A Google le salió su Moyano: qué puede ocurrir con la sindicalización de sus trabajadores

Ingenieros y empleados del gigante de las búsquedas se organizaron para forzar cambios en los asuntos del lugar de trabajo.

Más de 225 ingenieros de Google y otros trabajadores han formado un sindicato, coronando así años de creciente activismo en una de las mayores empresas del mundo y dentro de un sector típicamente antisindical como el de la tecnología. 

Este sindicato nace como consecuencia de las crecientes demandas de los empleados de Google para que se revisen las políticas sobre salarios, acoso y ética, y es probable que aumenten las tensiones con los directivos de la empresa ubicada en Mountain View, California.

El nuevo sindicato, llamado "Alphabet Workers Union" , en honor a la empresa matriz de Google, Alphabet, se organizó en secreto durante la mayor parte del año pasado y eligió a sus dirigentes el mes pasado, según publicó The New York Times. El grupo está afiliado al Communications Workers of America, un sindicato que representa a los trabajadores de las telecomunicaciones y los medios de comunicación de los Estados Unidos y el Canadá.

El  Alphabet Workers Union es un sindicato minoritario que representa a una fracción de los más de 260.000 empleados y freelancers a tiempo completo de la empresa. Los trabajadores dijeron que se trataba principalmente de un esfuerzo para dar estructura y una mayor vida al activismo en Google, más que para negociar un contrato.

Protesta de 2018 por la igualdad de género.

Chewy Shaw, ingeniero de Google en el área de la bahía de San Francisco y vicepresidente de la nueva organización, le dijo al The New York Times que el sindicato es "una herramienta necesaria para mantener la presión sobre la gerencia para que los trabajadores pudieran forzar cambios en los asuntos del lugar de trabajo".

"Nuestras metas van más allá de las cuestiones del lugar de trabajo de, '¿se le paga lo suficiente a la gente?'", expresó. "Es un momento en el que el sindicato es una respuesta a estos problemas."

En respuesta, Kara Silverstein, directora de operaciones de personas de Google, señaló: "Siempre hemos trabajado duro para crear un lugar de trabajo que apoye y recompense a nuestra fuerza de trabajo. Por supuesto, nuestros empleados tienen derechos laborales protegidos que apoyamos. Pero como siempre lo hemos hecho, seguiremos comprometiéndonos directamente con todos nuestros empleados".

Este activismo fue habitual en estos últimos tiempos: en Amazon, Salesforce, Pinterest y otros se han hecho más oír en asuntos como la diversidad, la discriminación salarial y el acoso sexual.

Pero en Google estas demandas fueron más importantes. Hay que recordar que en 2018, más de 20.000 empleados organizaron una manifestación para protestar por el acoso sexual. En otras oportunidades, se han opuesto a decisiones empresariales que consideraban poco éticas, como el desarrollo de inteligencia artificial para el Departamento de Defensa y el suministro de tecnología a la Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras de los Estados Unidos.

Pero, y como sucede en la Argentina, los sindicatos tiene dificultades para hacer pie en Silicon Valley, dado que temas como el salario no es problema en una industria de altos ingresos. Los sindicatos habituales allí no estaban preparados para "ponerse al hombro" temas relacionados con la ética y el rol que tienen los desarrollos tecnológicos en la sociedad. 

"Es cierto que no es lo más común que los trabajos de cuello blanco, como se le dicen o profesionales se sindicalicen. En la Argentina tenemos colegios de abogados, de ingenieros también. De hecho, en IBM cuando empezamos nos dijeron que teníamos que hacer un colegio en algunos sectores. Los senior, los de más antigüedad, pero bueno nosotros entendíamos que tiene que ser un sindicato por la capacidad de acción que tiene", expresa Ignacio Lonzieme, secretario general de Unión Informática, que este en marzo de este año cumple su décimo aniversario. 

"Creo que es algo muy bueno. Hay que celebrar que se organicen en Google. El sindicato además creo que, como también se dice acá, tiene que estar en la s cuestiones de género y cuestiones laborales del día a día. A veces, si no tenés el amparo de la organización sindical no podés plantearlas porque te despiden. Es una realidad", agrega. 

"Lo que tienen que entender las empresas que la sindicalización es algo inevitable. Tendrían que ver qué puntos tenemos en común. Como la Ley de Economía del Conocimiento e incluso sobre los debates del teletrabajo. Lo vivimos hace rato y hasta ahora lo que ha llegado, lo que me han pasado del decreto reglamentario es bastante pobre. Es muy limitado y va en contra hasta de la propia ley, en algunas cosas. Entonces, creemos también que se normalicen las relaciones laborales en la informática no van en contra de la competitividad sino todo lo contrario. Es necesario que haya madurez de parte de todos los actores que componemos la industria: el estado, la empresa y los trabajadores. Hay que aprovechar la oportunidad para no cometer los mismos errores de otras actividades. No han hecho más que perjudicar a la economía, al trabajo, al capital y en definitiva al país."

Protesta de Unión Informática en 2018 frente al Ministerio de Trabajo.

Qué pasa en la Argentina

El principal sindicato dedicado específicamente a la tecnología es Unión Informática aunque en cantidad de afiliados se vean superados por el Sindicato de Empleados de Comercio que tienen una inserción razonable dentro de las grandes empresas del sector, como IBM, Accenture y otras. 

Dado que en el país hay sindicatos por actividad, el más parecido al sindicato estadounidense es justamente Unión Informática, que por el momento tiene personería simple pero no puede discutir convenios colectivos por actividad, aunque sí discuten acuerdos particulares en algunas empresas donde tienen representatividad. "Discutimos y pudimos cerrar acuerdos en startups y empresas de desarrollo de software de Buenos Aires y Santa Fe", cuenta Lonzieme. 

"La discusión es si hay o no actividades nuevas", recuerda el abogado laboralista Juan Carlos Cerutti. "Es decir, si los sindicatos actuales pueden representar a una nueva actividad o si tienen que constituirse unos nuevos. Esto pudo verse cuando apareció una nueva actividad como la del reparto vía app de delivery", desarrolla.

Cerutti recuerda lo que sucedió en la década de 1990 con Camioneros, que apostó al conflicto para quedarse con los empleados que manejaban los camiones de los grandes supermercados de superficie. Al final, se determinó que cada sindicato, cada actividad, puede tener su personal de transporte. 

Este conflicto se reeditó en los bloqueos que Camioneros realizó en las distintas plantas de distribución de la empresa MercadoLibre en el AMBA, que se catalogó como "conflicto entre sindicatos" pero que detrás esconde (además) un nuevo debate: la afiliación sindical y el marco laboral de más de mil trabajadores en el Centro de Distribución que MELI tiene en Villa Madero.

La planta logística que tiene Mercado Libre en Villa Madero, provincia de Buenos Aires.

Los primeros empleados fueron afiliados directamente a la Unión de Trabajadores de Carga y Descarga, gremio que conduce Daniel Vila, cercano a Luis Barrionuevo, tras un convenio colectivo especialmente diseñado y que fue homologado por Dante Sica, por aquel entonces ministro de Producción y Trabajo de Mauricio Macri.

Como el negocio se expandió, ahora hay más de 12.000 personas trabajando allí que están alcanzadas por el acuerdo, pero los Moyano (Hugo y Pablo) los reclaman para si.  El convenio colectivo 40/89 que rige la actividad de transporte alcanza, entre otros rubros, a los bienes, al transporte de caudales, los combustibles, la recolección de residuos y las tareas de correo y logística.

Ahora el acuerdo está en la Justicia, mientras -cada tanto- Camioneros realiza manifestaciones en Villa Madero y otras instalaciones de Mercado Libre.

Un conflicto similar se da entre Bancarios y Mercado Pago.  La Asociación Bancaria de Sergio Palazzo también cuestionó el modelo de negocios Fintech, que según él ejercen una "competencia desleal" con los bancos tradicionales al evadir los convenios laborales vigentes de la actividad financiera. Las cámaras empresariales que reunen a las instituciones bancarias están de acuerdo en este punto. 

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