Ser ciruja digital ahora está de moda y es por la mejor causa: para ayudar a los estudiantes

La brecha digital puede cerrarse: a la obsolescencia programada de los gadgets modernos les sobrevinieron los "cartoneros" de PCs y celulares que arman tesoros de la basura.

La pandemia iniciada en 2020 cambió para siempre los hábitos computacionales de millones de personas. En nuestro país, cientos de miles de compatriotas se vieron desprovistos de equipos informáticos para poder llevar a cabo su nueva vida digital.

Ante esa situación, hacktivistas como Nicolás Wolovick prepararon destornillados y pendrives llenos de software libre para ayudar a la comunidad que los rodea.

La Argentina está tercera en el puesto de generación de residuos electrónicos, con unas 500.000 toneladas arrojadas a la basura anualmente. De esta monstruosa cifra, en la que entra cualquier dispositivo con un enchufe eléctrico, se calcula que descartamos un millón de computadoras y 10 millones de celulares al año.

"El cyber-cirujeo busca transformar la aparente basura o elementos de descarte de computación en algo útil y productivo, darle más vida útil a las cosas que duermen en un estante o que simplemente se tiran a la basura; además se trata de recuperar partes y piezas para hacer un stock para reparar y reciclar computadoras", explica Wolovick, doctor en Ciencias de la Computación.

Wolovick.

Durante el año de la virtualidad total, la brecha entre quienes tenían una computadora y quienes no se hizo más grande que nunca. A nivel educativo, niños y niñas no pudieron continuar con sus aprendizajes por falta de equipos y conectividad. Mientras, miles de laptops con procesadores i3 del 2010 son "cajoneadas" por ser consideradas obsoletas bajo los estándares del mercado y el paradigma actual de la web obesa.

"Sin software libre no hay cyber-cirujeo, porque con software libre podés decidir cuán pesado será todo el stack del sistema operativo, el manejador de ventanas y las aplicaciones. Al fin y al cabo, hace 15 años teníamos un monocore, 512 MiB de RAM y nadie decía que no podía ejecutar un paquete de oficina. Tampoco soy negacionista, y entiendo perfectamente que todos queremos usar las aplicaciones web que requieren de mucho Javascript y eso implica un límite, al menos un dual core con 2 GiB de RAM", reconoce Wolovick.

Bajo este paradigma, él y otros tantos "cybercirujas" se fueron organizando en sus comunidades cercanas bajo un ideal: luchar contra la obsolescencia programada y ayudar a quien tienen al lado, especialmente a aquellos estudiantes que no podían transitar por la virtualidad de la enseñanza porque no tenían un dispositivo electrónico adecuado.

Durante los últimos años, con el auge de los teléfonos electrónicos, el consumo de computadoras fue desplazado por los dispositivos móviles, más asequibles pero inadecuados para el trabajo o el estudio.

Wolovick es docente universitario en la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación de la Universidad Nacional de Córdoba, y fue desde allí que comenzó a "cybercirujear" computadoras y componentes para alumnos y conocidos que necesitaban algún equipo.

"Lo más lindo que hice fue armar una computadora que funciona perfectamente de dos Compaqs con AMD dual core que tenían bastantes problemas. Desarmé íntegras a las dos y elegí los mejores componentes de ambas. Aunque debería ser obvio, ahí aprendí que en las notebooks también se puede cambiar el procesador."

Actualmente, estos recuperadores digitales se reúnen en un canal de Telegram para organizar sus próximos pasos en la batalla contra la jubilación prematura de la tecnología.

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