El amor argentino por el dólar digital: por qué explotó el año pasado y qué puede pasar en 2021

El dólar blue alcanzó el clímax de los $ 200 en plena crisis sanitaria y económica. Aunque después fue aflojando, quedó claro que la canilla de divisas está más cerrada que nunca y hay que convivir con diferentes cotizaciones en la cabeza. En el ojo de la tormenta, un nuevo activo digital se robó la atención de muchos: las stablecoins que se mueven al ritmo y en paridad con el verde billete. En el mundo ya mueven US$ 9.000 millones y en la Argentina ya empiezan a rezarle a un nuevo salvador: las cripto.

La relación entre los argentinos y el dólar podría ser casi patólogica; hace por lo menos 50 años que la City se mueve al ritmo de la cotización de la divisa: plata dulce, corralito, el colchón, los "coleros", los billetes bien nuevitos para que las cuevas no los rechacen... los argentinos la sabemos toda cuando se trata del preciado billete estadounidense en el que centramos nuestras esperanzas.

  Los últimos años hicieron poco para cambiar esa tendencia. Luego de ganar las elecciones de octubre de 2011, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner determinó que las personas o empresas que quisieran comprar dólares necesitaban obtener la autorización de la AFIP. Es de los primeros controles de cambio contemporáneos de los que se tiene recuerdo y acaso sea el puntapié inicial del sinuoso camino que recorrió luego el cepo. El dólar oficial estaba en $ 4,3 y el ahora conocido como dólar blue estaba en $ 4,6. A esto le siguió, en 2012, la obligación de las empresas a pedir autorización al Banco Central de la República Argentina (BCRA) para girar divisas al exterior o cancelar deudas por importaciones. Ese mismo año, la AFIP eliminó la posibilidad de comprar dólares para ahorro y la plaza de cambios solo se habilitó en caso de viajes. La brecha cambiaria era de $ 1,5 y el dólar paralelo estaba en $ 6. En ese entonces nació el "dólar tarjeta", que tuvo una percepción del 15 por ciento sobre el consumo dolarizado en el exterior.

 Sería tomado como un anticipo de impuestos como Bienes Personales o Ganancias, mismo modus operandi que el actual dólar solidario. Para 2013, con una nueva retención de impuestos que pasó del 20 por ciento al 35 por ciento, el dólar "libre" ya se vendía a casi $ 10. En 2015, Cambiemos eliminó el cepo: el dólar oficial, que estaba $9,8, llegó a los $14, cerca de los $15 que cotizaba el blue. Después, "pasaron cosas": la corrida llevó el billete a $ 20, después a $ 45 y finalmente a $ 60 hacia el final de la administración Cambiemos.  De hecho, Mauricio Macri tuvo que instalar, primero, un cepo light después de las PASO (un límite mensual de compra de US$ 10.000 para personas físicas) que luego se endureció antes del cambio de gobierno a medida que bajaban las reservas liquidas: el cupo pasó a solo US$ 200. Iba para atrás respecto de uno de los primeros logros de su gestión: liberar al dólar, cueste lo que cueste. El cepo no terminó ahí. Bajo el gobierno de Alberto Fernández las restricciones se endurecieron más: impuesto PAIS y retención del 35 por ciento, más otros impuestos a los consumos dolarizados, pusieron un cerco electríficado: el dólar ahorro no dejó de existir pero era no es para todos. 

 La historia de trabas, cepos, restricciones, impuestos y permisos para acceder a moneda extranjera es un capítulo más de una larga historia: según un informe de Portfolio Personal Inversiones de 2019, la economía argentina vivió bajo controles cambiarios 24 de los últimos 60 años. La brecha promedio desde 1963 fue del 20 por ciento. En tanto, en los años donde hubo controles subió al 55 por ciento, con un pico del 110 por ciento promedio entre 1971-1975. Entre el 2012 y 2015, la brecha en promedio fue 53 por ciento - con techo del 80 por ciento previo a la devaluación de enero 2014 -. 

 La teoría económica explica que la eterna racha alcista del dólar en la Argentina solo puede explicarse a través de la destrucción del peso. Los ahorristas buscan un refugio para sus ahorros, una alternativa a la moneda nacional a la cual juzgan volátil y sobreemitida. Esta distinción ayuda a entender que, quizás, la obsesión argentina por el dólar no está necesariamente asociada a la divisa en si misma sino a lo que ofrece. ¿Qué pasaría, entonces, si otro valor ofreciese lo mismo que los codiciados "verdes" pero con una estructura legal y cambiaria que es - en principio - inmune a los vaivenes de la política?.

 El alzamiento de las criptomonedas y las stablecoins 

 Los dólares son un bien escaso. Los Estados los necesitan para encarar sus procesos de importación y para resguardar su balanza comercial y los ahorristas los buscan para cuidar sus ahorros. En la pugna por quienes acceden a este bien, los gobiernos tienen las herramientas regulatorias para monitorear esa puja. Pero los ahorristas argentinos tienen lo suyo: la "viveza criolla", la búsqueda incesante por encontrar un agujero en las regulaciones por donde escapar. Las criptomonedas ofrecen justamente eso: una alternativa viable porque permiten almacenar valor en un activo que está alejado de las fuertes fluctuaciones devaluatorias del peso y, además, está mucho menos regulado que la compra de divisas que tienden a sostener su valor como el dólar. ¿El problema? La altísima volatilidad que sufren. El mejor ejemplo es Bitcoin, la primera criptomoneda, que comenzó el año por debajo de los US$ 4.000 y ahora amenaza con romper el techo de los US$ 31.000.   

U$S 225.000 M  La cantidad de dólares, declarados o no ante la AFIP, que tienen en posesión los argentinos según el Indec.   

 Aún así, el nuestro es un país "cripto friendly". Según un reciente estudio del Center for the Governance of Change (CGC) de la IE University, de España, un 79 por ciento de los argentinos encuestados estarían dispuestos a adquirir una moneda digital.

De acuerdo al trabajo, los ciudadanos de países con menor confianza social en los bancos centrales estarían más dispuestos a acoger nuevas monedas digitales emitidas por instituciones alternativas

. Es por eso que no sorprende que las criptomonedas "estables" hayan ganado terreno. "Las stablecoin, o criptodólares como se los llama acá, tienen una cotización similar al dólar blue y fueron después de Bitcoin los más demandados, por lejos", reconoce Juan José Mendez, director de marca en Ripio, uno de los exchanges más longevos del país. En esta casa de criptocambios, la demanda de stablecoins creció más del 800 por ciento durante el transcurso de este año.

La plataforma comenzó a trabajar originalmente con DAI, hace dos años, y luego sumo USDC: todas son criptos "atadas" a algún activo tradicional

.  

 "La palabra clave para cualquier ahorrista es dólar", reconoce Mendez. Pero no todos los dólares son iguales en la economía digital. De las dos criptos estables que comercializa Ripio, USDC tiene reservas monitoreadas en otros activos tradicionales, las empresas que lo manejan (NdelR: lo financia el gigante Coinbase) emiten un dólar digital por cada valor en dólares en esas reservas, es como el patrón oro. DAI no tiene reservas ‘reales' sino sobre un sistema de colaterales, y ese sistema es por votación en smart contracts para  mantener la paridad. Es un mecanismo de compra y venta de otros activos digitales que balancean el intercambio para tener una valoración 1 a 1 con el dólar", detalla Méndez. Las stablecoins tienen su naturaleza en común, ya que todas nacen a partir de la tecnología de Ethereum (ETH), una criptomoneda como Bitcoin pero pensada con una capa superior de funcionalidad que le permite tener desarrollos novedosos. "ETH lo que permite es el desarrollo de contratos inteligentes que son protocolos aplicados a las finanzas que tienen ciertas reglas que disparan acciones en particular de manera automática, pero esto permite no solo smart contracts sino también crear criptomonedas sobre la red de Ethereum", explica Mendez.

 Aunque comparten la misma raíz, las monedas estables también tienen diferencias. Las stablecoins con garantía fiduciaria están respaldadas por monedas fiat, entonces, por cada moneda estable con garantía fiduciaria emitida, una unidad del activo fiduciario fijo, por caso US$ 1, se mantiene de forma segura con un custodio (bancos, por ejemplo). También hay stablecoins con recursos garantizados. Aunque estos son menos populares, obtienen su respaldo del precio de un recurso natural específico. Por ejemplo, en 2018, el gobierno venezolano lanzó el Petro, su stablecoin oficial, anunciando que el precio del activo estará vinculado al de un barril de petróleo. Las stablecoins colateralizadas por criptomonedas están respaldadas por otros activos criptográficos, en lugar de dinero  fiduciario.

 Aunque por la volatilidad del mercado cripto requieren más que una proporción 1:1 de monedas de reservas, un fenómeno conocido como "sobrecolateralización". Finalmente, existen las stablecoins sin garantía que, esencialmente, arrojan por la borda el concepto de respaldo. Estos activos funcionan como bancos de reserva; monitorean la oferta y la demanda y compran monedas circulantes cuando los precios están tomando un curso alcista o bajista muy pronunciado. En cualquiera de los casos, para el ahorrista significa menos turbulencia que Bitcoin. Según el exchange Bitso, que comenzó a operar en el país a principios de este año, son cinco los activos más usados por los argentinos de auerdo con volúmenes de inversión: BTC, DAI, ETH, XRP, TUSD. Bitcoin sigue siendo el rey, sí, pero el podio encuentra dos stablecoins entre lo más negociado, monedas que no existían antes de 2013. "En cuanto a monedas estables, DAI/pesos es nuestro libro más grande entre nuestros clientes argentinos", afirma Andrés Ondarra, Country Manager de Bitso para la Argentina. "El caso de uso mayoritario de nuestros usuarios es el de la reserva de valor. Asimismo, si observamos los volúmenes operados con criptoactivos como BTC y ETH, también es lícito afirmar que se destaca el uso de las cripto como inversión a la vez que se usan activo para realizar trading", analizan desde la empresa, que afirma tener una cuota del 77 por ciento promedio del marketshare local de stables y contar con más de un millón de usuarios locales desde julio.

 Con viento a favor 

 No es casualidad que la Argentina sea una tierra de oportunidades para las stablecoins y que los ahorristas se hayan volcado masivamente a este activo. El ecosistema cripto argentino es uno de los más desarrollados en la región. Cuenta con 55 empresas y creció un 10 por ciento de 2018 a 2019, según los resultados de la Latin American Bitcoin & Blockchain Conference (LaBITconf). Se estima que la comunidad nacional de usuarios de Bitcoin supera los 400.000 usuarios. 

 En este sentido y según el agregador Statista, la Argentina ocupa el cuarto lugar en el mundo en términos de penetración de las criptomonedas: Buenos Aires posee el segundo mayor ecosistema de monedas virtuales del mundo, de acuerdo a un relevamiento de Forbes. Todos los players locales coinciden en que el abono para una tierra ya fértil de cripactivos fue el cepo. "El boom de las stablecoins fue a partir de las PASO y eso disparó la demanda", afirma Mendez, desde Ripio. "En el caso puntual de la Argentina, este crecimiento está atado a las dificultades que existen en el país para comprar moneda extranjera para el atesoramiento: pasó de cepos más o menos duros hasta períodos de una libertad restringida, sumada a la reconocida capacidad de los argentinos para ser ‘early-adopters' de nuevas tecnologías", dice Ondarra, desde Bitso. Incluso desde exchanges "no tradicionales" tienen la misma óptica. "El cambio del mercado argentino tiene que ver con las limitaciones del gobierno, el crecimiento de transacciones en la plataforma de julio a septiembre lo muestra. Fue de casi 40 por ciento  en términos de volumen y de más de 400 por ciento en usuarios. Esto se replicó esto en México, Brasil y Colombia pero la Argentina le gano a todos", dice Magdiela Rivas, gerente regional de Paxful, un sitio de compra venta de criptomonedas peer-to-peer. De hecho, en otros países de América latina es más común que las operaciones estén enfocadas en el trading (como es el caso de Colombia) o en el envío de remesas (como es el caso de Venezuela).

 La modalidad peer-to-peer, cuándo cada usuario comercia de uno a uno sin intermediarios, es de las que más viene creciendo en el microcosmos local de las criptomonedas. La Argentina, México y Uruguay alcanzaron su máximo histórico a mitad de año y la Argentina superó su máximo volumen de intercambio de bitcoin: US$ 960.000 en una sola semana,segúnUsefulTulips. Por caso, en Paxful operan Pymes pero la mayoría son personas que manejan operaciones de US$ 70; en la Argentina ya son 33.775. Rivas agrega un dato no menor: "como somos un mercado peer-to-peer no tenemos oficinas ni estamos regidos por la ley argentina; no nos afectan las regulaciones. Esto nos benefició porque es más fácil operar". La modalidad es lo más parecido que existe hoy para acceder al mercado alternativa de forma libre. 

 Sin embargo no todo es festejo. "El mercado argentino va en busca de oportunidades pero hay un poco de ignorancia de la coyuntura local", baja a tierra Matias Bari, CEO y fundador de Satoshi Tango, uno de los primeros exchanges argentinos. Para el empresario, hay una cierta idea de que en lugares como la Argentina, las criptomonedas podrían reemplazar al dinero fiat "pero es pura coyuntura", aclara. En países como Venezuela la adopción de cripto es fuerte, sobre todo para remesas, pero los demás indicadores macro que permiten el desarrollo de tecnologías como las criptomonedas no gozan de la misma salud. "¿No es mejor tener un entorno más favorable que los negocios y que la adopción sea por algo más que el cepo?", se pregunta Bari.

 Cabe recordar que el token USDC se inventó en California, en un entorno muy diferente, "por lo tanto le podremos dar el uso que le damos pero fue creado en contextos más favorables. ¿Favorece? Quizás sí en el corto plazo, pero en el largo plazo prefiero una economía más abierta que permita que las empresas crezcan, no solo las cripto. Las stablecoins tienen un caso de uso muy puntual por el cepo, ya que no hay límite: se paga en pesos, no toca reservas y al Estado no le importa se vendan. En otros países se usa para pagos rápidos", contextualizan desde Satoshi Tango. Bari afirma que la tecnología que da soporte a las stablecoins permite movilizar grandes cantidades de valor de manera segura y anónima. "Not your keys, not your bitcoins", reza el adagio de los bitcoiners que además de estabilidad financiera buscan independencia y autonomía sobre su dinero. "Yo creo que terminado el cepo las stablecoins van a persistir; no va a desaparecer la necesidad del ahorro y las criptomonedas tienen ventajas intrínsecas". Hoy, su empresa tiene 350.000 usuarioss. "El rey de la compra venta es Bitcoin. Las stablecoins son solo un 10 por ciento de la operación. Si bien es el segundo puesto, la diferencia es grande", dice Bari.

 ¿Hay futuro luego de las stablecoins? Por ahora, los reguladores parecen no estar del todo interesados en gravar o controlar su movimiento; es un mercado paralelo de poco volumen. Sin embargo, de haber cambios en el escenario cambiario local, es posible que las criptomonedas se vean reforzadas o mermadas: todo depende de qué incentivos haya para adquirirlas. Por lo pronto, son la nueva fiebre del oro en la Argentina y los ahorristas argentinos, una vez más, consiguen su válvula de escape de la presión del peso. 

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