El paciente 3963: el ensayo de la vacuna de Pfizer, en primera persona

Un periodista de Infotechnology decidió participar del ensayo clínico de una de las vacunas contra el Covid-19. Cómo se siente en el cuerpo la experimentación fase 3.

Adam Smith escribió que hay acciones particulares que, aunque estén motivadas por el interés personal, terminan sumando a otros fines. Es decir, que aunque se persiga el bienestar propio y de quienes uno tiene cerca, puede promoverse el bien común. En esa idea pensaba los días posteriores a anotarme como voluntario en la página web Arg Vacuna Covid, el estudio que comenzó a realizar a partir de agosto en la Argentina a cargo de las farmacéuticas Pfizer y BioNTech.

La clave, como descubrí a lo largo de todo el proceso, es no pensar demasiado. Igualmente, anotarse fue fácil: un cuestionario rápido para chequear que uno viva a menos de 60 kilómetros del Hospital Militar, donde se desarrolla el estudio y algunas otras pocas preguntas de rigor.

"La intención es que la evaluación de la fase 2/3 de efectividad de la vacuna se realice reflejando la diversidad de la población, en un rango de 18 a 80 años, en personas que no se hayan infectado y apuntamos a mirar primero a los trabajadores esenciales, sobre todo a la población de salud, pero luego se ampliará , explicó el doctor Fernando Polack, el infectologo a cargo del estudio, en declaraciones a la agencia Télam.

Después de dar el primero paso, lo saqué de la mente. "Total, como me inscribí tarde seguro que ni me llaman , recuerdo haber pensado en aquel momento. Y cuando me contactaron el 6 de agosto para decirme que quedaba en lista de espera porque ya tenían todos los 4.500 voluntarios que necesitaban, un poco que me olvidé del asunto.

Pero claro, no terminó ahí. El 20 de agosto, 10 días después de que comenzara oficialmente la prueba, se contactaron de nuevo. Julian, uno de los referentes de los voluntarios del estudio que lidera Polack, me comentó que se había abierto una posibilidad de ingresar al estudio. Otra vez sin pensarlo mucho dije que sí a todas las veces que me preguntó si estaba seguro de que quería participar.

Esto me llevó a que, pocos días después, en la mañana del 25 de agosto, cargara un pequeño bolso con demasiadas cosas: batería externa para el celular, el Kindle, la tableta y su teclado, una libreta... Julián me dijo que me llevara algo para leer o escuchar música porque el estudio duraría entre tres y cuatro horas y me lo tomé muy en serio.

Al rato pasó el taxi por casa y tras un "cuidate cargado de emociones de mi esposa, fui a por él. Y a por la vacuna contra el Covid-19. Una vez que pasamos los controles marciales del Hospital Militar y entré a hacer, por falta de una mejor expresión, el check-in, empecé a darme cuenta de donde me había metido: una gran maquinaria humana, casi una carrera de postas.

Primero, chequear mi nombre y todos mis datos; después, darme una bolsita con un termómetro digital y una colación para después. Casi sin respirar nos llevaron en grupo a través de las escaleras mecánicas del hospital hasta el segundo piso, donde rápidamente me atendió una doctora muy amable que no dejó piedra sin dar vuelta: me contó que no iba a percibir un pago por ser voluntario (ya sabia pero está bien aclararlo), que el estudio duraría 26 meses en total y que incluía varias visitas, entre ellas una para colocarme la segunda dosis de una vacuna que consta de dos partes, que podía darme de baja cuando quisiera, que hasta podía pedir que destruyeran mi información, que tendría que completar un diario de vacunación y que, aunque era un peligro teórico, hubo casos en que una vacuna para otro versión de un SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave, en inglés) complicó el cuadro.

Hasta acá, todo bien, aunque con eso del teórico agravamiento respiré hondo. La cosa se complicó cuando me enteré que me tendrían que sacar bastante sangre, tres tubitos, algo que sucedió a continuación. Al primer tubito, todo bien; cuando llegó el segundo, la cosa se empezó a mover; y para el tercero, estaba transpirando frío y, supongo, blanco como una hoja de papel. Tardé unos minutos en recuperarme con ayuda de la enfermera y la médica y un poco de agua. Ese fue mi momento de "pelear o huir : me dieron ganas de irme a mi casa, pero terminó por prevalecer el sentido del deber. El resto fue relativamente fácil, aunque me tomó dos horas más. Y más paseos dentro de las postas del hospital para, primero, el hisopado (un cosquilleo fuerte pero no mucho más) y la colocación de la vacuna.

Mientras, esperaba en la última parada del recorrido la colocación de la vacuna (¿o sería el placebo?). Imposible saberlo, todo el experimento es a doble ciego: ni los participantes ni los investigadores saben quién pertenece al grupo de control y quién al grupo experimental. Me explicaron cómo llevar el diario de vacunación en una app móvil a la que tengo que entrar una vez por semana para "decir si me siento bien o no. Ahí descubrí que, a los efectos prácticos del estudio, soy solo un número, el paciente 3963.

Al rato, volví a casa y como efectos adversos, más allá del típico dolor en el brazo, debo señalar que al día siguiente sentí un bajón general pero no mucho más. Espero que eso signifique que me dieron la vacuna y no el placebo. Si ese fuera el caso, como me comunicaron hace no mucho tiempo, tras los avances en la prueba y el proceso de aprobación -que tiene 90 por ciento de efectividad -, que aquellos que recibieron (o recibimos) el placebo serían vacunados realmente por Pfizer/BioNTech.

Porque, ahora que me lo puse a pensar, y siguiendo lo de Adam Smith, mi primera preocupación es por mi bienestar individual y el de mi familia. Pero, ya que estamos, que me haya presentado de voluntario redunda en el bienestar general. Eso sí: si lo pensaba realmente mucho, seguro no iba. ¿Qué sucedió luego? Una segunda dosis a mitad de septiembre, sin mayores efectos, un chequeo un mes después (con extracción de sangre incluida), y después tres chequeos extras, a los seis, 12 y 24 meses.

Ahí descubrí que, para los efectos prácticos del estudio, soy solo un número: el paciente 3963.

La vacuna experimental

Esta prueba involucra en total a 50.000 voluntarios, 4.400 de ellos argentinos. Se trata de la tercera fase de pruebas de esta vacuna desarrollada por la farmacéutica estadounidense Pfizer junto a la alemana BioNTech. "Actualmente, hay cinco estudios en marcha en todo el mundo, en los cuales se involucran hasta 100 centros de investigación, testeando distintas estrategias para tratar de frenar este problema que nos angustia tanto a todos. , expresó Polack.

Esta prueba "es un reconocimiento a la calidad de la investigación científica en argentina y porque eso nos pone en una situación mejor para poder acceder a la vacuna después , dice Pedro Cahn, infectólogo y uno de los asesores de Presidencia. "Básicamente, las personas que son voluntarias y hayan sido randomizadas a placebo van a ser los primeros en recibir las vacunas.

A este estudio, ya se le sumó otro más: en los últimos días de agosto, el Ministerio de Salud de la Nación anunció que autorizó a realizar en el país estudios de la fase 3 de la vacuna china contra el coronavirus de Sinopharm Group, que desarrolla el Laboratorio Elea Phoenix, tras su aprobación por parte de la Anmat, que está llevando adelante la Fundación Huesped.

Hay otro estudio, de Jansen (Johnson & Johnson), que también están desarrollando en la Fundación junto a Swiss Medical. El corolario de esta historia, hasta el momento, es que tras un viaje secreto, el acuerdo para comprar 20 millones de Sputnik V, la vacuna rusa, y luego un acuerdo con Astrazeneca para adquirir 22 millones de dosis de su versión de la vacuna. La vacuna de Pfizer, en tanto, llegaría en diciembre, según declaró el presidente Alberto Fernández.

Conejillos de Indias

Pero, obviamente, no fui el único que pasó por la experiencia. Yisel, de 34 años, participó también de la prueba de Pzfizer y cuenta que es la primera vez que es parte de un ensayo clínico. "No voy a negar que, además de colaborar con la ciencia, la humanidad y todo eso, tenía más que nada la ilusión de recibir la vacuna por anticipado y que estos meses hasta la vacunación masiva fueran con un poco menos de ansiedad , dice, y me siento un poco menos solitario.  Yasmín (34) participó de la prueba de la vacuna china de Elea y tuvo que soportar los prejuicios. "La mayoría de personas a las que les conté reaccionaron con preocupación. No por el experimento sino por su origen, porque es la ‘vacuna china'. Tengo la ilusión de que al final del ensayo voy a poder mostrarles con ciencia que los suyos son puros prejuicios suerte , comenta.  Martín (34), que se dio la misma vacuna, dice que tuvo pocas molestías en el área de aplicación, como me pasó a mi, aunque él también se aplicó la vacuna china.

Estas pruebas nos dan "soberanía sanitaria , dice Eduardo Spitzer, director Científico del Laboratio Elea Phoenix. Esto significa que no sólo disponemos de la tecnología para testear la droga sino que, con la fabricación de la vacuna de Oxford (Astrazeneca), se genera conocmiento local de cómo funciona esa tecnología en nuestra población.

Nota publicada en la edición 267 (noviembre-diciembre de 2020) de Infotechnology. Ilustración: Mercedes Mares.

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