Phil Libin, CEO de Evernote: "La meta es ser un start up que dure 100 años"

El número uno de la firma que busca convertirse en una extensión de la memoria humana habla de los comienzos de la compañía y de sus planes para América latina.

16 de Abril 2013
Phil Libin, CEO de Evernote: "La meta es ser un start up que dure 100 años"




Phil Libin es el creador y CEO de Evernote, una de las empresas online que creció con fuerza en 2012. Evernote, con base en California, Estados Unidos, está en el particular negocio de extender la memoria de los hombres, de recordar todo, se trate tanto de un detalle pequeño como de un suceso importante. Es un sistema que permite guardar, indexar y hacer accesible en todo momento la información desde una computadora, un celular o una tableta.

De visita en París durante la conferencia LeWeb, una de las conferencias más importantes a escala mundial sobre las nuevas tecnologías, Libin (que en el pasado creó start-ups como CoreStreet y Engine 5) habló en exclusiva con Information Technology sobre el desarrollo de su empresa, sus temores, los planes para América latina y sus consejos para quienes se lanzan a emprender.

El año pasado fue crucial para Libin y su empresa. En mayo recaudaron U$S 70 millones de diferentes inversores y a finales de noviembre lograron sumar otros U$S 85 millones. Hoy Evernote cuenta con más de 50 millones de usuarios, de los cuales el 5 por ciento accede al servicio pago. El fuerte de la empresa es su modelo “freemium”: de manera gratuita, los usuarios acceden a los servicios básicos, pero con límites mensuales en cuanto a la capacidad de almacenamiento de archivos y su accesibilidad. Pero si el cliente paga por el servicio, puede ampliar esas capacidades y obtener un mejor soporte, entre otras ventajas.

phillibinevernote

Si los usuarios aumentaron, también lo hizo el personal de la empresa. En menos de un año se triplicó la dotación de Evernote y llegó a los 300 integrantes, dispersos en varias ciudades del mundo, más allá de la californiana Redwood, como Tokio, Pekín y Zurich. La firma está en plena etapa de expansión y sus ojos están puestos en América latina, particularmente en Sudamérica. Evernote ya abrió una oficina en Brasil y otras le seguirán en los países vecinos.

¿Cómo fueron los primeros años de Evernote?

Cuando comenzamos teníamos pésimas experiencias con los capitales de riesgo. Visitábamos a los inversores, les explicábamos que estábamos haciendo un software que permitía ayudar a la gente a recordar cosas, les pedíamos millones de dólares y nos cerraban la puerta. No pudimos recaudar nada durante nuestro primer año y medio. La principal fuente de capital provenía de nuestros propios bolsillos y de amigos y familiares. Los primeros inversores fuera de nuestro círculo íntimo fueron aquellos que ya usaban Evernote y sentían que la experiencia era muy buena. No podíamos convencer a ningún inversor a menos que hubiera usado antes Evernote. Los inversores institucionales llegaron después, cuando pudimos mostrar buenos resultados económicos, pero eso fue dos años después del lanzamiento, en 2008. A partir de ese momento todos nos querían dar dinero.

Evernote está creciendo rápidamente y el mundo de Internet no para de cambiar. ¿Cuál es su principal miedo?

Mi miedo más grande, o mi preocupación principal, es tratar de mantener la esencia de un start-up a medida que crecemos. La meta es ser un start-up que dure 100 años. Queremos construir una empresa seria y durable pero con el espíritu de una que empieza. Triplicamos nuestro personal este año y ahora somos 300. Creo que para finales de 2013 llegaremos a 500 y para 2014 habrá 1.000 empleados. Incluso si alguna vez tenemos 20.000 empleados quiero que sigamos siendo como un start-up.

¿Y cómo se logra eso?

No lo sé. Ahí reside el mayor riesgo. No es fácil pero tampoco es imposible. No queremos volvernos una compañía estúpida, lenta, que toma decisiones tontas. Evernote es nuestra misión en la vida. No la queremos vender, ganar plata e irnos. Mi principal pesadilla es llegar a la oficina y darme cuenta que hay un empleado de Evernote que está haciendo algo y no sabe por qué lo hace. Y se dice a si mismo: “Hago esto solamente porque me dijeron que lo hiciera”. Tengo miedo de que una persona esté pensando algo así. Eso pasa cuando una persona no entiende por qué hace lo que hace y significa que ya no es un start up, sino una gran compañía. Es el principal sentimiento presente en las grandes compañías y tenemos que evitarlo. Nadie puede trabajar en Evernote sin saber o entender el impacto de su trabajo en los millones de usuarios.

¿Qué representa América latina para Evernote?

La región será una prioridad durante este año. Lo que nos atrae es la creatividad y la innovación que vemos ahí, además de la gran concentración de emprendedores. Ya hemos abierto una oficina en San Pablo, pero estaremos haciendo más cosas en Chile, Colombia y la Argentina, donde observamos que hay un gran potencial. Creo que la siguiente generación de aplicaciones y servicios que cambiarán el mundo, el próximo Facebook o Google, no vendrán del Silicon Valley sino de los grandes centros densamente urbanos. El Silicon Valley es como una granja, muy bucólico. El estilo de vida de las grandes ciudades es completamente diferente. Todo está concentrado, todo es vertical, las relaciones sociales son diferentes. Todavía no hay una aplicación perfecta para esta experiencia híper-urbana y creo que debería haberla. Nosotros queremos estar en estos centros de actividad que se encuentran principalmente en América latina y en Asia.

¿Cuál es su consejo para los emprendedores que se lanzan hoy?

Mi principal consejo es que no lo hagan, de hecho he escrito sobre eso. Antes de lanzarse deben preguntarse por qué quieren hacerlo. La mayoría de la gente que se vuelca a ser emprendedor lo hace por malas razones. El peor motivo es el dinero, porque muchos creen que pueden amasar una fortuna y no es verdad. El 99 por ciento de las empresas fallan. Si se hace por esa razón, mi mejor consejo es que se eviten las enormes dificultades de ser un emprendedor. Si alguien es inteligente, creativo, con mucha energía y quiere maximizar el dinero que ganará en su vida, no debe lanzar su propia empresa. Puede conseguir un trabajo bien pago, como banquero, ingeniero, médico o consultor, y quedarse ahí por 20 o 30 años. Las probabilidades indican que como emprendedor uno trabajará 18 horas por día durante 10 años y no necesariamente ganará dinero.

¿Y entonces? ¿Por qué emprender algo?

Para construir algo para generar un cambio, algo que te apasione, para uno mismo. Porque si se lo hace de esa forma, es la mejor manera de hacer algo relevante. Ahora es el mejor momento en la historia del mundo para realizarlo, porque vivimos en plena meritocracia. No se debe hacer algo pensando en lo que el mercado necesita, porque ésa es la sabiduría comercial, que hoy es el camino incorrecto. Era verdad hace cinco años. En el presente, si hacés algo para vos y es muy bueno, podés hacer que todo el mundo lo conozca y pague por eso, gracias a las redes sociales y las tiendas online. Pero hay que embarcarse sabiendo que tal vez no se ganará ni un centavo. Si alguien tiene éxito y logra hacer fortuna, entonces felicitaciones, pero es raro. Yo tuve mucha suerte: Evernote es mi tercera compañía, pude vender las otras dos y Evernote está haciendo dinero.

¿Qué podemos esperar de Evernote en el futuro cercano?

Queremos no sólo ser tu memoria sino hacerte aún más inteligente. Nuestra idea es que Evernote sea tu cerebro externo y ayudarte a recordar cosas y a tomar mejores decisiones. Una de las maneras es haciendo que Evernote sea menos introspectiva y que se vuelva más colaborativa, compartiendo parte de la información con tus colegas. También acabamos de lanzar un cuaderno físico, clásico, donde uno puede tomar notas como siempre lo ha hecho. Y luego, desde tu teléfono, se puede tomar una foto de las notas usando la aplicación Evernote, que las sube a tu cuenta, la convierte en texto virtual y la hace accesible desde todos tus aparatos conectados. El objetivo es acercar el mundo real al virtual.

Artículo publicado originalmente en la edición N°186 de Information Technology (Marzo 2013)
 



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