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Probaron comer solo la canasta básica del Indec y el resultado fue mortal: qué pasó

Se trata de un estudio del Conicet.

30 de Diciembre 2019
Probaron comer solo la canasta básica del Indec y el resultado fue mortal: qué pasó

Un grupo de voluntarios decidieron comer durante tres meses los alimentos de la canasta básica alimentaria que usa el Indec para medir tanto la pobreza como la indigencia. Los resultados: problemas de salud graves y hasta la necesidad de cortar con la "dieta". 

De acuerdo al instituto oficial, para no caer en la indigencia un varón adulto necesita $4.886 al mes (o $163 al día) para gastar en la Canasta Básica de Alimentos (CBA), mientras que para una mujer esta cifra es de $124 diarios.

Luego de los primeros poco más de 90 días, dos de los voluntarios que participan en este proyecto de investigadores cordobeses -impulsado por científicos del Conicet y de la Escuela de Nutrición de la Universidad Nacional de Córdoba- tuvieron que abandonar el experimento porque experimentaron un marcado crecimiento del colesterol y los triglicéridos, una baja de las vitaminas y de peso, un cambio en el ciclo menstrual en el caso de las mujeres, trastornos del sueño, cambios en la sudoración, una sensación constante de deshidratación, entre otros síntomas.

“Bajaron de peso, una de ellas dejó de menstruar, y le dieron mal los estudios de laboratorio comprometiendo la salud”, contó Martín Maldonado, el investigador del Conicet y responsable del proyecto Czekalinski en  a Página/12, que también participa del experimento. 

El nombre del proyecto se inspira en la tapa de la revista Times del 19 de Noviembre de 1951. Se publicó una foto de la familia Czekalinski con todos los alimentos que comerían en un año (una tonelada y media de comida).

La familia Czekalinski.

El proyecto cordobés incluye tres voluntarios que comen solo la CBA, otros tres que lo hacen siguiendo las guías de alimentación sana del Ministerio de Salud y un tercer grupo “de control” que come como siempre. La prueba durará en total seis meses e incluirá chequeos médicos constantes. Desde marzo, se hará con otras nueve personas distintas. De cualquier manera, ya hay resultados que llaman la atención.

“Yo bajé casi casi 6 kilos. Las otras dos chicas bajaron 5 y 3 kilos. En los análisis, nos dieron altos los colesteroles, los triglicéridos y el azúcar en sangre. El magnesio y la vitamina B12, en cambio, nos bajó. Y tuvimos síntomas de deshidratación: nos sentimos embotados”, contó Martín Maldonado, el investigador del Conicet experto en Pobreza e Inclusión Social que coordina el proyecto y que también decidió participar, en diálogo con el diario Clarín.

“Empecé a sufrir acidez y me dio alta la trigliceridemia: pasó de 152 a 210. Eso no es bueno… si sigue así, tendré que dejar la prueba, porque mi salud empezaría a estar en riesgo”, sumó.

Las otras dos integrantes, las nutricionistas Claudia Albrecht (39) y Florencia Demarchi (30) tuvieron que dejar la prueba porque quedaron cerca de tener un peso demasiado bajo que podía ponerlas en posición de comenzar a perder masa muscular o sufrir anemia y osteoporosis por una dieta llena de harina, papas, arroz y pocos vegetales, con cortes de carne con mucha grasa que terminan por generar un deterioro crónico de la salud.

La “dieta” llena de harinas, papa y arroz, con pocos vegetales y cortes de carne de los más grasientos, es determinante para el deterioro crónico de la salud.

“Tenés menos de una fruta al día. Casi no hay legumbres. Los casi dos kilos de pollo del mes no son de pechuga ni de pata-muslo, sino alitas y rancho, que casi no tienen carne. No hay asado ni vacío, sino hueso con carne, que es pura grasa. La leche es aguada. Todo así”, contó Maldonado en Clarín.

Por su parte, Matías Scavuzzo, coordinador del grupo de Nutrición del proyecto, define a la Canasta que mide el Indec como algo que sirve “sólo para ponerle un precio, para sobrevivir en una catástrofe”.

“Sacia el hambre, pero hace mal. Además del problema psicosocial de no poder decidir libremente qué, cómo y cuándo comer, alimentarse así genera a largo plazo malnutrición mixta. Acá los voluntarios perdieron peso porque venían de un estado óptimo. Pero quien lleva años comiendo así lo que empieza a consumir ya no es su masa grasa, sino la magra, los músculos. Y surgen cuadros de desnutrición ocultos en cuerpos obesos”, señaló.



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