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Gobierno abierto en la Argentina: cómo son los principales proyectos

 Qué desafíos enfrentan las políticas que promueven el libre acceso a datos de gestión pública. Los casos de Bahía Blanca, Buenos Aires y Misiones.

Por Mariano Wolfson - 20 de Febrero 2014
Gobierno abierto en la Argentina: cómo son los principales proyectos

 


Los nuevos conceptos relacionados con la sociedad de la información a veces nacen con demasiada pompa, pero para adquirir sentido deben ser llenados con experiencias que den forma a sus potencialidades más interesantes, y que puedan dar respuestas a demandas concretas de la gente. De otra forma corren el riesgo de desvanecerse en el laberinto de las modas. “Gobierno abierto” se define como un nuevo paradigma en gobierno electrónico que se basa en tres principios: transparencia (promueve la rendición de cuentas mediante el suministro de información a ciudadanos, ONGs y empresas); participación (permite que ciudadanos contribuyan con ideas y experiencia) y colaboración (alienta la cooperación entre distintos niveles de gobierno y con instituciones privadas y otros actores de la sociedad). “En la práctica sirve para hacer accesible a la ciudadanía información sobre cómo trabaja un gobierno, promover la participación en la toma de decisiones y aumentar las oportunidades para el compromiso; hacer que la inversión pública y el gasto sean más transparentes y usar la tecnología para mejorar la vida de los ciudadanos”, sostiene Elsa Estévez, especialista del Centro de Gobernanza Electrónica de la Universidad de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

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Crédito: Fotolia


¿Ahora bien, qué clase de transformaciones provoca este concepto? “Una visible e inmediata es la gran cantidad de datos de gobierno que se publica y que permite, por ejemplo, la prestación de nuevos servicios por actores estatales o no”, argumenta Estévez. Y agrega: “Las relacionadas con la transparencia, entretanto, son a largo plazo y tienen que ver con la construcción de confianza”.

La idea de gobierno abierto surgió a partir de un memorándum firmado por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en 2009, “en el cual se comprometía a crear niveles de apertura sin precedentes. Siguiendo esta idea, en 2011 ocho gobiernos —Brasil, Estados Unidos, Indonesia, México, Noruega, Filipinas, Reino Unido y Sudáfrica— establecieron la Alianza de Gobierno Abierto. Luego se sumaron 60 países, de los cuales 55 cumplieron con los compromisos (entre ellos la Argentina) y cinco están desarrollándolos”, dice Estévez.

En 2012, la Argentina firmó la intención de participar en la Alianza a través de la Jefatura de Gabinete de Ministros y este año presentó su plan de acción. A principios de mes lanzó el Portal Nacional de Datos Públicos. Según Estévez, ejemplos de iniciativas ya implementadas serían “la Agenda Digital, el Sitio del Ciudadano —que provee información sobre cuentas públicas fiscales— y la Red Argentina de Presupuesto Participativo, que cuenta con 47 experiencias”. Y entre las iniciativas a implementar figura la creación de un portal con información presupuestaria, de licitaciones y contrataciones públicas, salarios y otra información general del Estado.

Escala comunal

Los datos abiertos deben publicarse en formatos “legibles por máquinas”, mostrando su fuente de origen. Un caso representativo es el de Bahía Blanca, en el cual tuvo mucho que ver una iniciativa voluntaria: “Bahía Blanca fue tal vez la primera ciudad argentina que publicó las compras a proveedores en su web, ya desde el año 2000. Pero lo que mostraba era una lista de órdenes de compra —cuenta Manuel Aristarán, actual becario del programa OpenNews de la Fundación Mozilla—. Entonces desarrollé una herramienta, que plasmé en el portal gastopublicobahiense.org, para mostrar la información de compras directas de modo tal que se pudieran hacer resúmenes y búsquedas más sofisticadas. La hice con herramientas open source y libres (lenguaje Phyton, base de datos PostgreSQL y framework Dyango)”.

Inicialmente, la Municipalidad (liderada en ese entonces por Cristian Brenstenstein), ignoró esta herramienta. “Pero al año rediseñó su web e introdujo un captcha en la sección de transparencia, con lo cual bloqueaba el acceso a medios automáticos. Evidentemente no querían que esos datos fueran examinados con otra herramienta que no fuera la de ellos”, señala Aristarán.

En julio del año pasado, el intendente interino que tomó la posta del gobierno (Gustavo Bevilacqua) creó una Secretaría de Innovación y Gobierno Abierto: “Ahí cambió el enfoque: pasaron a colaborar con el proyecto, entregando la información en formatos legibles. Hoy la Municipalidad incluye la iniciativa en su sitio, como un proyecto independiente”, dice Aristarán.

La Agencia de Gobierno Abierto de Bahía Blanca es transversal a las demás secretarías, “y puede acceder a cualquier sistema del Municipio sin pedir autorización —asegura su titular, Esteban Mirofsky—. El primer objetivo era abrir los datos de la gestión desde el departamento ejecutivo. Incorporamos a gastopublicobahiense, que de algún modo audita nuestras compras. Y en la parte de medio ambiente —un tema muy crítico por el polo petroquímico—, hicimos un evento para abrir los datos de los estudios de impacto (que siempre habían sido confidenciales), y se creó una plataforma que está próxima a ser lanzada, con participación del Municipio, la Universidad Nacional del Sur, la Universidad Tecnológica Nacional, Garage Lab y ONGs locales”.

“Gobierno Abierto no puede ser algo a medias. O mostrás todo, o nada”, afirma Mirofsky. La Municipalidad involucró actores externos para legitimar la apertura “y para que nos den su visión —continúa el funcionario—. Dentro de la plataforma tenemos los datos abiertos por un lado y los servicios por otro. Como en Bahía Blanca no existe una comunidad de desarrolladores tan grande como en Buenos Aires, estamos incentivando la creación de servicios sobre los datos abiertos (para que se reutilicen). Por ejemplo, la flota de la municipalidad (unos 80 o 90 vehículos) tiene seguimiento y eso también se abrió al público: es posible entrar al portal y ver por dónde andan los regadores, vehículos de saneamiento, de salud y emergencia. Y esta misma plataforma se usará para mandar un SMS a la gente que está inscripta en el servicio para avisarles cuándo pasará el vehículo de recolección. Además, estamos firmando un acuerdo con las universidades para que las carreras de Exactas hagan las tesis finales con los datos abiertos”.

Según Mirofsky, hoy casi todo el departamento del ejecutivo tiene sus datos abiertos —compras, licitaciones, información de medio ambiente, ingresos en tiempo real—. “Si un vecino paga un impuesto, automáticamente sube la recaudación y se ve online”, afirma. El portal se lanzó en octubre de 2012, para lo que se contrató la plataforma Junar para hacer la apertura, por la cual el Municipio paga U$S 850 por mes. “Optamos por Junar porque la información está en la nube y no requiere instalar nada”, explica Mirofsky. El portal tiene además otra plataforma de servicios desarrollada sobre Wordpress. El departamento de Sistemas, que depende de la Secretaría, cuenta con nueve programadores que desarrollaron web services para conectar Junar con todos los sistemas del Municipio (que son más de 20).

No tan abiertos

A comienzos del año pasado, la administración porteña lanzó la iniciativa de Gobierno Abierto y creó Buenos Aires Data (data.buenosaires.gob.ar), un portal donde se publican datos y visualizaciones “en formato reutilizable y procesable por una máquina”. La ciudad no publica en el catálogo datos de compras y presupuestos, por ejemplo. “Esa es información que aparece en los boletines oficiales. Existe una ley de acceso y una oficina encargada de transparencia, con lo cual cualquiera puede reclamarla allí”, justifica al respecto Rudi Borrmann, director General de Gobierno Abierto del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

“Como vimos que había que generar tracción para que la comunidad reutilice los datos abiertos, a fines del año pasado lanzamos un concurso de aplicaciones. Y se gestaron 50 soluciones que se pueden ver en el sitio. Así se acelera la innovación y se mejoran los servicios, y a la vez algunas aplicaciones pueden volverse exitosas y generar un negocio”, dice Borrmann. Y agrega: “Descubrimos que la Ciudad tiene una rica comunidad alrededor del tema de los datos. Entonces creamos un laboratorio de innovación, que es un espacio de trabajo colaborativo para acelerar la interacción con la comunidad y construir productos y servicios más rápidamente”.

Para mostrar datos, el gobierno porteño utiliza la plataforma de código abierto CKAN (un desarrollo de la ONG Open Knowledge Foundation), con un diseño realizado por programadores de la dirección de Gobierno Electrónico. “Tenemos dos web services, que son los del mapa de la ciudad (que tiene todas las capas geográficas para construir arriba de él) y el de agenda cultural (permite armar cualquier app que llame directamente a los eventos). Borrmann reconoce que esta iniciativa llega a un público muy de nicho: “Pero si, tal como sucedió en el último hackaton, podemos sentar a un responsable de discapacidad, a una universidad que trabaje con estos temas y a una fundación, y se ponen a trabajar en un prototipo que funcione, estamos pegando un salto que en gobierno llevaría mucho tiempo concretar”, argumenta.

La edición original de este artículo se publicó por primera vez en la revista Information Technology N°191 (agosto de 2013).

 



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