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Negocios

Que ven los banqueros en este negocio "tapado" que ya mueve $225 M en el país

Están inspiradas en Amazon y Uber y quieren disrumpir el mercado local creando mejores plataformas y generando nuevos nichos de competencia.

Por FLORENCIA PULLA - 15 de Diciembre 2017
Que ven los banqueros en este negocio "tapado" que ya mueve $225 M en el país

Los eventos que se sucedieron en diciembre de 2001 —estado de sitio, helicóptero, cinco presidentes en una semana, devaluación— tuvieron un impacto duradero sobre el sistema financiero local. Tanto es así que los coletazos de aquella explosión siguen sintiéndose 16 años después. La crisis que le dio punto final a la convertibilidad se llevó con ella, además de buena parte de la confianza de los ahorristas, cualquier indicador positivo de la economía local. A picos altísimos de Riesgo País se le sumaron otros, internos, que sirvieron para dimensionar el tamaño de nuestro mercado: pequeño y conservador.

La relación de préstamos sobre PBI, que mide la fortaleza del sistema financiero para otorgar créditos al sector privado, llegó a su piso histórico en 2004: de 39,7 por ciento del PBI en 1989 a 9,6 por ciento en 2004. Mientras tanto, nuestro vecino, Chile, ostentaba un número más promisorio: 77,6 por ciento sobre el PBI. Si la comparativa regional no favorece, peor son los números globales: la nación africana de Burundi, en 2004, ya tenía 14,5 por ciento de su PBI comprometido a la entrega de préstamos, según datos —todos— del Banco Mundial. Hoy, 50 por ciento de los argentinos todavía no tienen una cuenta bancaria y el nivel de informalidad de la actividad económica en el país es alto: según el Indec, en 2016, 33,8 por ciento de los trabajadores no estaban registrados formalmente en el sistema previsional.

Una década después del estallido, el negocio de los bancos en la Argentina no ha crecido demasiado. Hoy, la relación préstamos-PBI es de 14 por ciento, igual que en 1960. Cierto síndrome postraumático sirve para explicar la tendencia: durante los años kirchneristas, los bancos apostaron al negocio transaccional mientras se reducían a su mínima expresión otras unidades de negocios tradicionales. En otras palabras: los créditos, cuando existían, iban al consumo, no a la compra de una casa.

$ 225 millones

Las inversiones que acumuló el sector fintech en el país en 2017.

 

110 %

El crecimiento del segmento durante este año.

 

US$ 10 millones

Lo que invirtió Brubank para desarrollar su UX.

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) es consciente del tamaño del mercado en el que operan, hoy, 79 entidades. La vieja máxima del liberalismo —aquella que los primeros pensadores repetían hasta el hartazgo, “Laissez faire, laissez passer”, dejar hacer, dejar pasar—encuentra en esta nueva administración del Central un nuevo sentido: ven en las fintech una herramienta para dinamizar el mercado y mejorar los indicadores. “Hay que ayudar a que se amplíe la torta,” como confío a Infotechnology, sotto voce, una fuente de la entidad que preside Federico Sturzenegger y que creó, bajo su administración, un área de innovación financiera para estimular la discusión entre los distintos jugadores del sector.

De ahí la decisión de no regular ese mercado. A contramano de lo que pedían los bancos —que pretendían un marco regulatorio a la medida de las fintech, que no captan depósitos— el Central decidió “dejar hacer”. Hubo, en esa decisión, también un guiño a las grandes entidades: los bancos, que tenían limitada su participación en empresas del tipo fintech, ahora pueden comprar o crear una desde cero, siempre y cuando lo hagan con fondos propios, sin comprometer los depósitos de los ahorristas. “En aras de mayor competencia y de mayores posibilidades de expansión del financiamiento es que hay que dejarlos competir”, refuerzan desde el Central.

Con este empujón fue que las empresas fintech ganaron terreno en el último año. La Cámara Argentina de Fintech, que preside Alejandro Estrada —un viejo lobo del segmento fintech, fundador de Moni e inversor inicial de iBillionaire— nació en octubre de este año para dar la pelea y convertir a la Argentina, dicen, en “un hub de innovación e inclusión financiera”. 

Por ahora, las cifras le dan la razón: el sector, pujante, ostenta cifras de crecimiento de 110 por ciento anual y, en los últimos 12 meses, acumuló inversiones por más de $225 millones, siempre según datos de la cámara. “¿Regular qué cosa?”, se pregunta Estrada, sobre la vieja pelea bancos versus fintech. “Las empresas fintech, dependiendo del sector en el que estén, tienen regulaciones más o menos estrictas. Algunos son, por ejemplo, proveedores no financieros de crédito y por eso están bajo la órbita del BCRA. Si son fideicomisos tendrán que vérselas con la Comisión Nacional de Valores (CNV) o si participan del negocio del seguro, con la Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN). La lectura rápida es que algunos tienden a comparar la regulación de un banco, que capta depósitos y tiene ciertas responsabilidades, con la de una fintech”.

Al final de cuentas, la entidad regulatoria igualó la cancha. A competir se ha dicho.

 

El tamaño del mercado

Aunque se habla mucho de las fintech, las empresas que componen el ecosistema local —hoy, englobadas en la cámara hay, oficialmente, unas 50 compañías aunque un relevamiento hecho por Infotechnology cuenta entre los players más relevantes unos 66 y el número se ensancha mes a mes— no nacieron de un día para el otro. Muchas son herederas de modelos de negocios que ya existían en la Argentina o que bien se desarrollaron con la explosión de las puntocom. De hecho, el crecimiento de dos de los segmentos más robustos —Lending, que se lleva 26 por ciento del mercado, y Pagos, que hoy representa 23 por ciento— pueden  explicarse así. “Las empresas tradicionales vieron, con el advenimiento de nuevas tecnologías, la posibilidad de readaptarse y ganar. Así nacen las fintech y después las empresas tradicionales se volcaron a la web también. Pero, en principio, se trató de empresas comunes que se rearmaron porque vieron las potencialidades”, cuenta Estrada.

“De toda la vida existen las financieras. Eran personas que ponían un local en la esquina y que, con su propio dinero, prestaban y cobraban intereses”, explican desde el Central. “A esas empresas nunca se las reguló y, llevado al mundo de la web, es también lo que hacen empresas como Afluenta o Moni.” La intermediación tecnológica presenta facilidades: mientras que el capital prestado por los financistas tradicionales era casi siempre propio, las plataformas permiten que modelos como el crowdsourcing también imperen. Así, el modelo de negocios de buena parte de las empresas del segmento de Lending se basa en conectar a quienes quieren prestar con quienes necesitan el dinero y están dispuestos a pagar intereses por él. Peer-to-peer puesto al servicio del microcrédito.

Los pagos móviles le deben al e-Commerce, por su parte, mucho de su desarrollo. La aparición de MercadoLibre a fines de los 90 significó, unos años después, el nacimiento de MercadoPago que hoy concentra buena parte de los pagos móviles del país —consultados, no dan públicamente su marketshare local— y que Marcos Galperín, su CEO, dice “no compite con los bancos” sino que se apresta a bancarizar al 50 por ciento de los argentinos todavía fuera del mercado. A la sombra de las compras online se desarrolló un sistema que hoy tiene entre sus players, además, a bancos tradicionales —Nación Servicios tiene PIM, por ejemplo— y a empresas como Prisma —con Todo Pago—o Red Link —con Vale Pei—. “Por volumen, Pagos es de las categorías más importantes porque facilitan transacciones; otras muy robustas son Lending y Cripto”, confirman desde la Cámara.

 

Rendirse, jamás

Los recién llegados gustan de pegarle a la banca tradicional. Es fácil. Los bancos lideran los rankings de quejas de los usuarios. Este año, de hecho, acumularon más reclamos —por primera vez en 10 años— que quienes están, desde hace tiempo, en el histórico primer puesto: las telcos. Según informó Defensa del Consumidor se recibieron 3.591 denuncias en el primer trimestre de 2017. Los bancos son percibidos como instituciones pesadas, con un core bancario difícil de cambiar y un legacy que determina muchos de los cambios que se pueden —o no— implementar.

Pero sus reflejos son rápidos. Si a Blockbuster le llegó, un día, un Netflix para dar por muerto su negocio, los bancos parecen haber aprendido una lección o dos de ese “cementerio de elefantes” lleno de empresas que no vieron a tiempo, o no tuvieron la cintura, para cambiar su destino. “Los bancos fueron pensados hace 100 años, con determinados procesos de atención al cliente y con un modelo de atención física enfocada en las sucursales. Pero la gente va cambiando”, reconoce Vanda Humar, jefe de Canales Digitales e Innovación del HSBC y la persona a cargo de diseñar Smart Time, un concepto de banca digital por el que el banco desembolsó US$ 88 millones y que se desarrolló enteramente en la Argentina.

Tiene sentido: el HSBC, que enfoca muchos de sus esfuerzos en atraer a la banca VIP, vio que 98 por ciento de sus operaciones se hacían en canales digitales y repensaron su estrategia. “Nadie tiene tiempo de ir hasta la sucursal para sacar un préstamo y pensamos que había que premiar a los usuarios que hagan sus operaciones digitalmente”, recalca Humar. El paquete especial incluye una tarjeta de crédito Visa, una caja de ahorro y una de débito. La gracia es que los consumos se pueden acumular por descuentos o promociones: bonificación de seis meses en Spotify o descuentos en MercadoLibre y PedidosYa.

En Banco Galicia también hicieron la tarea. Hace unos años diseñaron un producto enfocado a clientes universitarios que a fines de este año reconvirtieron para ser el brazo digital de la entidad. “Hubo un trabajo de rebranding muy fuerte. Galicia Move va a ser punta de lanza de los próximos lanzamientos del banco; está pensado para que los clientes de esa unidad sean early adopters. A ellos, hoy, se les permite abrir una cuenta sacándose una selfie, por ejemplo”, cuenta Emiliano Porciani, gerente digital del banco, primero en cantidad de depósitos, que está atravesando una transformación digital para la que, en tres años, planean desembolsar $ 800 millones. “Ya hay 100.000 personas que lo usan y esperamos tener 25.000 nuevos clientes Move a fines de año.”

Son conscientes de la competencia. “Las fintech no son bancos. Eso no implica que no puedan competir pero el mercado es muy grande y hay espacio para todos. Los bancos digitales todavía tienen que probarse: pueden operar online, seguro, pero ¿van a traer depósitos? Están tan enfocados en lo transaccional que juntar depósitos va a ser su verdadero desafío. A la hora de dejar su dinero, mucha gente no confía en una página de internet”, reconoce Humar, de HSBC.

“Contextualicemos: los bancos digitales no tienen legacy entonces pueden darse el lujo de ser innovadores desde cero porque no tienen base de clientes. Hoy, la oferta de fintech y bancos digitales tiene que ver con el precio pero eso no es lo único que garantiza lealtad o nuevos clientes. Move es un banco 100 por ciento digital pero cuando consumís tenés los beneficios del Galicia; esa confianza solo la da una marca tradicional. Los bancos digitales van a tener que empezar a demostrar que pueden ser rentables”, sentencia Porciani.

Así las cosas, el panorama es promisorio para los actores involucrados. Una especie de win-win-win. Mientras que las fintech lograron juntar adhesiones para desarrollar su actividad sin regulaciones extra, con la promesa de ampliar la bancarización y el acceso al crédito, los nuevos bancos digitales lograron sacarles nuevas licencias al BCRA. Mientras se enlistan, los bancos tradicionales están usando sus amplias espaldas financieras para aggiornarse. 2018 se presenta, entonces, como el año en el que las fintech van a transformar, finalmente, el negocio bancario de transaccional a otro low cost.

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La nota completa fue publicada en la edición nº 243 (diciembre/2017) de INFOTECHNOLOGY.



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