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Se aliaron con Amazon para ganarle a los bancos locales y ya tienen 100 mil clientes

Con una inversión de US$ 15.000 a la fecha —menos de lo que cuesta un servidor— Ualá desplegó su infraestructura serverless sobre la nube de AWS para dar soporte a más de 100.000 tarjetas prepagas.

Por ALEJANDRO ALONSO - 17 de Mayo 2018
Se aliaron con Amazon para ganarle a los bancos locales y ya tienen 100 mil clientes

La historia de Ualá arrancó en febrero de 2016, cuando su fundador, Pierpaolo Barbieri, se contactó con Marcelo Morales Rins para tratar de achicar los tiempos que la gente pierde haciendo trámites bancarios. Barbieri —un argentino que reside en New York donde se desempeña como director ejecutivo de la consultora Greenmantle— decidió “darle una vuelta” a ese tema, lo cual pronto desembocó en la cuestión de la inclusión financiera local. Según el Global Findex, el porcentaje de argentinos mayores de 15 años con cuentas bancarias está apenas por encima del 50%. Sólo el 26,6% de los argentinos cuenta con una tarjeta de crédito y el 44% con una tarjeta de débito.

A pesar de que Morales Rins se estaba mudando del barrio de Palermo a Barcelona, en marzo comenzaron a pensar en el mejor modelo para abordar la inclusión financiera, pero el tema no se discutió en profundidad sino hasta septiembre. Ualá nació de estas conversaciones con la ambición de “reinventar los servicios financieros en la Argentina”, asegura este ingeniero en Electrónica devenido en director de Producto (CPO), y precisa: “La idea fue llegar a aquéllos que no tienen acceso a las tarjetas de crédito tradicionales”. En junio ya se habían subido otras tres personas al proyecto y, mientras analizaban el modelo de negocios y los aspectos legales de la iniciativa, se trabajaba a la par con un arquitecto de software para idear una plataforma que pudiera darle soporte. En diciembre arrancó el reclutamiento del equipo inicial.

Marcelo Morales Rins, director de Producto de Ualá.

El modelo que propone Ualá para mejorar la inclusión financiera es el de tarjeta prepaga, pero con acceso a operaciones que antes sólo podían realizarse con tarjeta de crédito o débito. Se trata, en rigor, de una tarjeta internacional Mastercard que puede ser usada en los comercios que aceptan esta brand y en los cajeros automáticos de Red Link, Banelco y la red interbancaria global Cirrus. Todo puede ser manejado desde una app desde el móvil, y no hay cargos administrativos, de emisión o mantenimiento (salvo a partir de la tercera extracción de dinero de un cajero). “Armamos una comunicación bastante plana: no hacemos segmentación por edad o clase social. Prácticamente lo único que necesitamos es que el usuario entienda cómo opera Whatsapp y las redes sociales”.

 

Con vocación de nube

Hacia noviembre de 2016 ya se había decidido que la infraestructura estaría en la nube. Las buenas experiencias del gerente de Infraestructura de TI y Seguridad (Ezequiel Mina) y del Arquitecto de Software (el venezolano Ramón Ginez, cofundador y CEO de la fintech CityWallet) inclinaron la balanza hacia el lado de Amazon Web Services (AWS). Morales Rins reconoce que, si bien al principio se tomaron en cuenta otras nubes (como las de Google o IBM), esas opciones nunca llegaron a ser consideradas en profundidad.

La planificación del core de Ualá arrancó en 2016, pero dada la alta dependencia que tendría con la integración con la entidad que procesaría los medios de pago, el desarrollo se vio postergado. “Nuestras exigencias eran bastante particulares —asegura el CPO de Ualá, en referencia a la elección del procesador—. Necesitábamos que fuera una plataforma que brindara información en tiempo real, y eso era algo que no existía”. Y es que la aplicación móvil de Ualá funciona también en tiempo real. El gerente de Marketing de Ualá, Martín Bellocq, grafica al respecto: “Cuando el usuario realiza un consumo con la tarjeta, nosotros le mandamos una notificación que dice cuánto acaba de consumir y dónde. Ese consumo es categorizado, y automáticamente se resta del saldo”. La app también informa instantáneamente a los usuarios qué porcentaje de la carga se consumió en cada una de las categorías. Las recargas se pueden hacer vía transferencia bancaria, Rapipago y Pago Fácil.

Dada su condición de startup de Ualá, el poder de negociación con grandes procesadores como Prisma y First Data era bastante limitado. Morales Rins explica que estas entidades no eran flexibles en cuanto al stack tecnológico que ofrecían, o a las condiciones del negocio. A esto se sumaba un sonado juicio contra Visa y Prisma por posición dominante. “Tuvimos la suerte de toparnos con la gente de Global Processing. Eran mucho más chicos, pero después también los eligió Mercado Pago”. La elegida, una empresa de capital argentino nacida en 2009, satisfizo las necesidades particulares de Ualá. “Confiaron en nosotros, incluso pusieron recursos propios para adecuarse a nuestros pedidos y llevar adelante la integración con nuestro core”, enfatiza el CPO. Con el proveedor de tarjeta de crédito, la negociación fue más sencilla. “Mastercard es mucho más abierto que Visa —explica Morales Rins—. Además, venían del caso de éxito de Nubank. La negociación con Mastercard no tuvo incidencia en la parte técnica, aunque sí en la parte de políticas y seguridad”.

La elección del banco donde depositarían los fondos representó otro desafío. Si bien al principio Ualá trabajó con el BST, luego pasó al Galicia. “¿APIs? ¿Web Services…? ¿Qué es eso?” —bromea el CPO de Ualá al recordar las charlas técnicas con los posibles bancos—. Nos decían con orgullo: desarrollamos en .Net, no en Fortran. Todo era por batch, y no había otro método. Recién ahora apareció un banco que está generando las APIs, y estamos viendo de trabajar con ellos”.

En noviembre arrancó el desarrollo de la app móvil, también in house. Primero para Android, y luego para Apple iOS. “Entendíamos que iOS no era tanto nuestro target, pero queríamos salir con la aplicación también para esa plataforma”, dice el CPO, quien admite que el desarrollo inicial de la app tuvo numerosas idas y vueltas. La integración con Pago Fácil llevó un mes y medio, y con Rapipago (que trabaja de manera online) otro mes. Morales Rins recuerda que el agregado de Rapipago se hizo ya lanzado el producto, a pedido de los usuarios.

 

Cambio de mindset

En la medida en que se iban definiendo los proveedores, a partir de diciembre, también se iba avanzando en otros carriles. La construcción del core del negocio se dio en paralelo con la integración entre éste y el sistema de Global Processing. Esa integración arrancó en febrero de 2017 y tomó unos seis meses. El core fue desarrollado íntegramente in house y utilizando los servicios de AWS. Con todo, la arquitectura de ese core no usaba servidores. Voceros de AWS explicaron que “una operación serverless implica que los clientes no tienen que pensar en los servidores, ni en los clusters, ni en el autoescalamiento o la administración. AWS Lambda permite ejecutar código sin aprovisionar ni administrar servidores. El cliente paga sólo por el tiempo de cómputo que consume: no se cobra nada cuando el código no se está ejecutando”. La adopción de este tipo de cómputo en la nube creció rápidamente, y en la Argentina ya hay quien lo está utilizando, como por ejemplo el diario La Nación, según destacó AWS.

Desde el proveedor recuerdan que hubo una reunión inicial con Ualá para guiarlos en algunos puntos principales, a partir de las necesidades que plantearon. “Poder escalar rápidamente era una de ellas. Pero ellos usaran la documentación publica de AWS para implementar su proyecto”, aclaran. Lo cierto es que ese escalamiento automático resultó fundamental a la hora de dar soporte a la demanda por parte de los usuarios-clientes. A la prueba piloto entre familiares y amigos de agosto de 2017, le siguió la salida en producción y el lanzamiento del producto en octubre. Hacia enero de 2018 ya tenían 50.000 usuarios. En marzo alcanzaron los 100.000. “Nunca nos imaginamos que en seis meses íbamos a tener 100K de tarjetas emitidas”, sonríe Bellock.

El diseño de una arquitectura sin servidores como la que propone AWS con Lambda poco tiene que ver con lo que ya conocían los desarrolladores de Ualá. “Tenés mucha más carga de diseño, si bien el core es mucho más simple”, dice Morales Rins. El desarrollo se hizo sobre Java. “En la Argentina hay muchos desarrolladores de Java, son de fácil acceso, pero hay muy poca experiencia en Amazon”. Fue necesario capacitar —Morales Rins usa la palabra “evangelizar”— a los desarrolladores sobre esta nueva forma de procesamiento. “Ramón Ginez ayudó muchísimo a instalar entre nosotros este nuevo mindset y a trabajarlo”.

En materia de base de datos, la elección fue Amazon DynamoDB: un servicio de base de datos NoSQL para aplicaciones que requieren latencias constantes y de pocos milisegundos, a cualquier escala. Está totalmente administrada en la nube, y es compatible con modelos de almacenamiento de datos “key value” y de documentos. “Nos fuimos a Dynano por varios motivos, pero sobre todo por la escalabilidad, la robustez y la atomicidad de las operaciones”, dice Morales Rins. Dynamo es capaz de manejar multitud de transacciones discretas (que son del tipo que realizan los clientes de Ualá), a gran escala, y su motor maneja satisfactoriamente las concurrencias. “Dynamo es el que mantiene la aplicación móvil viva, no se cae”, agrega el CPO. Para las áreas operativas se desplegó una segunda base de datos, del tipo relacional, que toma información de Dynamo. “Lo bueno que tiene Amazon es que vas pagando en la medida que necesitás, y eso en materia de costos tiene mucho sentido”.

El datacenter más cercano de AWS estaba en San Pablo, Brasil, pero no tenía todos los servicios que Ualá quería emplear, como por ejemplo Lambda. La alternativa era usar otro nodo más lejano, pero eso podía traer problemas de latencia. Comenzaron a hacer pruebas. “Uno de los mejores consejos que nos dieron —recuerda Morales Rins— fue pedirnos que abriéramos Facebook. ¿Funciona bien?, nos preguntaron. Si tienen la misma latencia que Facebook van a andar bien. Lo de la latencia fue un no-problema”, remata el CPO.

Desde su lanzamiento en octubre, el modelo de negocios de Ualá está enfocado en la adquisición de usuarios, generar tarjetas y hacer inclusión financiera. “Nuestra aplicación es gratis, las personas se registran, las validamos y les mandamos las tarjetas a domicilio de forma gratuita. Eso seguirá siendo así siempre. En una segunda fase, que será para este año, lanzaremos la operación de préstamos y tarjetas de crédito. Esos productos van a generar ingresos”, explica Bellocq. La compañía ya realizó varias rondas de inversión, de las que participaron Soros Fund Management, el banco de inversión Jefferies, General Catalyst Partners (inversor de Snapchat, Airbnb y Kayak), Bessemer Venture Partners (invirtió en LinkedIn, Skype y OLX), Point72 Ventures y Kevin Ryan (fundador de Business Insider, Gilt Groupe y MongoDB). Fue precisamente a través de Bessemer que Ualá obtuvo dos aceleraciones del programa Activate de AWS para startups, a través de los cuales obtuvieron US$ 110.000. Esos créditos sirven para pagar los servicios de AWS y, a la fecha, llevan gastados unos US$ 15.000. “Bessemer tiene acuerdos con Amazon y con Google, y eso nos abrió bastantes puertas”, reconoce Morales Rins.

Ualá utiliza además Amazon Cognito para validar los usuarios de la app, y AWS SNS para la mensajería a los usuarios. A esto se suman servicios como Amazon S3 (almacenamiento en recursos llamados buckets), Amazon Cloudsearch (que ayuda a configurar y escalar eficientemente la infraestructura), y Amazon GuarDuty (monitoreo continuo de seguridad).  

El crecimiento explosivo de Ualá obliga a la organización a “crecer de todos lados. Mucho en la parte técnica, pero con otro tipo de perfiles. Más orientado a minería de datos”, dice Morales Rins. Hoy Ualá emplea a unas 40 personas, pero planean llegar a 70 antes de fin de año, y en breve pasarán del espacio de cowork, donde ocupan tres oficinas, a las nuevas instalaciones de la calle Nicaragua, cerca de Plaza Armenia. Hoy el área de Producto, que depende de Morales Rins y abarca Tecnología, Datos y Diseño, emplea a unas 20 personas. “Creo que estamos haciendo una revolución en materia de inclusión financiera —dice Bellocq—. Hay gente que está literalmente excluida del sistema, que quiere comprar suscripciones de Netflix o Spotify, o en cualquier e-commerce, y no puede porque no tiene la tarjeta. Somos una revolución para ellos porque les damos una tarjeta a prácticamente cualquier persona mayor de 18 años que nos la pida”.



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1 Comentario

Juan Manuel Orejas Reportar Responder

Son unos truchos, hice una transferencia que nunca llego. Teléfono para reclamar no hay, los 20 mail que mande ninguno fue contestado. Agradeceria a quien realizó la nota si me puede mandar un lugar para reclamar

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