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En Suecia nadie usa barbijos y la tasa de mortalidad está por las nubes: por qué

Por qué los expertos no recomiendan el modelo sueco. 

21 de Octubre 2020
En Suecia nadie usa barbijos y la tasa de mortalidad está por las nubes: por qué

La pandemia global de coronavirus mantiene en vilo a todo el planeta y genera que miles de profesionales de la salud, estadistas y economistas analicen estrategias para cuidar la salud de las personas pero, al mismo tiempo, evitar que se agrave la situación económica de los diferentes países.

En Suecia, la transmisión de COVID-19 todavía existe sin embargo en la calle las personas abandonaron el uso de mascarillas. "Nuestra vida laboral no debe verse reducida a sólo una pantalla frente a nosotros", dijo Thom Feeney, un administrador de un espacio de trabajo.

En Argentina los barbijos son de uso obligatorio y deben cubrir la nariz, boca y mentón. Se promueve el uso de barbijo para que las gotas que se exhalan, que pueden estar infectadas y no lo sabe, no le lleguen a los demás. Por esta razón, los cubrebocas con válvula generaron polémica en el último tiempo y no son recomendados por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). Su uso fue prohibido ya que dejan escapar partículas a través de la válvula cuando la persona exhala. 

“Si estás en la calle, no podés quitarte el cubrebocas ni volvértelo a poner”, advierte Shan Soe-Lin, catedrática del Instituto Jackson para Asuntos Globales de la Universidad de Yale. “Si te estás tomando la molestia de usarlo, déjatelo puesto”, recomienda.

Las autoridades suecas no impusieron un confinamiento ya que “las restricciones eran suficientes y era mejor proteger la economía”. A principios de marzo, el gobierno restringió las reuniones públicas a 500 personas. “Si tiene síntomas de coronavirus, quédese en casa”, recomendó la Agencia de Salud Pública en un comunicado de prensa. Además, instó a empleados a trabajar desde casa si podían. “Tendremos que contar a los muertos en miles. Nos tenemos que preparar”, alertó el ministro Stefan Lufven al inicio de la pandemia en abril.

A fines de ese mismo mes, limitaron las reuniones aún más: solo se permitía hasta 50 personas. Este límite no recayó sobre eventos privados, escuelas, bibliotecas, piscinas y centros comerciales. Suecia nunca impuso una cuarentena obligatoria ni para personas que volvían del extranjero.

Suecia tiene una población de 10,23 millones. Los expertos no recomiendan seguir el modelo sueco ya que podría ser peligroso. La Agencia de Salud Pública de Suecia confirmó que la mayor parte de las muertes ocurrieron en residencias de ancianos. Solo el 13% de los residentes recibieron atención hospitalaria, según datos de agosto brindados por la Junta Nacional de Salud y Bienestar sueca.

La mayoría de los políticos de Suecia estuvieron de acuerdo en nunca cerrar guarderías o escuelas para niños menores de 16 años, y la asistencia a la escuela sigue siendo obligatoria por legislación. La enseñanza a distancia no es una opción.

El país no implementó medidas tempranas y fuertes. El país reporta 107 mil casos de COVID-19 y 5949 fallecidos. Según datos de la Universidad Johns Hopkins, la tasa de mortalidad de Suecia ronda los 58,4 por cada 100.000 personas y se posiciona como el duodécimo país más alto. Mientras que la tasa de letalidad (fallecidos respecto a confirmados) es del 5,57%.

Según un estudio publicado en la revista Journal of the American Medical Association, Suecia y Estados Unidos son los únicos países que no pudieron reducir sus altas tasas de mortalidad a medida que la cifra de contagiados ascendió. 

En el día de ayer, el Ministerio de Salud de Argentina registró 27.519 personas fallecidas lo que representa 607,4 muertes por millón de habitantes. Nuestro país tiene una tasa de mortalidad parecida a la de Italia, que se ubica en el puesto 13avo del ranking. La tasa de letalidad (fallecidos respecto a confirmados) es del 2,66%

Johan Carlson, director de la Agencia de Salud Pública de Suecia, asegura que “la situación sigue siendo favorable”. Según el funcionario, las medidas tomadas fueron coherentes. 

“Podemos concluir que sus reglas de distanciamiento social han demostrado ser esenciales", asegura Kim Sneppen, profesor de Biocomplejidad en el Instituto Niels Bohr de Copenhague.



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