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Online

Cuando compartir se transforma en un negocio

La empresa del momento desembarca hoy en la Argentina. Pero Uber no es un negocio de transporte; inventó toda una categoría basada en el compartir que explota en todo el mundo. 

 

Por Sebastian De Toma - 12 de Abril 2016
Cuando compartir se transforma en un negocio

Uber llegó a la Argentina. Desde el martes comenzó a rodar por las calles de Buenos Aires y, desde ya, su arribo está levantando polvareda. Mucha. Pero Uber, que basa su negocio en una plataforma digital, es sólo una pieza dentro de un puzzle más grande: la sharing economy, o economía del compartir, y en ella la tecnología tiene el papel estelar.

 

Luces y sombras del "modelo" 

La sharing economy, que puede traducirse como economía del compartir o colaborativa, se trata de ofrecer productos y servicios que, en principio, no utilizamos, a cambio de un pequeño pago. No es un modelo nuevo: antaño, uno utilizaba los clasificados de los diarios o compraba publicaciones especiales (Segundamano, Páginas Amarillas) en donde se ofrecían servicios como los de un pintor o un cerrajero y se vendían productos usados o difíciles de conseguir.

Lo que la diferencia es que incorporó la ubicuidad a experiencias como la de eBay, Amazon o MercadoLibre. Uno consigue un producto o servicio que necesita donde sea que esté, a través de una aplicación móvil mediante, por un precio más bajo que el que ofrece la economía tradicional. Un lugar donde dormir durante un viaje (AirBnB, Segundo Hogar), un auto para llegar hasta el aeropuerto (Uber, Lyft, Cabify), un chef de renombre que cocine la cena para una reunión con amigos (CookInHouse, CookApp) y hasta el cuidado de las mascotas durante las vacaciones (DogVacay, Holidog). Todos comercializando lo que no se usa, lo que sobra o los saberes disponibles, una economía de nicho (el modelo de Amazon) orientada hacia los servicios más que a los productos.

En este sentido, Jorge Gobbi, docente e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y autor del Blog de Viajes, señala que la novedad no es encuentra en una nueva forma de hacer negocios sino en que se “transpoló la economía de la reputación”, que nació con eBay, al segmento de los servicios, al que “globaliza y simplifica” al enlazarlo con las aplicaciones móviles. Da ejemplos: en el caso de AirBnB, el sitio a través del cual pueden alquilarse habitaciones en casas particulares en más de 190 países, “lo más interesante que es se realiza a través de una página global en la que se unifica el método de pago y la reputación”; mientras que Uber -explica- tomó un modelo ya antiguo, el de los autos de alquiler, y lo globalizó y estandarizó, tanto en calidad de los autos como en las tarifas. 

Silvia Torres Carbonell, subsecretaría de Industrias Creativas y Comercio Exterior de la ciudad de Buenos Aires y directora académica de la Entrepreneurship IAE Business School, resume las tres principales áreas de impacto de la economía colaborativa. “Redistribución de los mercados (redistribución de las cosas de donde no son necesarios para alguien hacia algún lugar donde otros las necesiten); sistemas de propiedad/ uso de productos (que permita a los miembros pagar por el beneficio de usar un producto sin necesidad de tener la completa propiedad del mismo); plataformas colaborativas de estilos de vida (que permitan la difusión y el intercambio de los activos menos tangibles tales como el tiempo, las habilidades, el dinero, la experiencia o el espacio)”.

Desde un punto de vista más crítico, Gustavo Fontanals, sociólogo de la UBA, señala que los proyectos que se consideran como parte de esta nueva economía colaborativa funcionan a partir de una paradoja fundamental: los servicios que brindan “están habilitados por una plataforma tecnológica” que funciona, en los hechos, como “una nueva intermediación, una compañía que intermedia en la provisión del servicio y que capta parte de esa renta, aprovechando el limbo normativo”.

Fontanals, además, pone blanco sobre negro y se refiere a una posible traba que presenta a futuro este nuevo modelo (además de los grises legales): el camino hacia el monopolio o la cartelización del mercado. “No hay lugar para muchos de estos jugadores en el mercado”, que son “aquellos que llegaron primero y lograron expandirse”. Y estos, remarca, “están respaldados por fondos de inversión muy importantes con una gran capacidad de lobby y se propulsan con grandes inversiones bursátiles. Cierran el espacio para el desarrollo de otras alternativas”.

 

La cosa no termina en Uber

Los actores de esta nueva economía no dejan de reconocer que hacen crujir los cimientos de lo que hasta no hace mucho se tomaba como algo dado. Ignacio Cassol, director de la carrera de Ingeniería Informática de la Universidad Austral, lo explicita: “La aplicación de la tecnología en negocios ya consolidados, además de eliminar eslabones e intermediarios, desafiar a la legislación actual y cuestionar la continuidad de algunos oficios o puestos de trabajo, produce una reducción sustancial en la estructura de costos en dicho negocio”. Los negocios virtuales ya no gastan en alquileres y han reducido considerablemente sus costos de logística y personal.

Jordi Torres Mallol, director regional de AirBnB para América latina (cuyo utilización por parte de los viajeros argentinos al exterior creció en un 85% el pasado año), se refiere a la tecnología como “una gran facilitadora” que “acelera el cambio de paradigma y lo potencia”. “Los múltiples dispositivos electrónicos están cada vez más presentes en la vida de las personas, para hacer las compras del supermercado, reservar una mesa para cenar, pedir delivery de comida y, por supuesto, reservar alojamientos para las vacaciones a través de apps como la nuestra”, explicó de manera exclusiva a Information Technology.

Aaron Hischhorn, fundador y CEO de DogVacay, una plataforma conocida como “Uber para mascotas”, ya que acerca a dueños de animales de compañía que se van de vacaciones y no pueden llevarlos con personas interesadas en cuidarlos (y que cobran por hacerlo, claro) y que funciona sólo en los Estados Unidos, piensa que la sharing economy es “mucho más que sólo la tecnología” y, en línea con los testimonios anteriores, ve a su empresa como “una compañía de servicios facilitada por la tecnología”.


Nada ocurre en un vacío. Los cambios que trajeron aparejados las aplicaciones móviles nacidas al calor de la economía del compartir no hubieran sido posibles si antes la cultura laboral no viraba cada vez más hacia el home office y la descentralización de equipos y tareas. Lo que queda claro es que la disrupción y la innovación (pero más que nada la primera) constituyen, hoy, oportunidades de negocio, y este nuevo modelo es la muestra más acabada de ello. 

 

(Versión de la nota que forma parte de la edición nº 223 de Information Technology) 



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