Crónica

Este argentino solo usó Mercado Pago para pagar y vivir: cómo hizo

Las finanzas digitales permearon en todo el entramado económico del país. Pagar, sin tocar billetes, hoy es moneda corriente. Pero, ¿hasta qué punto es viable para el día a día, más allá de los comercios ya especializados?

Hoy es viernes y, entre otras cosas, tengo que resolver uno de los desafíos más complejos para los adultos sin hijos: comprar regalos para sobrinos chicos pero no tanto. 

"Traé cualquier cosa", me dijo Fede, de seis años, cuando le pregunté qué quería. Ante su exigencia habitual y el gesto de "humildad", siempre es "traé" pero nunca, nunca, nunca es "cualquier cosa". 

Enseguida, se sumó Juli, mi sobrina de 10: "Nada, tío", sabiendo que, para ellos, en verdad, el Día del Niño es más importante que los Juegos Olímpicos, los Premios Óscar y la Navidad juntos. Estoy en deuda con los nenes, ya que pasó un tiempo desde el Día del Niño. 

Sin más, rajé con lo puesto hacia la juguetería Cebra, de Maipú y Lavalle. Ahí, elegí un impresionante puzzle en 3D de Batman, unos hermosos sellos de princesas de Disney y unas figuras de Messi y Neymar malardas (el adjetivo es de mis sobrinos). 

Recién en la caja me di cuenta que no sólo no tenía billetera, sino que apenas traía encima el celular. Me suele pasar, no me es tan ajeno. Listo, pago con Mercado Pago, la plataforma de cobros y billetera digital de Mercado Libre.

No hay drama. De hecho, valga un dato: según el informe UDE Link de 2021, en los últimos meses se incorporaron más de 940.000 nuevos usuarios de dinero electrónico

Por acá andamos. Pero sí, hay drama. Es fin de mes y todavía no me depositaron mis trabajos freelance. Hoy lo hacen, respiro hondo. ¿Qué hago? ¿Vuelvo a casa, espero la guita y regreso más tarde? No, tuve una solución mejor, menos vueltera: recordé que en Mercado Pago tenía una platita que junté vendiendo la versión digital de mis libros en la plataforma Cafecito

Lindo número, no me quejo, no está nada mal. Pagué y volví a laburar. Ahora bien, por motivos evidentes, pensé: ¿será que, tal vez, puedo andar sin la billetera ni plásticos y sobrevivir tranquilamente? 

Entiendo que un comercio así de grande como esta juguetería esté preparada, pero ¿y si tengo que hacer el resto de cosas como si fuese aquel "Reto Mercado Pago" que fomentó Marcos Galperin en 2019? A ver, vamos: probemos viviendo un fin de semana pagando sólo con MP.

Ilustración: Mercedes Mares

¿Será que, tal vez, puedo andar sin la billetera ni plásticos y sobrevivir tranquilamente? 

 Próximo asunto: cargar la Sube desde la app. ¿La verdad? Fácil hasta para un queso como yo. Listo. Por suerte, bajando el suspenso y al toque, me depositaron: no hay riesgos a la vista. 

Ahora sí, la experiencia va a ser completa. De bacán, fui con mi novia a desayunar a La Motofeca. Latte con un shot de café, sanguche de jamón y queso, agüita y la cuenta. Escaneé el código QR y taza taza. No hubo riesgos. 

Por la tarde, volví a trabajar, resolví una deuda del monotributo vía app (joya, también) y seguí con la faena cotidiana. Mientras tipeaba alguna de estas palabras, recordé con anhelo que, el fin de semana pasado, a esta misma hora, estaba en un asentamiento de CABA haciendo una nota alucinante para El Cronista y, más o menos en este preciso instante, terminaba de deglutir un ceviche mixto delicioso.

¿Pagué con efectivo? No, me pasaron un número, transferí y a otra cosa. La plata llegó al instante y, es más, como mi red de internet es mala (malarda), el pago falló y salió emitido dos veces. 

Según un informe del International Data Corporation (IDC), en América Latina, un 42 por ciento de los consumidores han tenido alguna experiencia negativa en la compra online. 

Así las cosas, no fue mi caso: sin delay, ni fraudes, ni preocupaciones, me devolvieron la guita al instante. Sin comisiones para el que devuelve, sin comisiones para el que recibe. 

Fue un error de la app y, fundamentalmente, intuyo, de mi wifi. Volvamos al punto: ahora estoy delante de la PC, es viernes y mañana voy a Avellaneda a ver a mi familia. Tengo mi SUBE cargada, casi no cuento con efectivo, pero tengo alguito de plata en la app y, fresquita, bastante más en mi tarjeta de débito vinculada como opción de pago. 

Para ganar tiempo, aprovecho y me acerco a Florida Garden, en la esquina de casa, y le compro a mi mamá unos biscottis con almendras que le encantan. Pago con la app y chau, ni espero el ticket. 

A propósito de toda esta cuestión, sumé bastantes Mercado Puntos, el sistema de puntos y retribuciones de MeLi. Sin embargo, aún sigo siendo Nivel 3, de los intermedios. 

Confieso que ninguno de los descuentos disponibles en este nivel (10 por ciento en odontología, 5 por ciento en peluquería, 10 por ciento en servicio técnico de informática, etcétera) me seduce demasiado

Por lo demás, siempre hay una zanahoria adelante: el Nivel 6 ofrece buenos descuentos en plataformas de streaming. Los quiero, obvio. 

Al otro día, ya de sábado, me asomo al puesto de diarios del Chino, frente a BA Classic, y le compro el diario. Ni le pregunto si tiene Mercado Pago, aunque seguro que sí, porque me dio vergüenza: eran apenas $150 pesos.

Ajám, oficialmente sin billetes, me propongo seguir de esta manera durante todo el fin de semana. 

Por caso, un informe de Fiserv asegura que el efectivo es el método de pago más utilizado habitualmente, pero que un 43 por ciento de las personas declara que las billeteras virtuales son su medio de pago usual

Una vez en Avellaneda, entregué los regalos a mis sobrinos (que estaban buenardos y malardos) y, de sopetón, mi cuñada me mandó a comprar cebollas para el relleno de unas empanadas que estaba preparando. 

Además, por si fuera poco, es el cumple de mi hermano y, como no le traje regalo, lo mínimo que puedo hacer es ir a comprar unas cebollas. 

Caminé unas cuadras pensando "uh, va a estar difícil que una verdulería de por acá tenga Mercado Pago". Súbitamente, se me vino a la cabeza lo que siempre me dice Ulises, un colega periodista: "En Flores, mi barrio, a las verdulerías les gusta el cash". 

Al contrario, para sorpresa de nadie, levanté un QR y pagué al instante. Sí, lejos de los prejuicios absurdos, los comercios barriales también tienen diversos medios de pago

Y en Gerli, el sitio donde crecí, casi todos usan Mercado Pago. O CVU, o transferencia vía número de teléfono, o como sea: se usa. Y, según el informe del IDC, los clientes gastarán un 25 por ciento más en empresas cuya transformación digital les permita adaptarse rápida y fácilmente al nuevo contexto de negocios

A partir del confinamiento producto de la pandemia, Argentina  vivió una aceleración y, hoy, el 77 por ciento de las personas tuvieron al menos una experiencia de comercio online. 

Aprovecho que estoy por mis pagos para saludar a algunos amigos como Marcos, que es dueño de La Genovesa, una fábrica de pastas de esas históricas, de esas románticas que seguro se están imaginando. 

En el revoleo, compré un buen stock de pastas para llevar a mi casa, en Capital. Me hizo un descuento más que generoso, el resto lo pagué con la app. Sin dramas. 

"¿Pagan mucho con MP, Marquitos?", le pregunto a mi amigo. "Sí, bastante", me responde el experto en pastas rellenas. 

A la sazón, un informe de Fiserv apunta a que 7 de cada 10 personas modificaron la forma de realizar compras y pagos durante el último año. También, que durante el primer semestre de 2021, hubo un incremento de un 121 por ciento en la cantidad de transacciones en billeteras virtuales. 

Pienso: estando en Buenos Aires, con buen acceso a Internet y suficiente democratización de la tecnología, ¿habrá alguien que no acepte Mercado Pago? ¿Se podrán pagar changas de albañilería o plomería? ¿Comprar productos en el exterior, dólares en una cueva o algún NFT? ¿Inmuebles, LELICs, bonos? ¿Suscribirse a contenido adulto? (Spoiler: sí, por ejemplo, por eso las onlyfaneras dejan siempre visible el link de MP.). 

En rigor, no tengo respuestas a esas preguntas pero advierto que, incluso en la economía informal, Mercado Pago se constituye como una opción resolutiva. Si la oferta de los retailers es omnicanal, ahora los informales también entraron al juego. 

Volvamos. Pasó el cumple, ya es domingo y los nenes quieren ir al shopping: fácil. ¿Por qué? Por dos razones: intuyo que todos aceptarán MP y, además, por más que comamos en el patio de comidas, allí no se estila dejar propina. Por lo cual, seguimos en el plano 100 por ciento digital. 

Distinto sería si, en tal caso, hubieran elegido un restaurante u otro lugar así pero por fuera de la caótica oferta del shopping: ya no tengo "papeles" para propina. 

El avance es concreto, la opción queda cada vez más nítida: si vivimos en una sociedad completamente dependiente de la tecnología, por lo menos algunos de esos avances entronizan la idea de herramientas facilitadoras

"La tecnología hizo posible las grandes poblaciones; ahora las grandes poblaciones hacen que la tecnología sea indispensable", dicen que dijo el escritor norteamericano Joseph Wood Krutch.

Y eso le resbala profundamente a Fede y Juli quienes, después de unas vueltas y de comprarles un cómic de Batman Fortnite (sí, lo pagué con MP), piden comer en McDonald's: estos medallones de carne entre dos panes también se pagaron con sangre, sudor y tecnología.

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