Emprendedores

El venezolano que llegó a Argentina con u$s 200 y ya es jefe de la empresa favorita de Galperin

El que quiere, puede: un chico que llegó cargado de deudas y hoy brilla en una de las empresas que más creció en 2020. La historia de Carlos Báez, un venezolano que llegó a la Argentina a los 23 años e hizo realidad su sueño.

¿Puede cambiar la vida de una persona en tan solo dos años? La respuesta es claramente sí pero en estos tiempos oscuros no está de más tenerlo presente. Es lo que le sucedió a Carlos Báez, venezolano de nacimiento, que el 22 de enero de 2018, y con tan solo 23 años encima, llegó a la Argentina "con una mano atrás y otra adelante", como reza el dicho.

Hoy, este ex estudiante de segundo año de la carrera de Administración de empresas en la Universidad Católica del Táchira que dejó todo atrás para buscar un futuro mejor para él y su familia, es el jefe de Operaciones en Treggo, la plataforma que ofrece envíos urbanos inmediatos, que deja atrás un 2020 récord en sus cinco años de historia: quintuplicó su operación en cuarentena y experimentó un crecimiento de un 455% durante las fiestas. Es una de las soluciones logísticas preferidas entre los vendedores de Mercado Libre.

Ya desembarcó en Uruguay hace unos meses y está llegando a México. Asimismo, proyecta llegar a otros cuatro países y facturar US$ 9 millones durante 2021.

Carlos tenía en total 220 dólares consigo y una deuda en Venezuela -producto de una estafa- y muchas ganas de trabajar. "La primera semana estuve haciendo documentos para estar legal como residente y a los 15 días comencé a trabajar en una heladería como cadete y delivery. En aquel momento ganaba poco pero me alcanzaba para los gastos; ahí estuve seis donde aprendí muchas cosas y logré conocer lo que era ser inmigrante", recuerda este muchacho que en su país natal trabajó haciendo lo que hacía falta para mantenerse a él y a su esposa: compraventa de divisas, comercialización de tarjetas de crédito, ayudar en el emprendimiento familiar y hasta trabajar en una heladería.

"Mi vida en Venezuela era muy simple, desde los 18 años era independiente y en ningún momento me faltó nada en la casa pero poco a poco la situación del país se fue tornando cada día más difícil debido a la inflación", relata, para agregar inmediatamente: "Desde Venezuela sabía que podía mantenerme tranquilo en mi día a día, pero teniendo en cuenta que no iba a poder progresar ejemplo, comprar un auto, una casa o mantener una familia por mi propia cuenta".

De la noche a la mañana

La historia de Báez en Rappi.

Todo lo que siguió en la vida de Carlos fue rapidísimo: empezó a trabajar como repartidor en Rappi, lo que le daba verdadera independencia pero lo dejaba a la inclemencia de los factores climáticos y a la inestabilidad económica de un trabajo que es minuto a minuto. Fue en esos tiempos cuando la vida, el destino, Dios, o la casualidad lo cruzó con Matías Lonardi, CEO y cofundador de Treggo.

Así cuenta la historia Carlos: "Rappi te bloqueaba la app y no te dejaba tomar viajes cuando tenías mucho efectivo en mano y únicamente te hacía tomar viajes con tarjeta de crédito, y un día me tocó un reparto en efectivo y luego el bloqueo. Tras 30 minutos de espera, decido dejar de trabajar por ese día pero acompañé a un amigo, Álvaro Gómez [hoy operador logístico en Treggo] a dejar un pedido en avenida Las Heras y Ugarteche porque quedaba de paso al departamento donde vivíamos. Allí le entregamos el pedido a Matías y nos habló de Treggo, de que podíamos hacer algo extra y salió el tema de los helados porque él estaba intentando importar unos helados tailandeses llamados Cream Roll, así que intercambiamos números de teléfono".

La semana siguiente con Treggo hizo tres delivery como socio y a los días Lonardi les habló a ambos para capacitarlos y hacer los helados tailandeses. Los dos dejaron el trabajo en Rappi cuando abrió el primer local de Cream Roll en Pilar pero tenían que trabajar cuatro horas ida y vuelta día por medio para hacerlo. 

Pero esto no era suficiente para Carlos, que le pidió a Matías más trabajo. Así fue como comenzó a ir a Treggo los días libres de la heladería para conciliar unas 100 cuentas con la ayuda de Nicolás Torchio, el CTO de la empresa.

Un trabajo complejo pero con un final positivo: al poco tiempo Carlos estaba trabajando full time en Treggo como operador logístico, un puesto creado a la medida para él.

En la actualidad, Báez es el jefe de Operaciones, lo que significa que está a cargo -él y su equipo de nueve personas- de que toda la operación de la compañía funcione correctamente en Argentina y Uruguay, supervisa para eso que los paquetes lleguen en tiempo y forma, controla el depósito, autoriza -junto al equipo comercial- las altas de los clientes que van a comenzar a usar el servicio cross dock (consolidar pedidos de diferentes procedencias para enviarlos juntos sin necesidad de un depósito permanente) y puerta a puerta que ofrece Treggo, analiza y autoriza junto al equipo de desarrollo todas las implementaciones que se requieren en la app para mejorar y optimizar tiempos, y trabaja en conjunto con el equipo de facturación para lograr que se facture los primeros tres días de cada mes.

A finales de 2019, Treggo no llegó a materializar el despliegue de un depósito propio donde concentrar sus pedidos y decidieron "ir viendo" los meses siguientes, por lo que la llegada de la pandemia los tomó de sorpresa, operando solo en CABA y el corredor norte, por los que el depósito que utilizaban -de 400 metros cuadrados- rápidamente les quedó chico con las demandas producto del crecimiento del e-commerce el año pasado.

Por eso, y para manejar los más de 100 clientes y la ampliación del radio de cobertura (que ahora incluye todo Gran Buenos Aires hasta La Plata) pasaron a un depósito de 1600 metros cuadrados y el equipo se amplió a 20 personas.

En el orden de lo personal, Carlos tuvo la posibilidad de hacer un viaje a su país natal en diciembre de 2019, casi dos años después de irse, para ver a su familia y traerse a su esposa, "una de las mejores cosas que me han pasado desde que estoy en Treggo", dice, conmovido.

Carlos Baez, hoy con 25 años, no sabe lo que le depara el futuro pero sí sabe que quiere seguir tomando retos que impliquen, sí o sí, aprender o hacer algo nuevo todo el tiempo.

Tags relacionados

Más de Zona Home Especiales