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Conexión Geek

El nuevo fetiche de los CEOs más "cool" son las zapatillas (cuánto cuestan)

No son dispositivos innovadores pero sí son una forma de pararse frente al mundo: las zapatillas se han convertido en la prenda de consumo más particular de los gurúes del mundo tech.

Por TOMÁS BALMACEDA - 09 de Noviembre 2018
El nuevo fetiche de los CEOs más "cool" son las zapatillas (cuánto cuestan)

Si bien el refrán asegura que el hábito no hace al monje... ¿cómo negar que la forma en la que se visten aquellos considerados exitosos no habla del momento histórico por el que transitan? En el pasado, hemos visto a empresarios millonarios y grandes líderes vestir costosos trajes hechos a medida y camisas de una manufactura exquisita.

Sin embargo, desde hace una década y media, surgió una nueva generación de exitosos hombres de negocios que visten todo el tiempo ropa informal y calzado cómodo. Si cerramos los ojos y pensamos en Steve Jobs, Mark Zuckerberg o Jeff Bezos, por nombrar a tres íconos geeks, es casi imposible que los imaginemos con una apariencia acartonada y con brillosos zapatos. Y es que si bien no existen los uniformes en Silicon Valley, lo más parecido a una regla de etiqueta es llevar siempre las zapatillas, la prenda que se volvió un ícono techie.

“Que las zapatillas se volvieran una parte importante de la identidad de algunas personas en ámbitos muy distintos no es un fenómeno nuevo, pero sí es reciente que las empresas tomaron nota de eso y comenzaron a explotarlo”, le explicó a Infotechnology el periodista Leonardo Ferri, autor del libro ‘Zapatillas. Historias de moda, deporte y consumo’ (Paidós, 2018), una investigación sobre las diferentes aristas de un objeto que excede con creces la simple categoría de calzado.

Luego de haber analizado el fenómeno por años, para él se trata de un verdadero fetiche con el que convivimos a diario: “Hoy ya nadie vende sólo zapatillas: se vende una identidad, se vende la promesa de que si usás determinado modelo con cámara de aire vas a correr o saltar como tu deportista preferido. Así, tienen una función doble: son un identificador cultural y también un producto de consumo”.

El periodista Leonardo Ferri es autor del libro ‘Zapatillas. Historias de moda, deporte y consumo’, una nvestigación sobre las diferentes aristas de un objeto que excede con creces la simple categoría de calzado.

¿Y cómo llegó un producto pensado para deportistas a un universo que, a primera vista, parece ser su absoluto opuesto? Al consultar acerca de qué usan en los pies aquellos que trabajan en compañías vinculadas a la tecnología o en las áreas de sistemas, la respuesta es unánime aunque las explicaciones de por qué se rechaza lo formal pueden variar.

Martín Sarsale, CTO de Properati, hace de las zapatillas un culto pero no cree en determinadas marcas o modelos: “Puedo decir con orgullo que el último par de zapatos que tuve fue a los 8 años. Era parte del uniforme del colegio, con la camisa y la corbatita. A partir del momento en que no fueron necesarios, no usé jamás. Si eventualmente tenía un casamiento o algo formal, le pedía a mi papá un par, que me quedaba apretado”.

Según su visión, en el mundo techie el bienestar está por encima de las apariencias: “Para nosotros, ‘los pibes de las computadoras’, es fundamental estar cómodos y por eso nos inclinamos al calzado de trekking. No sé por qué, porque no salimos del escritorio o del data center, pero usamos zapatillas de running o de trekking. Incluso aquellos que se vuelven megaexitosos como Steve Jobs siguen prefiriendo la comodidad. Y te puedo asegurar que nunca más en la vida me voy a comprar zapatos”.

La referencia al fundador de Apple no es casual, ya que se volvió uno de los primeros y más perennes ejemplos de rechazo a la ropa tradicionalmente considerada formal y que fue adoptada como nuevo standard. En esto Ferri está de acuerdo: “No sé en qué momento el jean, la chomba y las zapatillas se volvieron el uniforme oficial del mundo Silicon Valley pero es innegable.

En el caso de Jobs parte de su excentricidad era no parecer excéntrico. Él era muy consciente de cómo se veía y por eso elegía esa polera que no era nada barata, sino de un diseñador japonés; unos jeans muy populares y las New Balance de la línea 99X —que incluyen la 991, 992 y demás— que en ese momento era las mejores de ese momento pero con una característica que sospecho que podía ser relevante: New Balance es una marca estadounidense y vinculada a los republicanos. Esto la opone, por ejemplo, a Nike, que siempre se propuso ser global”.

El impacto del creador del iPhone fue tan fuerte que hoy no sorprende ver a ejecutivos de compañías tech subirse a dar conferencias y keynotes alrededor del mundo en zapatillas. Y los más importantes tienen sus favoritas: Zuckerberg, por ejemplo, usa unas Nike Flyknit Lunar 3 grises; mientras que Satya Nadella, el CEO de Microsoft, suele brindar sus anuncios en zapatillas de la marca francesa Lanvin y Bezos suele ser visto siempre con unas Converse Jack Purcell Low Top, que suelen estar a la venta en los Estados Unidos (asumimos que él las compra en Amazon) por US$ 65.

En todos los casos, es notorio que se trata de zapatillas que están lejos de los estándares estéticos más tradicionales pero que comparten la comodidad. Ferri lo sintetiza bajo una flamante categoría de mercado: “Cuando Jobs la estrenó hace tres décadas, la serie 99X representaba un momento que quizá pasó de moda pero mostraba tecnología enfocada en la comodidad para el deporte. Hoy conocemos a todo ese estilo de calzado ‘dad shoes’ o ‘chunkies’, zapatillas para papás y están de moda: Fila, Adidas y Nike tienen hoy sus ‘dad shoes’”.

El COO de Alquilando.com, Carlos Missirian, cree que en esta elección a la hora de vestir hay involucrados más elementos que simplemente el confort y que representa toda una manera de abordar la realidad. “Usamos zapatillas porque es la forma en la que mostramos que nos gusta ir rápido, que priorizamos la comodidad por la forma y que podemos ser distintos sin dejar de hacer negocios. Además, es la manera de mantenernos cerca de las personas para las que estamos programando y creando, quienes seguramente se vistan como nosotros. Y somos un éxito: hoy en los Estados Unidos se dice que hay que invertir en nerds en zapatillas antes que ejecutivos en trajes.”

Pero el mundo de las zapatillas es tan vasto que hasta hay espacio para que la misma comunidad geek tenga sus tribus. Por eso en las redes se multiplican los chistes y memes vinculados con las zapatillas de trekking —toscas, aparatosas pero duraderas— y “los de sistemas”. “La gente de IT es pragmática y el calzado y ropa que se elige en muchos casos cumple con la máxima ‘function over form’. Buscamos cosas cómodas, robustas y que aguanten. Además, en casos donde trabajás con fierros —sea moviendo equipos o en un datacenters— suma puntos que sea antideslizante. Las zapatillas de trekking suelen cumplir todas esas condiciones. Pasa lo mismo con los pantalones cargo. Nunca son suficientes bolsillos. Hoy en día no los uso tanto, pero aprecio mucho poder viajar sin mochila y los cargo me brindaban esa capacidad”, confiesa Federico Cingolani, quien trabajó durante 15 años en desarrollo de software y conoce la trastienda de este universo de primera mano.

Pero el vínculo de las zapatillas y el universo tech se extiende más allá de los nerds y la gente de sistemas, ya que las innovaciones no solo son parte de cómo se promocionan nuevos modelos, sino también sobre cómo se optimiza un modelo de negocios que hace que, por ejemplo, Nike haya tenido ganancias globales de US$ 36.000 millones en 2017.

Según Ferri, no se trata de una novedad: “La tecnología estuvo presente siempre en el mundo de las zapatillas aunque quizá no de la manera en la que nosotros hoy la pensamos, vinculada a los celulares y las computadoras. En su momento, por ejemplo, un parche en el tobillo o un pedazo de caucho en la plantilla fue una innovación muy celebrada que permitió que los usuarios de zapatillas estén más cómodos o tengan mejor performance”.

“En la actualidad todos los modelos que se utilizan en lo deportivo tienen una carga de innovación y tecnología muy grande, aunque en 40 años las zapatillas no hayan cambiado sustancialmente. Lo que sí hubo es una optimización en su proceso de manufactura, sobre todo en dos facetas. Por un lado, la capellada, que es la parte de arriba, tiene muchas menos piezas que antes porque es una suerte de tejido o de media. Y eso es beneficioso porque en las fábricas, que suelen estar en Oriente, se cobra por pieza colocada, pero también para los usuarios porque evita lesiones. Y también se evolucionó mucho con el sistema de amortización o cámara de aire: no podríamos jugar al fútbol o al básquet con el calzado de los 70 porque cambiaron los cuerpos y las exigencias de cada década”, completa.

Así, tal parece que zapatillas y tecnología son un dúo destinado a conocerse y a amarse por muchos años más… pero ¿veremos en el futuro un regreso a los zapatos, las camisas y los trajes? Sólo Silicon Valley sabe. 

Qué usan los techies más famosos

Nike Flyknit Lunar 3

Las calza Mark Zuckerberg, cofundador de Facebook. Se trata de un modelo que llegó en 2012 y, al menos en los Estados Unidos, tiene un valor  de reventa de cientos y hasta miles de dólares, según el retail Fight Club. En la Argentina, no se vende en retailers pero sí en MercadoLibre.

Converse Jack Purcell

Son las que lleva en sus pies Jeff Bezos, el fundador de Amazon. Estas zapatillas fueron diseñadas en 1935 por el mismísimo Purcell para jugar al bádminton (deporte que este canadiense jugaba). En la década de 1970, Converse se hizo con la marca.  Su valor online no supera los $2.000.

Common Projects Achilles

Se trata de las que viste Evan Spiegel, el genio detrás de Snapchat. Son de una marca de alta gama que este emprendedor usa desde la secundaria, y no son precisamente económicas: en los Estados Unidos están por encima de los US$ 400. En la Argentina no se consiguen, excepto usadas.

Gucci Ace Leather Low Top

Este es el modelo elegido por Brian Chesky, el CEO de Airbnb. Estos tampoco son baratos y, de hecho, son más bien exclusivos desde que la marca ha vuelto a ganar el favor de estrellas e influencers. Su valor no baja de los US$ 550. Aquí en la Argentina, en algunos retailers oscila los $ 7.000.



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