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Argenpool: el club secreto de traders locales que mueven millones

Los que operan con criptomonedas no usan Facebook ni suben fotos con su familia. El mercado se discute en Telegram, donde el anonimato, el análisis técnico y los memes convergen en un chat bien argento.

Por PABLO LABARTA - 14 de Mayo 2019
Argenpool: el club secreto de traders locales que mueven millones

Los especialistas en finanzas los miran de reojo, pero a ellos poco les importa. Desde 2010, cuando un sitio web para intercambiar cartas coleccionables del juego Magic: The Gathering se transformó en la Bolsa de Activos Digitales más grande del mundo, existe una nueva clase de traders. Algunos se volvieron millonarios y hoy viven en uno de los tantos paraísos tropicales del mundo, otros ganaron miles de dólares y lo perdieron todo. Todos intercambian Bitcoin y otras altcoins. 

Pero todos ellos están conectados a través de una red social por fuera del monstruo comercial Facebook, anónima, sencilla y efectiva. Telegram, el principal competidor de WhatsApp, es el hogar de la comunidad cripto y los argentinos tienen su grupo: Argenpool. Se trata de una comunidad dedicada a los nuevos mercados que llegaron con los criptoactivos. Si bien su nombre hace referencia a los grupos de mineros, Argenpool no es un pool de minería ni un fondo de capitales, sino un “pool” de conocimiento colectivo.

A partir de la iniciativa de Ernesto, Argenpool se instaló en Telegram allá por los comienzos de 2017, sin saber que ese mismo año el mercado de criptoactivos atravesaría el mayor rally de su historia. “Participé mucho en el grupo Bitcoin Argentina, en Facebook, pero me parecía que no funcionaba y que la plataforma no servía para lo que esperaba de una comunidad sobre cripto”, explica el creador.
Desde un chat grupal y anónimo, los administradores cuentan cómo llevan adelante una comunidad que hoy alcanza las 3.000 personas y opera dentro de un circuito tan delicado como lo es el de las criptomonedas y las inversiones.

El chat ruso

Tener base en Telegram es el resultado de salir de las redes sociales masivas, especialmente de escaparle al gigante azul de California. “Las conversaciones distintas se dan en canales distintos”, resume Alejo, uno de los administradores. Su teoría es que las barreras de entrada que impone hacen que muchos se queden en el camino y sean menos los que llegan a Argenpool. Así, con menos ruido, aparecen discusiones profundas con mayor frecuencia.

Para otros, es una cuestión de intensidad. Según Luciano, uno de los tantos anónimos, el público es el mismo en ambas redes sociales, pero mientras que en Facebook leen, opinan y siguen con sus vidas, en Telegram se involucran más y participan más.

A su vez, la posibilidad de sumarse de forma anónima es una gran ventaja frente a otras redes. “Cuando empecé a meterme en cripto, todo me daba la sensación de que me moví en un ambiente de ilegalidad. Telegram y su servicio de mensajería encriptada parecían la opción más viable para charlar sobre el tema”, detalla Mariano, un referente del proyecto Maker DAO —una organización descentralizada que desarrolla instrumentos financieros, entre otras cosas— en América latina.

El anonimato permite hablar cómodamente sobre criptomonedas e inversiones. “Las charlas están todas relacionadas a las distintas formas de dinero, sea Bitcoin o fiat (el dinero físico, impreso, contante y sonante). Nadie quiere ser el blanco de robos y resulta natural que los miembros prefieran participar de forma anónima”, detalla Javosky, uno de los históricos y quien porta la barba más llamativa.

Telegram ofrece la privacidad necesaria para hablar estos temas. “Al usar esta plataforma, no comprometemos ningún dato personal y podemos hablar con cualquier persona del mundo. Así es como se volvió mi red social principal”, cuenta Felipe, conocido por su foto de del conejo Bugs vestido de rey.

Newbie friendly

Argenpool hace honor a su descripción y admite a cualquiera que esté interesado en los mercados de criptoactivos, ya sea que vengan del palo tecnológico, de las finanzas tradicionales o simplemente hayan escuchado hablar de Bitcoin y quieran saber más. Lo que no admiten son perezosos. “La mayoría no sabíamos demasiado de cripto cuando llegamos, pero Argenpool pone la vara bien alta y en esta era millennial todos están obligados a ser autodidactas”, señala Brenda, quien participa del grupo desde otro extremo del planeta.

Quienes hagan preguntas que puedan ser resueltas en Google, sufrirán las consecuencias. “Somos newbie friendly. Lo que no somos es vago friendly”, detalla Javosky, cuya explicación fue aplaudida por el resto del chat. “Si alguien no conoce sobre bitcoin o no sabe de análisis técnico, lo orientamos”, agrega. Argenpool cuenta con una biblioteca que reúne títulos sobre finanzas, criptoactivos, criptoanarquismo y análisis técnico. Es abierta y cualquiera puede aprovecharla. “Disfrutamos compartir nuestro tiempo con quien lo aprecia. Si bien es escaso, ¿cómo no vamos a hacerlo si antes otros nos brindaron el suyo? Más aún sabiendo lo mucho que le puede cambiar la vida a alguien”, destaca Muluk, el gato egipcio.

A su vez, el grupo también funciona como un espacio de networking y parte de los entrevistados consiguieron trabajo a través de Telegram.

Curaduría o censura

Los administradores de Argenpool enfrentan un complicado coctel digital que incluye tecnología, dinero, inversiones, estafas y fraudes. Si bien todos coinciden en que mantener el grupo limpio es una prioridad, no resulta fácil.

“En otros temas, la desinformación puede no ser tan grave, pero al tratarse de dinero, podría llevar a que alguien pierda sus ahorros”, detalla Alejo. Aunque no hay un manual, parece haber consenso sobre cómo actuar ante distintas situaciones. Si alguien promociona un proyecto dudoso, las burlas acompañadas de datos alcanzan para aclarar la situación, pero cuando se trata de una obvia estafa, se expulsa a la persona del grupo.

Hoy, los usuarios eliminados del grupo ya suman más de 1.750, un número que grafica lo exigente que es la moderación. En diciembre del 2017, durante los picos históricos de Bitcoin, el chat llegó a ver hasta 3.000 mensajes por día. El 22 de diciembre de ese año, cuando para algunos se adelantó la Navidad, Argenpool alcanzó los 155 usuarios activos. Hoy está más tranquilo, con apenas 300 mensajes por día y momentos en los que no se ve ni un sticker.

En caso de volver a tener la difusión masiva que tuvo hace dos años, los administradores de Argenpool tendrán más trabajo que nunca. Lenny, el de Los Simpsons, nota el contraste: “La diferencia en la actividad es enorme. La gente discutía a toda hora y había personajes entrañables que con el tiempo fueron desapareciendo. Se nota que con la baja del precio del Bitcoin a muchos se les fue el interés. Pero cuando vuelve alguno de esa época, nos alegramos mucho al recordar esos tiempos y además lo sentimos como una señal de que la tormenta ya está terminando”, dice Lenny, anticipando el rally alcista.



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