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La próxima estación

 Las empresas de software buscan dar un salto de calidad para generar productos que puedan competir a escala global. ¿Dónde están las oportunidades?

Por Bruno Massare y Mariana Pernas - 02 de Noviembre 2012




El combo que conformaron el aumento de salarios, la escasez de personal especializado y el cierre de algunos mercados internacionales plantearon un camino difícil de transitar para muchas empresas del sector de software y servicios informáticos (SSI) en la Argentina. Frente a un escenario que no parece tener retorno al de hace una década, la solución está en la reconversión (ver nota de págína 44, “De corto y largo alcance”).

“Los más complicados son los que están en la parte inferior de la cadena. Los call centers y el outsourcing puro, obviamente, quedaron más expuestos. Y lo que es el servicio básico de programación, la venta de horas. En 2003 y 2004 se negociaban tarifas de U$S 12 a U$S 15 la hora, mientras que hoy está entre U$S 40 y U$S 45 la hora de programación local por los sucesivos aumentos de sueldos”, explica Carlos Pallotti, presidente de la Fundación Clementina y ex titular de la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos (CESSI). Y agrega: “Está pasando lo que en algún momento algunos pensamos que tenía que suceder: que las empresas tienen que pasar de vender líneas de código a vender proyectos, servicios de valor agregado”.

Santiago Ceria, director de la Fundación Sadosky, asegura tener una visión optimista: “Por más que tengamos costos más altos que algunos países, siguen siendo más bajos que los de los países centrales. La demanda de profesionales sigue siendo estable y no tengo dudas de que el sector va a seguir creciendo”. Ceria coincide con Pallotti en que “se terminó la época de tener recursos calificados a bajo costo, dado que la Argentina ya recuperó niveles salariales. Ahora debemos buscar tener una industria de software más sofisticada y eso es posible, entre otras cosas, a partir de una mayor vinculación con el sistema académico, de que los trabajos que se hacen en el ámbito académico se vuelquen al sector productivo”.

“Hoy hay muchos más proyectos de menor inversión, producto de sectores del mercado que son los más postergados”, apunta José María Louzao, presidente de la CESSI y CEO de G&L Group. Con respecto al aumento de costos laborales, asegura que “no me asusta que ganen muy bien nuestros empleados. A lo que aspiro es que tengamos una pirámide consistente, con sueldos acordes a cada calificación. Que arriba tenga a los ingenieros, a los doctores y no que tenga a gente muy calificada programando cosas básicas. Este va a ser un país de software ‘boutique’, nunca vamos a ser India”.

Según Louzao, el desarrollo de verticales productivos y el rol del Estado como comprador son dos vías a desarrollar para mantener el crecimiento a futuro. “Actualmente, sólo el 6,7 por ciento de las ventas del sector de software son al Estado. Es una asignatura pendiente, sobre todo cuando vemos que en otros países esa proporción está en el 13-15 por ciento. Cuanto menor es el desarrollo, menos venta hay al sector público. Se están tomando muchas medidas para que esto cambie y recientemente firmamos un convenio con Ar-Sat. Gran parte del crecimiento de la industria del software debería venir de lo que es el crecimiento del Estado.” “Lo que más radicalmente cambió en estos últimos tiempos fue que el Gobierno empezó a desarrollar tecnología para generar políticas. Nadie se imaginaba hace diez años que se iba a empezar a desplegar una red nacional de fibra óptica, a desarrollar la televisión digital terrestre o a implementar un plan como Conectar Igualdad. Hay un nuevo actor que cambió las reglas y el sector del software debe participar de ese nuevo escenario, pero las empresas van a tener que demostrar que pueden jugar ahí”, sostiene Gabriel Baum, investigador de la Facultad de Informática de la Universidad Nacional de La Plata.

¿Adónde ir?

Con unas exportaciones que crecieron sostenidamente durante la última década (para este año están previstas en U$S 822 millones), las empresas de software también deben repensar su estrategia en función de mercados que no son tan demandantes como antes, como el caso de Europa. En el medio, se suceden las misiones del Gobierno nacional a destinos menos convencionales, como fue el polémico caso de Angola. “A Angola fueron dos personas por la CESSI. Va a ser un buen comprador recién después de dos años, porque si no tenés Internet menos vas a tener software. Pero son lugares donde es bueno empezar a tener una presencia”, dice Louzao. “Se ha hecho un buen trabajo con Cancillería. Vender software no es lo mismo que vender caramelos o vinos: el proceso de venta en el exterior no demora menos de nueve meses o un año”, completa.

“Nosotros tenemos que ir a Londres y a Dubai. Yo estuve ahí, es el lugar donde tenemos que vender aplicaciones. No podemos vender lo mismo que vendemos en Angola o en España, pero los contratos que se pueden ganar son distintos. A muchos empresarios no nos da el cuero para hacer una misión ahí, a veces no sabemos qué puertas golpear. Pero un gobierno sí puede hacerlo, son necesarios esfuerzos comerciales en ese sentido”, reclama Pallotti. Según Louzao, se está planificando una misión a Dubai en el corto plazo. Mientras tanto, cree que hay que redireccionar la mirada hacia América latina. “Hay un cambio necesario en los destinos de las exportaciones. “Todo lo que se exportaba a Europa se está transfiriendo a América latina, donde hay una demanda insatifecha en ciertos sectores, como en las administraciones públicas. Hay destinos que pueden ser una oportunidad. Desde la Argentina se está exportando sofware a El Líbano, por ejemplo. En Estados Unidos seguimos siendo competitivos pero a nivel de soluciones, ya no a nivel de software factory”, agrega.

Con respecto a Brasil, un mercado tan cercano como tradicionalmente esquivo para las empresas de IT locales, el titular de la CESSI considera que hay una gran oportunidad y que la Argentina es competitiva con respecto al país vecino. “Un programador en Brasil gana entre U$S 6.000 y U$S 8.000. Somos competitivos frente a esos salarios. Pero no es algo que hayamos atacado agresivamente salvo en los últimos dos años. Yo tengo buena relación con las cámaras. Ellos exportan el 2 por ciento de su producción de software y el resto es mercado interno. Es un ámbito muy nacionalista y hace falta entrar asociado o aliado a una empresa brasileña. Hay empresas que lo han logrado y, por ejemplo, el Polo IT de Corrientes les está vendiendo. Es un país que está cambiando mucho y saben que necesitan que les provean inteligencia y conocimiento”, sostiene.

En busca del foco

Baum fue uno de los responsables del proyecto de prospectiva que derivó en la publicación en 2009 del “Libro Blanco de la Prospectiva TIC. Proyecto 2020” (ver Information Technology N° 148, de diciembre de 2009), con el apoyo del Mincyt. Allí se establecían una serie de áreas estratégicas de las TICs en la Argentina, definidas a partir del aporte de alrededor de 150 especialistas. “Quedó desactualizado porque lo empezamos a pergeñar con debates en 2007. Pasaron muchos años… aunque ciertas cosas siguen estando vigentes, como el hecho de que hay que meterle tecnología al agro y a la salud”, dice Baum.

“Es necesario buscar focos. El Libro Blanco terminó generando una serie de recomendaciones que no se plasmaron en acciones concretas. Nunca terminó de pulirse cuáles eran los nichos en los que Argentina debía concentrarse. Esto es porque nos cuesta definirnos. Y ahí sí claramente tiene que haber una mano del Estado. Por ejemplo: Mendoza es un excelente lugar para desarrollar software relacionado con vitivinicultura. O en San Juan con el tema de minería. Hacen falta empresas proveedoras de tecnología para la industria. Si alguien hace un ERP en Mendoza, bueno, tal vez el Estado debería ayudarlo a reconvertirse. Por alguna razón o por otra ha costado identificar estos nichos y avanzar en políticas para explotarlos”, dice Pallotti.

Sin embargo, el presidente de la Fundación Clementina cree que “la industria se ha movido casi imperceptiblemente hacia algunos nichos, como el de videojuegos, publicidad interactiva y contenidos dinámicos. Hay un conjunto de empresas ahí que ha ido encontrando su foco de especialización. Un segundo foco que se está produciendo es lo que llamo la especialización en la industria de Internet: comercio electrónico, e-learning, portales, redes sociales. Son empresas que desarrollan tecnología y que se están consolidando”.

Ceria, de la Fundación Sadosky, dice que le parece bien buscar áreas prioritarias donde la Argentina tiene una diferenciación por capacidades o industria, pero “tengo algunas reservas al respecto, porque a veces se van dando ciertos procesos naturales y los emprendedores van encontrando su lugar”. Ceria cree que “la industria del software argentino debe expandirse más allá de los sistemas de información y servicios financieros, que en los años ochenta se hizo muy importante por los vaivenes de la economía y posteriormente con la privatización de empresas en los noventa. Hubo un desarrollo bastante más chico en otros nichos, desde software de base, embebido y sistemas en tiempo real. Creo que hay una oportunidad para fortalecer ese tipo de desarrollos”.

Desde las empresas, Guibert Englebienne, CTO y co-fundador de Globant, considera que no se puede esperar a que se defina una especialización. “Hoy la Argentina es uno de los primeros cinco destinos de desarrollo de software en el mundo. Estos últimos años nos han ayudado mucho, pero no podemos esperar a generar un consenso en cuanto a la especialización en una determinada área, como algo definido desde arriba. Se ha globalizado mucho el acceso a las oportunidades y cada organización puede encontrar su propio nicho para agregar valor. La industria de software también debería apoyarse en la experiencia de emprendedores de otros segmentos creativos, como la moda, el arte, el diseño y los videojuegos. Porque la tecnología hoy se vincula con otros segmentos.”

Gabriel Baños, CEO de la desarrolladora de software Zauber, argumenta que la clave es el desarrollo a escala global y menos “comoditizado”. “Hay que entregar cada vez más valor agregado. Que del ciclo del desarrollo de software la mayor parte del trabajo quede en la Argentina: desde la concepción, pensamiento y diseño del producto hasta el desarrollo. Es preciso trabajar con las tecnologías más modernas para hacer productos a escala global, de mayor complejidad y criticidad”, señala el ejecutivo.

Pallotti rescata las políticas que le permitieron a la industria escalar en calificación (a través de estímulos a las certificaciones, como con la Ley de Software, y los programas de capacitación de recursos humanos) y “que permitieron subir un peldaño a nivel mundial”. Pero plantea: “Ahora tenemos a 70.000 tipos trabajando en software. ¿Cómo hacemos para que produzcan más y mejor? Creo que la clave no está en darles plata, sino en darles alicientes o instrumentos para que puedan generar una industria más sofisticada”.



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