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¿Te acordás del ICQ? Aún funciona, está "vivito y coleando"

La aplicación de mensajería icónica de los 90 sobrevive en tiempos de redes sociales: todavía 38 millones de seguidores la tienen instalada en su teléfono. La nostalgia y la usabilidad mantienen vivo al “bisabuelo” del WhatsApp. 

Por HERNÁN PANESSI - 16 de Noviembre 2018
¿Te acordás del ICQ? Aún funciona, está "vivito y coleando"

El estómago de la mensajería tuvo que hacer espacio para todo lo que vendría después pero hubo un tiempo, hace no tanto, en el que el mítico servicio de chat ICQ llenaba, gustaba y engolosinaba. Entonces internet era distinta: el dial-up era lento como una carreta y la banda ancha era para los bolsillos de pocos. Pero, cuando podían, las personas pasaban horas chateando con desconocidos. En esa lógica, ICQ irrumpió en el mercado de la mensajería instantánea para mover la estantería. 

Y quienes se iniciaron en el chat con este programa (antes del IRC y después de vaya a saber cuántas cosas) todavía recuerdan uno de los peligros y vértigos más impresionantes de todos: el chat en tiempo real. Lo políticamente incorrecto, lo subido de tono, lo prohibido: el otro podía ver lo que se escribía, corregía y mandaba.

Pasaron las primaveras, los software varios de mensajería instantánea, la democracia de internet, las redes sociales y, allá al fondo, discreto, pero con un pasado que todavía reluce, el ICQ aún sigue latiendo en los caireles de la web. Nadie lo mató, nadie lo olvidó, casi nadie quiere usarlo pero el ICQ sigue allí, vivito y coleando.

¿Alguien usa ICQ en 2018? 

Sí. Para loguearse basta con recordar los números de viejas cuentas o bien pueden crearse nuevas usando números de teléfonos celulares. Y lo más importante de todo: esta “flamante versión” de ICQ no necesita que el teléfono también esté conectado a internet cuando se usa desde una PC (como pasa con WhatsApp). 

“I seek you” o, en castellano, “te busco” fue creado por cuatro jóvenes israelíes en 1996: Arik Vardi, Yair Goldfinger, Sefi Vigiser y Amnon Amir. La empresa desarrolladora era Mirabilis y su principal propósito era introducir una nueva forma de comunicación. Al poco tiempo, el 8 de junio de 1998, la compañía fue adquirida por AOL en la friolera suma de US$ 287 millones. Algunos portales aseguran que hoy en día ICQ es usado por más de 38 millones de usuarios en todo el mundo; en 1999, durante su golden age, ICQ llegó a tener más de 50 millones de cuentas registradas.

La historia dice que en 2010, Yair Goldfinger, su principal responsable, vendió el total de Mirabilis en US$ 407 millones. Desde abril de 2010 ICQ es propiedad de Mail.ru Group, una empresa rusa de negocios vinculados a internet que comenzó como proveedora de e-mails. El dato: su última actualización estable corresponde al 18 de enero de 2016.

Algunos lo tildaron de rústico, otros de feo, otros tantos de lento. Lo cierto es que, en un momento de la fábula, el Messenger de Microsoft copó la parada y sintetizó mails con chats. Por eso, ya no hacía falta recordar un tropel de números que identificaban como pasaporte online las personalidades digitales. Todavía algunos los recuerdan. Todavía algunos los usan. 

“Sobre la base de la audiencia de Hotmail, que por entonces era el medio de comunicación dominante, ya que el correo electrónico era la base de la comunicación por internet y las direcciones electrónicas se usaban para registrarse en los sistemas de mensajería, Messenger creció más rápidamente que la competencia, y con los años logró un market share mayor que las otras plataformas.

Fue ese crecimiento el que dejó a otras plataformas con un share menor”, apunta Luis González, gerente de Desarrollo de Negocios de IA de Microsoft, quien fuera “Executive Producer” de MSN Latinoamérica entre 2007 y 2013. “El crecimiento de Messenger motivó el ocaso de ICQ”, completa.

“Uso ICQ desde 1999, más o menos”, dice Regina Loustau, programadora web y proselitista del ICQ. “En su momento tenía como 600 contactos. Esos amigos se guardaban en un archivo local en tu máquina, así que si perdías los archivos… se borraban. Ahora es todo más fácil: la información se guarda en la nube y no te tenés que preocupar”, explica. “Sigo usando ICQ”, declara desde la bio de su cuenta de Twitter (@Rhapsody_Girl). “Un factor que contribuyó a que el ICQ original perdiera peso en el mercado fue el crecimiento de los ‘ecosistemas’ que incluían mensajería instantánea: con Yahoo!, AOL o Hotmail Messenger, el usuario tenía una misma cuenta para todos los servicios, que estaban interconectados. Aun cuando hay plataformas que se imponen como servicios ‘stand alone’, la fuerza que tenía por entonces conectar tu cuenta de correo electrónico con la de mensajería instantánea jugó a favor de Messenger, debido a la dominancia que tenía por entonces Hotmail”, suma González.

Como muchas personas, Regina se pasó al mundo Messenger y, más tarde, a las redes sociales. Aún así, el ICQ siguió clavado en su móvil. “Ahora con Facebook es más fácil, pero antes tenías una opción que se llamaba páginas blancas y podías buscar personas por gustos, por nombre, por nacionalidad, por palabra clave o por lo que quieras. Así fue como conocí a muchos de mis amigos, que actualmente tengo. Hasta conocí a mi primer novio por ICQ, buscando gente con mis mismos gustos musicales”, recuerda. 

No fue la única que tuvo acercamientos usando ICQ. Hubo más. “Cuando tenía 18 años, me agregó al ICQ una chica de 16 por intereses en común: Cortázar, Miles Davis y demás esnobeadas. Chateamos, nos juntamos una vez: la pasé a buscar a la salida de su colegio. No pasó nada porque yo era joven y lento. Al día siguiente me puse de novio con una compañera del CBC. Estuve con ella casi 10 años. Despues de separarnos nos reencontramos por Facebook con aquella chica de ICQ. Cuando nos encontramos en persona me  apuró: ‘¿Me vas a hacer esperar 10 años más para darme un beso?’. Ahora es mi esposa”, cuenta Guido Gromadzyn, neurocirujano y violinista.

Hoy por hoy, ICQ sobrevive como cualquier aplicación de mensajería: WhatsApp, Facebook Messenger, Telegram, etc. “Todavía estoy esperando que la gente lo vuelva a usar”, desliza Regina, en plan evocativo. Aún funcionan las cuentas y contraseñas y las salas de chat siguen siendo uno de los grandes atractivos. Hay quienes lo entienden como una app de citas, otras como un mensajero más. Muchas veces, viejos usuarios se suman para revivir la experiencia y desinstalan la aplicación a los días. 

Entretanto, ¿el gesto nostálgico es suficiente para mantener latiendo una estructura que fue superada por sus contemporáneos? Curiosamente, el sonido despedido tras enviar un mensaje sigue siendo el mismo de siempre. “¡Oh ou!”, se oye. No obstante, tal vez aquí radique lo más importante, el ICQ ya no es el mismo. Y los viejos usuarios, tampoco. Entonces, aquel ejercicio nostálgico se vence, dobla y derriba cuando no hay nadie más que uno para comprobar que el elefante blanco sigue allí. 

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Nota publicada en la edición 253 (octubre/2018) de INFOTECHNOLOGY.



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