aconteció en 2017 con el desembarco en el sector del sindicato de Empleados de Comercio (SEC), nada menos que el gremio más numeroso de la actividad privada con algo más de 1,2 millón de afiliados en todo el país. La organización, encabezada desde hace más de 30 años por Armando Cavalieri, selló un entendimiento con IBM, que luego se replicó en HP y Accenture, para encuadrar a los trabajadores de esas compañías en el convenio colectivo mercantil.

“La empresa adecuó sus procesos de recursos humanos para los empleados que resultan incluidos en el acuerdo”, dijeron desde IBM y negaron que el entendimiento forme parte de una posición antisindical. “Respetamos en todo el mundo el derecho de los empleados a desarrollar la actividad gremial según cada legislación local”, remarcaron en la multinacional. 

El acuerdo, pese al rechazo que generó en la UI y otros gremios informáticos, fue homologado por el Ministerio de Trabajo y permitió al sindicato mercantil sentar las bases para consolidar su representación en el sector informático. Desde el entorno de Cavalieri afirmaron a Infotechnology que en la actualidad alrededor de 30.000 informáticos están afiliados a Comercio y señalaron que el gremio ya trabaja para crear dentro del convenio mercantil una rama particular que atienda la especificidad de las condiciones de trabajo en el sector.

“La idea es abarcar la mayor cantidad de trabajadores, teniendo en cuenta la multiplicidad de categorías y tareas diferentes dentro de la actividad que hoy no están contempladas en un único convenio, lo que incentiva los problemas de encuadramiento”, indicaron.

El Sindicato de Tecnologías de la Información de Buenos Aires (Sitiba) es la última organización gremial que hizo pie en el sector y aguarda desde mayo del año pasado el pronunciamiento de la cartera laboral sobre su pedido de inscripción. La entidad, creada como un desprendimiento de UI y encabezada por el dirigente Darío Cohen Salama, advierte sobre los efectos de la enorme dispersión sindical en la actividad y sostiene que falta definir un encuadramiento general que ponga algún orden frente al escenario actual. No obstante, desde el gremio subrayan que las condiciones laborales y salariales de los trabajadores son aún peores en las empresas donde no se cumple con ningún convenio colectivo. “En la mayoría de esos casos los salarios son más bajos que el promedio y se desarrolla una cultura del trabajo que incentiva el individualismo, la competencia e impide consolidar una construcción colectiva”, señala Cohen Salama a Infotechnology.

Armando Cavalieri. Es la cabeza del sindicato de Empleados de Comercio desde hace 30 años. Fue el primero en firmar un acuerdo con grandes empresas para encuadrar trabajadores a su convenio. Foto: Archivo.

Pero la disputa va más allá de la representación del personal que se desempeña exclusivamente en empresas del rubro informático. Se extiende también a la afiliación de los trabajadores que desarrollan tareas informáticas pero dentro de compañías del sector financiero, la producción industrial, actividades de servicios y hasta dentro de los organismos del Estado. Un caso relevante es el que experimenta el sector bancario de la mano de la revolución que provocó la aplicación de la tecnología en los servicios tradicionales que ofrecen las entidades financieras, fenómeno que derivó en un crecimiento sostenido en los últimos años del personal destinado a cumplir funciones informáticas. Pero, más allá del interés de representación que ese universo despierta entre los gremios informáticos, en su gran mayoría se trata de empleados encuadrados bajo el convenio colectivo que regula la actividad principal y la Asociación Bancaria no está dispuesta a ceder en ese terreno.

“Todo empleado informático que cumple tareas dentro de un banco es un trabajador bancario y vamos a discutir que también lo sean aquellos que trabajan desde afuera pero proveyendo servicios para el sistema financiero”, afirmó —tajante— a Infotechnology Sergio Palazzo, el titular de la AB. Palazzo explicó que solo en el caso del convenio colectivo del Banco Nación existe una rama informática específica y no descartó la posibilidad de avanzar en la creación de una categoría puntual para regular en toda la actividad bancaria las condiciones laborales y salariales de esos trabajadores.

La multiplicidad de actores sindicales dispuestos a hacer pie en una industria en pleno auge abre el juego, además, a todo tipo de estrategias y hasta habilita la asociación de grandes y pequeños gremios en busca de potenciar su inserción entre los trabajadores del sector.

Un ejemplo llamativo lo constituye el esfuerzo de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que liderada por Antonio Caló ejerce la representación de los trabajadores de la industria del hardware, para darle forma a la denominada Confederación Argentina de Trabajadores Tecnológicos junto a un grupo de gremios del sector, como el caso de la Unión de Trabajadores de Sociedades, Autores y Afines (UTSA Software), en la apuesta de amplificar su influencia en la actividad informática.

Antonio Caló. El gremialista pretende darle cabida en su sindicato a los trabajadores de empresas dedicadas a la fabricación de hardware. Foto: Archivo. 

Como en todo, detrás de esos movimientos también se libra una batalla política: la intención de Caló de limitar los alcances del desembarco de Luis Barrionuevo en el sector bajo el padrinazgo del Sindicato Único de Trabajadores Informáticos (Sutira), un gremio creado por el dirigente Julián Rousselot (hijo del ex intendente de Morón), que cuenta con simple inscripción, pero sin lograr adhesiones significativas entre los trabajadores de la actividad.

La foto de la fragmentación de la representación sindical en la industria informática reproduce así, en menor escala, la misma divisoria de aguas consagrada en la primera línea del sindicalismo argentino: organizaciones que responden al moyanismo disputan afiliados con gremios enrolados con el sector de los llamados “gordos” (grandes sindicatos de servicios), con agrupaciones alineadas a la UOM o el barrionuevismo y hasta con entidades nucleadas por alguna de las dos vertientes de la CTA. Y, tal como ocurre en la pulseada mayor del sindicalismo, los intereses concretos de los trabajadores quedan relegados frente a los objetivos de poder de la dirigencia sindical en sus diversas vertientes. La escena realimenta así la desconfianza propia de los informáticos hacia el mundo gremial y consolida su distanciamiento de las posibilidades de encarar una acción colectiva.


Una interlocución múltiple

Ahora, ¿qué efecto tiene para las empresas y los propios trabajadores del sector la presencia de múltiples interlocutores sindicales al momento de encarar cualquier negociación? Para la mayoría es un problema. “Estamos como bola sin manija”, se sinceró Pablo Iacub, presidente del Grupo Calipso. Y amplió: “En su momento (el ex ministro de Trabajo Carlos) Tomada nos indicó que debíamos tratar con Comercio, luego con UTSA… Con UTSA llegamos incluso a tener unas paritarias que después se objetaron”.

En la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI) evitan tomar posición en medio de la pelea entre gremios, aunque sostienen que se enfrentan a “una pretensión superpuesta de varios sindicatos para representar a un mismo grupo de trabajadores”, según señaló su titular Aníbal Carmona. Para el ejecutivo “la sindicalización es un derecho que tienen todos los trabajadores y que en la industria del software está recién empezando a tomar forma”.

Por su parte, desde la agencia digital MRM McCann, la gerente de Recursos Humanos Rozana Vizari expresa una visión optimista sobre el crecimiento de la sindicalización en la actividad, pese a admitir diferencias entre lo que ocurre en las grandes compañías y la situación de las pequeñas. En su experiencia, el desembarco gremial puede colaborar para fijar pautas que colaboren con el orden y la consistencia de la organización dentro del ámbito de trabajo. “Siempre hemos tenido buen diálogo (con los sindicatos) y los planteos que han acercado fueron coherentes y en concordancia con las posibilidades de las empresas con las que se han firmado acuerdos. Se han mostrado abiertos a la negociación y no hemos tenido mayores dificultades ni exigencias inabordables”, sostiene.

Entre la propia dirigencia sindical admiten que la pulseada entre los gremios no constituye el escenario más favorable para mejorar las condiciones laborales y salariales del personal del sector. “Cualquier negociación en medio de una disputa por encuadramiento no es lo ideal”, reconoce Ignacio Lonzieme de la UI, a la vez que acusa a las empresas de utilizar ese enfrentamiento para recrear entre los trabajadores una postura antisindical. “En muchas empresas no entienden cómo funciona el sindicalismo y replican políticas corporativas que individualizan a los trabajadores. En otras ha comenzado a mejorar y mucho la relación con los gremios”, enfatizó el dirigente.

“Estamos como bola sin manija. Nos han objetado paritarias.”
Pablo Iacub, presidente del Grupo Calipso.
  Foto: Gustavo Fernández.

Un análisis similar comparten desde otras organizaciones gremiales, donde advierten que la convivencia de varios sindicatos en una misma empresa termina muchas veces imposibilitando las oportunidades de alcanzar consensos. “Lo mejor es que haya un interlocutor único y capaz de dar la pelea en la correlación de fuerzas con las empresas, que en muchos casos son multinacionales. Pero la realidad es que hoy no existe un sindicato con posibilidad de abarcar a todas las categorías del sector, en eso estamos trabajando”, remarcan desde Comercio.

Esa ambición del gremio de Cavalieri, sin embargo, es cuestionada entre los nuevos sindicatos informáticos. “Comercio no es una respuesta válida para atender la problemática que enfrenta nuestra actividad. Tiene un convenio antiguo que no se corresponde con lo que ocurre en el sector y su participación solo responde a los intereses de las empresas”, afirma Cohen Salama del Sitiba. En su opinión y ante la falta de personería gremial por parte de un sindicato propio de la actividad, la estrategia inicial debe enfocarse en fomentar la participación de los trabajadores para después sí consensuar objetivos comunes y avanzar en un eventual acuerdo entre varias organizaciones por la representación. “Hoy estamos muy lejos de ese escenario”, asegura, escéptico. 


Paritarias individuales

A pesar del perfil del trabajador informático, poco entusiasmado con la acción sindical, entre los gremios es compartida la confianza acerca de que lograrán mejorar los niveles de afiliación en el sector. Entienden que la garantía de la negociación salarial anual, más otros beneficios que ofrecen los gremios a sus afiliados, son clave para ello. De hecho, los salarios en la actividad crecieron significativamente a la par que se institucionalizó la disputa por la sindicalización. “Es cierto que en el sector suelen abonarse adicionales por desempeño, productividad o méritos, pero en los sueldos básicos se replican los incrementos que se establecen en paritarias como ocurre en el resto de las actividades”, argumentan.

Sin embargo, las diferencias convencionales son evidentes y determinan en muchos casos las decisiones de afiliación de los trabajadores. Dentro de las empresas informáticas, el piso de los salarios del personal encuadrado bajo el convenio de Comercio se ubica entre los $ 27.000 y $30.000. En el sindicato de Cavalieri admiten que ese nivel de ingresos es similar al fijado en los acuerdos salariales de la Unión Informática, pero señalan que es decisivo el diferencial que ofrece Comercio en materia de salud, acción social y turismo. “En todo eso la UI está muy limitada, no puede competir”, afirman. 

Lonzieme descree de esa visión y remarca que los trabajadores informáticos demandan otras cosas a la representación sindical, más vinculadas con el acceso a cursos de formación y capacitación, y regulaciones de condiciones laborales, como la flexibilidad horaria o el teletrabajo. El dirigente tampoco parece conforme con la realidad salarial del sector pese a los aumentos fijados en paritarias: el sueldo promedio en la actividad ronda los $ 30.000, pero la media está por debajo de esa cifra. “La industria puede pagar mucho más”, asegura y advierte que ese nivel salarial desalienta a los trabajadores del sector en la comparación con los ingresos del personal de otras actividades.

30.000  

La cifra, en pesos, que cobran como salario base   en el sector

No se necesita mirar muy lejos para comprobar esa situación. La realidad salarial de los informáticos que se desempeñan en el sector financiero es sustancialmente mejor: el piso de ingresos de quienes están encuadrados bajo el convenio de la Asociación Bancaria se ubica en los $ 50.000, aunque una buena proporción de ese personal revista en categorías con sueldos en promedio más altos.

Para Cohen Salama, la situación de pleno empleo que se registra en el sector hace que los salarios informáticos estén determinados por el mercado más que por los convenios colectivos. “La rotación es muy alta y eso lleva a que las empresas recurran a incentivos adicionales al salario habitual para poder contratar nuevos trabajadores. Esto genera a su vez rivalidad con el trabajador que ya está en la empresa y que no recibe ese beneficio extra. Acá no da esa máxima de que a igual tarea igual remuneración, es el reino de la disparidad”, explica. 

El fenómeno de la rotación es contundente. Según las estimaciones de la Cámara de la Industria Argentina del  Software (CESSI), hay un 25 por ciento de rotación en alrededor del 40 por ciento de las empresas del segmento, un número alto en el que no parecen haber lealtades. Ante ello, la multiplicidad de incentivos a los que recurren las empresas del sector para hacerse de o retener a nuevos talentos o personal especializado es muy amplia y en algunos casos excede por lejos la cuestión salarial. Desde pagos adicionales por resultados, programas de asignación de cash anual, bonos anuales por performance, diversas modalidades flexibles de trabajo, ambientes laborales descontracturados, divertidos, coloridos, jóvenes, y hasta planes de stock options. Todo vale en una carrera en la que el gremialismo tradicional corre desde muy atrás.

Una deuda histórica

Con ese telón de fondo el desafío que enfrenta el sindicalismo para poder dar respuestas a las demandas de los trabajadores informáticos es enorme. Supone como primer paso despojarse de sus formas tradicionales de representación para poder interpelar con éxito a una nueva categoría laboral que reclama esfuerzos diferentes y que se muestra poco permeable a la construcción colectiva.
La feroz disputa intersindical por el encuadramiento del personal tampoco arrojó hasta ahora resultados satisfactorios. Si bien en algunos casos logró activar una mayor participación de los trabajadores o estableció mejoras en las condiciones de trabajo dentro de ciertas compañías, en general sus efectos potenciaron el nivel de desconfianza. La presunción de que a los sindicatos solo les preocupa la “caja” (aportes de afiliados, contribuciones empresarias) está bastante extendida en el sector. Y, para muchos informáticos, la irrupción de los grandes pesos pesados del gremialismo en la actividad es una buena prueba de ello.

El poderoso Sindicato de Comercio, la Asociación Bancaria, los estatales ATE y UPCN, y hasta la histórica UOM se han embarcado en una pulseada  por encuadrar a los informáticos

Hasta qué punto la dirigencia sindical está dispuesta a dar pasos concretos para dar una vuelta de tuerca y consolidar una expresión confiable de representación  aún está por verse. Mientras su prioridad siga enfocada en las interminables batallas por el encuadramiento y permanezca distante de la problemática que conmueve el interés diario de los trabajadores , su capacidad de acción tendrá un impacto muy limitado.

No es un dato menor que el mercado laboral experimenta un profundo proceso de cambio, que pone en crisis las habituales formas de organización de las entidades sindicales. Como advierte la propia OIT, la revolución tecnológica que enfrentamos requiere de “una acción comprometida por parte de los gobiernos y de las organizaciones de empleadores y de trabajadores para revitalizar el contrato social que asegura a los trabajadores una participación justa en el progreso económico, el respeto de sus derechos y la protección de los riesgos a los que se exponen a cambio de su constante contribución a la economía”. 

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INFORME: Fedérico Poore.

Está nota fue publicada en la edición 257 (marzo/abril 2019) de INFOTECHNOLOGY.



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5 Comentarios

Adrian Americo Fazio Fazio Reportar Responder

Realmente patético, la forma que que se muestran, lo único que le interesa es tener mayor cantidad de afiliados y si es posible con buenos sueldos para que la cuota sindical sea mas elevada. CARADURAS; sindicalistas sin reelección!!!

Rodolfo Del Vito Reportar Responder

Sindicalistas del Oort.

Aldo Ramon Toledo Reportar Responder

Al final, los sindicalistas son como los políticos, se pelean por quedarse con la torta, pero nunca por defender a los trabajadores¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Juan Pablo Benitez Reportar Responder

Vayan a laburar... Los sindicatos argentinos no sirven para nada.

Leandro Cortese Reportar

Hay que trabajar en negro. Todo para uno y ahorrar en bienes.

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