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La política versus la ciencia: el voto electrónico y una polémica renovada

Una nueva elección, así como las demoras durante el escrutinio provisorio, trajeron a la palestra la polémica por el voto electrónico. Los expertos afirman, con pruebas, que no es seguro. La visión política y los casos internacionales.

Por SEBASTIÁN DE TOMA - 19 de Octubre 2017
La política versus la ciencia: el voto electrónico y una polémica renovada

Desde que se implementó en Salta (2009) y en la Ciudad de Buenos Aires (2015) —en ambos lugares la implementación la realizo la compañía MSA—, la discusión sobre el voto electrónico queda cada tanto en el centro de la escena. La última de estas polémicas se suscitó luego de que el escrutinio provisorio de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) en la provincia de Buenos Aires, llevado a cabo por la empresa Indra, diera por ganador a Esteban Bullrich (Cambiemos) por una distancia tan exigua sobre Cristina Fernández (Unidad Ciudadana) que hacía prever que el resultado se daría vuelta tras el escrutinio definitivo. El folklore habitual: denuncia de robo de boletas, mesas mal cargadas, actas electorales cargadas de errores, y una larga lista de etcéteras que se asemeja a una letanía de quejas y acusaciones cruzadas.

Más allá de las circunstancias estrictamente electorales que tiñen la polémica, hay de fondo una discusión que no solo es política sino que entra en el terreno de la técnica. La posición de los especialistas en informática es clara: cualquier sistema de voto electrónico es inseguro. No importa si se trata del que se viene utilizando a escala nacional, una boleta de papel térmico con un chip (el voto se imprime en el papel y además se registra digitalmente), o de una máquina de voto de grabación electrónica directa (DRE, por su sigla en inglés).

Los que defienden el voto electrónico “no entienden cuestiones básicas de la informática, donde error y vulnerabilidad es lo mismo, y no es posible generar un software sin errores”, explica Sebastián Uchitel, director del Instituto de Ciencias de la Computación (UBA/Conicet). “Es como no entender los límites de la física, como discutir que no se puede viajar a velocidades arriba de la luz en el espacio. El software tiene leyes que hacen que no puedan resolver el problema del voto electrónico satisfactoriamente.”

En este sentido, Beatriz Busaniche, presidenta de la Fundación Vía Libre y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), desarrolla que está matemáticamente probado que es no es posible construir un sistema de votación electrónica que permita resguardar de manera apropiada los tres principios que requiere nuestro sistema electoral —la transparencia, la integridad y el secreto del voto— porque en computación, que un sistema no presente vulnerabilidades visibles no significa que no las tenga sino que aún no se han encontrado. “No solo sos vulnerable ante ataques sino que además la programación puede contener errores”, dice la especialista.

Beatriz Busaniche vertical
“Una computadora implica poner una caja negra en medio del proceso y votar debería incluir la mayor cantidad de personas posible en el control.”
— Beatriz Busaniche, presidenta de la Fundación Vía Libre.

De hecho, subraya Busaniche, el fallo alemán que en 2009 dictaminó que el uso de urnas electrónicas iba en contra de la Constitución de ese país, dice que cualquier ciudadano debe comprender todo el proceso de votación y que el sistema debería poder ser auditado por alguien que no tenga conocimientos técnicos especiales. “Una computadora implica poner una caja negra en medio del proceso y votar debería incluir la mayor cantidad de personas posible en el control.”

 

Un sistema vulnerable

Antes de las elecciones de la Ciudad de Buenos Aires, que tuvieron lugar en 2015, se presentaron varias denuncias de vulnerabilidades del sistema de votación mediado por la tecnología. Entre varios (Francisco Amato, Iván Barrera Oro, Enrique Chaparro, Sergio Demián Lerner, Alfredo Ortega, Juliano Rizzo, Fernando Russ, Javier Smaldone y Nicolás Waisman) publicaron un paper online que verificaba lo inseguro del sistema, ponía en evidencia los riesgos de su empleo y se contrastaba con el uso del viejo sistema. La mayoría de las vulnerabilidades encontradas están en el chip RFID (identificación por radiofrecuencia, por su sigla en inglés) que incorpora las boletas electrónicas.

Ortega —doctor en Informática e investigador de la compañía de ciberseguridad Avast—detectó que podía votarse muchas veces con una misma boleta y en el mismo acto utilizando un celular (pueden encontrarse en la web un instructivo de cómo funciona un “ataque multivoto”).

Joaquín Sorianello, un desarrollador de software porteño, le informó a la empresa MSA una vulnerabilidad en los certificados de autentificación SSL de las máquinas que iban a transmitirlos datos al centro de cómputos (y se podría generar resultados falsos). Por esto, allanaron la casa del desarrollador, quien fue procesado judicialmente hasta que, el año pasado, la Justicia determinó la inexistencia de delito.

A estos eventos hay que sumar el más cercano en el tiempo: el código fuente de las máquinas de voto electrónico de Salta se filtró a la web el pasado agosto. Hace pocos días se confirmó que era el código original luego de que técnicos informáticos —el hacker Javier Smaldone, supervisado por Ortega y Patricia Delbono, perito forense en informática, en la redacción de la Agencia Télam— ejecutaran en las copias una función conocida como "hash", un algoritmo para garantizarla integridad de ese archivo.

En medio de la discusión, uno de los ejemplos más nombrados (además del alemán) es el de Holanda, que en 2008 dejó de usar el voto electrónico tras dos décadas ya que se comprobó la facilidad de violar el secreto. Fuentes cercanas al Ministerio del Interior argentino, sin embargo, indicaron un posible retorno de ese país al viejo sistema de voto electrónico. Empero, desde el Consejo Electoral Holandés especificaron a INFOTECHNOLOGY que no lo están considerando. “Lo que sí se está considerando es realizar el escrutinio electrónicamente” a través de escáneres ópticos, especifica Heleen Hörmann, coordinadora de Comunicación del Consejo.

No en todos los lugares la discusión es la misma. En los Estados Unidos el sistema DRE está en discusión desde que en el 2000, luego de que asumiera la presidencia el republicano George Bush (hijo), la Corte Suprema confirmará que el ganador había sido su contrincante, Al Gore (demócrata). Sin embargo, allí no hay dudas sobre el sistema en sí mismo, de acuerdo a Lawrence Norden, director del Programa Democrático en la escuela de leyes de la Universidad de Nueva York. En diálogo con INFOTECHNOLOGY, el catedrático comenta que, por un lado, las máquinas de votación son obsoletas (tienen más de 20 años) y por eso solo las usan el 35 por ciento de los distritos electorales (cada uno decide el sistema que va a utilizar). Por el otro lado, desde que se comprobó que Rusia se involucró en hackeos a políticos estadounidenses antes de la elección que ganó Donald Trump en 2016, “hay una gran preocupación acerca de la seguridad”, explica.

 

La cuestión política

Hay que considerar, siguiendo con lo que dice Norden, cuestiones ajenas a la seguridad para comprender de manera cabal una discusión que en ocasiones parece enfrentar a bandos que no se escuchan entre sí. El Poder Ejecutivo Nacional, en 2016, presentó al Congreso un proyecto de reforma del sistema electoral que incluía la utilización de la “boleta única electrónica” (BUE) en todo el país para las pasadas PASO; el proyecto obtuvo el visto bueno en Diputados pero quedó trabado en el Senado a instancias del bloque del Partido Justicialista.

En este sentido, el director de reforma política de la Secretaría de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior de la Nación, Gerardo Scherlis, habló con INFOTECHNOLOGY y dijo que la reforma electoral forma parte de un paquete mucho más amplio que busca evitar las listas colectoras y reemplazar las listas sábanas. “El sistema de votación actual está agotado”, afirma. “Por eso se propuso un sistema de voto electrónico con registro indirecto que prevé auditorías periódicas.”

 “La boleta electrónica combina las mejores características de ambos sistemas: por un lado, la incorporación de tecnología que agiliza el voto y evita el fraude y, por el otro, el soporte papel, que funciona como doble control y permite verificar la coincidencia entre el registro electrónico y el voto impreso”, indicaron fuentes de otro sector del gobierno nacional.

Scherlis admite,sí, que podrían incorporar a la discusión, una vez que pasen las elecciones de octubre, la boleta única en papel en lugar de la electrónica. Lo mismo dijo, palabras más, palabras menos, el jefe de Gabinete nacional Marcos Peña en el Congreso de la Nación el 30 de agosto pasado.

La discusión, al final, es siempre política. Nicolás D’Ippolito (profesor del Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA e investigador del Conicet) se pregunta si estamos dispuestos a dar ese salto de fe. “Los expertos que pueden auditarlo son los primeros que te dicen que no se debería usar. Es como subirte a un avión después de que el piloto te dice ‘no te subas porque se va a caer’.”


Nota publicada en la edición nº 240 (septiembre/2017) de Infotechnology.



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2 Comentarios

ramses2439 Villarreal Reportar Responder

seria interesante y novedoso que como alternativa valida el voto no fuera obligatorio asi terminariamos con los politiqueros vividores

Valentin Ferno Reportar Responder

Una opción podría ser usar boleta única en papel con escrutinio asistido electrónicamente

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