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Inteligencia artificial: no hay humanoides pero si chatbots

Aunque todavía no podemos conversar con HAL900, la computadora sintiente de Odisea del Espacio, sí podemos pedir una pizza, por ejemplo, mediante chatbots. Así lo ve Maximiliano Contieri, fundador de Conversa Lab.  20 de Mayo 2016
Inteligencia artificial: no hay humanoides pero si chatbots

En 1990, yo tenía 17 años cuando hice mi primera Chatterbot (software de conversación simulada). Me había llamado la atención que en mis libros de ciencia ficción superordenadores omnipresentes dominaban el mundo, y los robots (Bots) caminaban entre nosotros como iguales.

No tenía ni idea de programación, así que aprendí algo de códigos básicos y creé un robot, no muy brillante, en mi Commodore 64. Mi primer ordenador tenía un sintetizador de voz muy divertido llamado 'sayit', así que no era realmente importante lo que el bot estaba diciendo, sino más bien los sonidos graciosos que hacía.

El objetivo (algo ambicioso) de mi primer chatterbot era pasar la ‘prueba de Turing’. Se llamaba así en honor a mi héroe Alan Turing, quien creó el término Inteligencia Artificial, incluso antes de que se construyeran los primeros ordenadores.

Mi chatterbot estaba diseñado para utilizar lo que se conoce como Inteligencia Aritificial Fuerte (Strong AI). Primero realizaba una lectura de la entrada o input que realizaba el usuario, y luego debía responder de una manera inteligente. En otras palabras, reconocía y unía patrones coincidentes (yo todavía no sabía que eso se llamaba ‘Pattern Matching’). Era dignamente aceptable.

Así, el adolescente nerd le enseño su invento a sus amigos y familiares, previo haberle ‘enseñado’ a responder frente a textuales específicos. "Si la frase incluye el nombre de mi primo, aconsejale conseguir un mejor seguro para su auto" (chocó varias veces).

Fue precisamente eso. Reconocimiento de patrones para divertirse un rato, y nada más. Me fascinaba que la simplicidad de Eliza (120 líneas de código) lograra engañar a la gente del año 1966 con frases prestablecidas y un contexto psicoanalítico propicio.

Veintiséis años después, tengo un título en Ingeniería Informática. Sigo los últimos avances en inteligencia artificial, aprendizaje automático, procesamiento del lenguaje natural, etc.

El Principio de Aprendizaje Supervisado trata de minimizar el riesgo matemático de decir algo equivocado. Por desgracia, no está claramente definido lo que es "malo" en un contexto de chat, así que no hay soportes basados en vectores o redes neuronales que puedan ayudarnos.

Las computadoras son muy inteligentes para encontrar patrones, para realizar tareas de fuerza bruta y tareas especializadas como jugar al ajedrez. Pero no pueden hablar. La comprensión del lenguaje natural es claramente un tema de ciencia ficción.

Cada año leo las transcripciones del concurso de Loebner, donde los ordenadores tratan de engañar a los seres humanos en una conversación (el mejor impostor gana). Sin embargo, todavía no están ni cerca de la Inteligencia Artificial Fuerte, lo siento.

También veo muchas películas como Her o Trascendence, y series como Black Mirror, pero por ahora están más cerca de la fantasía que de la ciencia ficción.

Así que, ¿Qué podemos hacer? Hay un montón de asistentes virtuales. Todas las grandes empresas tecno tienen su propio Siri (Apple), Cortana  (Microsoft), Alexa (Amazon), Google Now (Google). Pero, ¿podemos hablar con ellos? No. No podemos. Logramos darles un conjunto de comandos predefinidos y elegancia para combinarlos en una respuesta a nuestra consulta.

El juego favorito de mis hijas es burlarse de Siri. Empiezan una conversación con ella y, finalmente, terminan hablando tonterías. Son Millennials. Ellos no quieren hablar con chatterbots estúpidos. Quieren interactuar con una inteligencia equivalente a la del ser humano.

Hay una especie de ‘fiebre del oro’. Telegram, Facebook Messenger, WeChat, y muchos otros, nos dicen que los sitios web han muerto, que las apps para el celular están muertas, por lo que debemos diseñar bots, aunque no tengan una inteligencia artificial demasiado buena, incluso aunque no sepamos bien cómo hacerlos.

Fundé una startup llamada Conversa.lab, porque creo que la interacción entre humanos y robots es cosa del presente (no del futuro). Parte de nuestro tiempo se dedicará a la investigación de la Strong AI. Pero en el mientras tanto, podemos enseñarles a seguir recetas predefinidas y ayudar a las personas con sus tareas. Eso es suficiente para mí. No lo será para mis nietos.

Por ahora, solo podemos hablar con un bot elegante y pedir una pizza simulando una breve conversación.



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