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2001: Una Odisea Tecnológica

Por GUSTAVO ROMERO - 16 de Abril 2018
2001: Una Odisea Tecnológica

El 2 de abril de 1968 se estrenó en el Uptown Theater de Cleveland Park, cerca de Washington, D.C., el film 2001: Odisea del Espacio, producido y dirigido por Stanley Kubrick, y escrito por Kubrick y Arthur C. Clarke. Han pasado 50 años y el film no sólo es apreciado como un clásico: es considerado una de las mejores películas jamás realizadas. Las encuestas de los críticos en las ediciones de 2002 y 2012 de la revista Sight & Sound clasificaron a 2001: Odisea del Espacio, sexta entre las 10 mejores películas de todos los tiempos. Su influencia en la cinematografía y la cultura popular posterior es incalculable.

Como en todo clásico que trasciende el momento específico de su creación, en 2001 convergen diversos temas que motivan reflexión y emoción en el espectador. Kubrick preparó meticulosamente cada aspecto de la obra. La preproducción comenzó en 1965 y la posproducción se extendió hasta principios de 1968. Kubrick contó con un presupuesto de algo más de u$s 10 millones, una fortuna para la época, que fueron aportados por la distribuidora Metro-Goldwyn-Mayer.

El tema principal de la película es la evolución del ser humano y la inteligencia, desde su aparición en África a partir de homínidos protohumanos hasta la aparición de la inteligencia artificial y, más allá, la superación final del hombre. Entremezclados con ese argumento principal, se ofrecen al espectador diferentes subtextos que hacen a la riqueza del film. El principal de ellos, en mi opinión, es el de la interacción del ser humano con la tecnología y el rol de ésta en nuestra vida. A ese subtexto quiero dedicar unas líneas en ocasión de este aniversario.

Evolución

2001, un film promocionado como "un drama épico de aventura y exploración", se inicia de forma inesperada con imágenes de homínidos en algún lugar del continente africano. Allí, dos grupos diferentes se pelean por el acceso a los escasos recursos disponibles, y tratan de sobrevivir al hambre y a los depredadores. Ante el influjo de un extraño monolito que aparece una noche, uno de los simios comienza a manipular un hueso y asistimos al nacimiento de la primera herramienta. Pronto el simio la usará para matar: primero para conseguir alimento y luego para vencer al líder del grupo rival.

Es la herramienta la que le posibilita sobrevivir, crecer, dominar; es ella, en definitiva, la que transforma a un pobre mono al borde de la extinción en el amo del mundo. Al hacerlo, lo cambia: al poder cortar la carne ya no será necesaria la mandíbula prominente. La boca y la laringe se modificarán, y nacerá el habla. Con el habla vendrán los conceptos y la enseñanza. El aprendizaje, el ensayo y el error traerán nuevas herramientas, que permitirán cambios mayores: la flecha y el arco potenciarán la visión, el equilibrio, y el desarrollo del cerebro. La mano, dotada ya de motricidad fina, logrará escribir, calcular. Llegará el tiempo de la abstracción, y la abstracción traerá la ciencia. De la ciencia saldrá una nueva tecnología, inmensamente más rica, poderosa y sistemática. La herramienta habrá transformado al simio en hombre. Habrá modelado a su creador. Kubrick resume todo este proceso de tres millones de años empalmando dos fotogramas de manera genial: el simio luego de matar a su rival, extasiado, arroja el hueso que usó como arma al aire, y éste, al caer, es reemplazado por una nave orbital que se mueve en caída libre en órbita terrestre. Presenciamos, deslumbrados, todo el círculo de la tecnología humana, desde la primera herramienta a la última. El hombre, impulsado por sus creaciones, ha dejado el planeta donde se originó.

La película pasa entonces a describir el descubrimiento en la luna de un monolito similar al aparecido en África en el albor del ser humano. Los hombres enfundados en sus trajes espaciales lo tocan de la misma forma en que lo tocaron los simios. El monolito, al ser desenterrado, envía una señal electromagnética en dirección a Júpiter. Esto lleva a una misión que se envía a ese planeta a explorar el destino de la señal extraterrestre. En la nave Discovery, dos astronautas, David Bowman y Frank Poole, comparten el monótono viaje con la primera inteligencia artificial, el ordenador HAL 9000, que opera la nave. HAL representa la última frontera del desarrollo de la tecnología. De hecho, como señalara el crítico Roger Ebert, es el personaje más humano de todo el film. Los astronautas apenas muestran emociones, a diferencia de HAL, que comienza a temer, y luego luchar por su vida, cuando comete un error. En una escena de notable dramatismo, Bowman, el único sobreviviente de la Discovery, desconecta las funciones superiores del cerebro de HAL. Acaso nunca se haya representado en forma tan gráfica la muerte de la inteligencia. HAL, la última herramienta, la tecnología final, el súmmum de la inteligencia, fracasa… y la evolución busca otro camino. Bowman lo logra, hacia el final, convirtiéndose en "hijo de las estrellas". Ya no es humano; es algo más, es lo que el hombre al mono: el paso siguiente. La escena de la transformación ocurre en una habitación estilo Rococo, que es el estilo que agota sus posibilidades. Lo que fue Bowman regresa a la tierra, pero intuimos que su mundo ya no será un mundo de tecnología. La herramienta desaparece junto a su creación: el reino de lo humano ha terminado.

La impotencia de los personajes humanos de Kubrick ante las situaciones que deben enfrentar nos recuerda también, perturbadoramente, nuestra propia impotencia en esta época de crisis.

 

 



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