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A 50 años de la mejor película de ciencia ficción de la historia: ¿qué nos enseñó?

Se cumple medio centenar de años del estreno de la obra maestra de Stanley Kubrick, ¿por qué sigue siendo una de las películas más importantes de la historia del cine?

Por Gustavo E. Romero - 12 de Abril 2018
A 50 años de la mejor película de ciencia ficción de la historia: ¿qué nos enseñó?

El 2 de abril de 1968 se estrenó en el Uptown Theater de Cleveland Park, cerca de Washington, D.C., el film 2001: A Space Odyssey, producido y dirigido por Stanley Kubrick, y escrito por Kubrick y Arthur C. Clarke. Han pasado 50 años y el film no sólo es apreciado como un clásico: es considerado una de las mejores películas jamás realizadas. En 1991, 2001 fue valorada como "cultural, histórica o estéticamente significativa" por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry. Las encuestas de los críticos en las ediciones de 2002 y 2012 de la revista Sight & Sound clasificaron 2001: A Space Odyssey, sexta entre las diez mejores películas de todos los tiempos. Su influencia en la cinematografía y la cultura popular posterior es incalculable. Se han dedicado libros, exposiciones, artículos, conferencias y documentales al film.

Como en todo clásico que trasciende el momento específico de su creación, en 2001 convergen diversos temas que motivan reflexión y emoción en el espectador. Kubrick preparó meticulosamente cada aspecto de la obra. La pre-producción comenzó en 1965 y la post-producción se extendió hasta principios de 1968. Kubrick contó con un presupuesto de algo más de 10 millones de dólares, una fortuna para la época, que fueron aportados por la distribuidora Metro-Goldwyn-Mayer. El tema principal de la película es la evolución del ser humano y la inteligencia, desde su aparición en Africa a partir de homínidos proto-humanos hasta la aparición de la inteligencia artificial y, más allá, la superación final del hombre. Entremezclados con ese argumento principal, se ofrecen al espectador diferentes sub-textos que hacen a la riqueza del film. El principal de ellos, en mi opinión, es el de la interacción del ser humano con la tecnología y el rol de ésta en nuestra vida. A ese sub-texto quiero dedicar unas líneas en ocasión de este aniversario.

Tres millones de años de evolución tecnológica res
umidos en el montaje de dos fotogramas

2001, un film promocionado como “un drama épico de aventura y exploración”, se inicia de forma inesperada con imágenes de homínidos en algún lugar de Africa. Allí, dos grupos diferentes se pelean por el acceso a los escasos recursos disponibles, y tratan de sobrevivir al hambre y a los depredadores. Ante el influjo de un extraño monolito que aparece una noche, uno de los simios comienza a manipular un hueso. Lentamente, majestuosamente, va comprendiendo el potencial de ese hueso: asistimos al nacimiento de la primera herramienta. Pronto el simio la usará para matar: primero para conseguir alimento y luego para vencer al líder del grupo rival. Es la herramienta la que le posibilita sobrevivir, crecer, dominar; es ella, en definitiva, la que transforma a un pobre mono al borde de la extinción en el amo del mundo. Al hacerlo, lo cambia: al poder cortar la carne ya no será necesaria la mandíbula prominente. La boca y la laringe se modificarán, y nacerá el habla.

Con el habla vendrán los conceptos y la enseñanza. El aprendizaje, el ensayo y el error traerán nuevas herramientas, que permitirán cambios mayores: la flecha y el arco potenciarán la visión, el equilibrio, y el desarrollo del cerebro. La mano, dotada ya de motricidad fina, logrará escribir, calcular.  Llegará el tiempo de la abstracción, y la abstracción traerá la ciencia. De la ciencia saldrá una nueva tecnología, inmensamente más rica, poderosa y sistemática. La herramienta habrá transformado al simio en hombre. Habrá modelado a su creador. Kubrick resume todo este proceso de tres millones de años empalmando dos fotograbas en forma genial: el simio luego de matar a su rival, extasiado, arroja el hueso que usó como arma al aire, y éste, al caer, es reemplazado por una nave orbital que se mueve en caída libre en órbita terrestre. Presenciamos, deslumbrados, todo el circulo de la tecnología humana, desde la primera herramienta a la última. El hombre, impulsado por sus creaciones, ha dejado el planeta donde se originó.

La película pasa entonces a describir el descubrimiento en la luna de un monolito similar al aparecido en África en el albor del ser humano. Los hombres enfundados en sus trajes espaciales lo tocan de la misma forma en que lo tocaron los simios. Toda su tecnología no logra suprimir, aún, la esencia animal. El monolito, al ser desenterrado, envía una señal electromagnética en dirección a Júpiter. El film salta una vez más en el tiempo, hacia la misión que se envía a ese planeta a explorar el destino de la señal extraterrestre. En la nave Discovery dos astronautas, David Bowman y Frank Poole, comparten el monótono viaje con la primera inteligencia  artificial, el ordenador HAL 9000, que opera la nave. HAL representa la última frontera del desarrollo de la tecnología. De hecho, como señalara Roger Ebert, es el personaje más humano de todo el film. Los astronautas apenas muestran emociones, a diferencia de HAL, que comienza a temer, y luego luchar por su vida, cuando comete un error. En una escena de notable dramatismo, Bowman, convertido en el único sobreviviente de la Discovery, desconecta las funciones superiores del cerebro de HAL.

La última herramienta: HAL 9000.

Acaso nunca se haya representado en forma tan gráfica la muerte de la inteligencia. HAL, la última herramienta, la tecnología final, el súmmum de la inteligencia, fracasa … y la evolución busca otro camino. Bowman lo logra, hacia el final, convirtiéndose en “hijo de las estrellas”. Ya no es humano; es algo más, es lo que el hombre al mono: el paso siguiente. La escena de la transformación ocurre en una habitación estilo Rococo, que es el estilo que agota sus posibilidades. Lo que fue Bowman regresa a la tierra, pero intuimos que su mundo ya no será un mundo de tecnología. La herramienta desaparece junto a su creación: el reino de lo humano ha terminado.

En ese formidable viaje por la aventura tecnológica, Kubrick nos brinda pequeñas pistas sobre cómo ve el futuro de la evolución tecnológica. Es instructivo analizarlo desde la actualidad. Los elementos más fascinantes, en mi opinión, son los que atañen a la vida cotidiana en el futuro. Vemos anticipaciones asombrosas que incluyen las teleconferencias (hoy comunes gracias a Skype y programas similares), los televisores en los respaldos de los asientos de los aviones/transbordadores, las cámaras miniaturizadas y digitales, los ordenadores portátiles, tablets, y mucho más. Todos estos elementos forman parte de nuestra vida cotidiana. Incluso Siri o Alexia, las inteligencias artificiales de Apple o Amazon, son perturbadamente parecidas a HAL. Si bien no tienen aún la profundidad de análisis y la complejidad de éste, aprenden y mejoran rápidamente.

 

Tablets usadas por Frank Poole and David Bowman en la nave Discovery

 

La impotencia de los personajes humanos de Kubrick ante las situaciones que deben enfrentar nos recuerda también, perturbadoramente, nuestra propia impotencia en esta época de crisis. A diferencia de ellos, no tendremos la opción de superar lo humano sin tecnología. Está en nuestra capacidad para usar ésta en nuestro favor, y no contra nosotros mismos, la última esperanza de lograr una humanidad que no se hunda bajo el peso de sus propias limitaciones.

 

Por el Dr. Gustavo E. Romero, Investigador Superior de CONICET y Profesor Titular de la UNLP



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3 Comentarios

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Carlos Crosetti Reportar Responder

Buena nota!

Carlos Q Reportar Responder

La película es excelente pero tiene una falla, no podes decir que la entendiste si antes no leíste la novela. La IDEA, el ARGUMENTO es la genialidad de Clarke

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