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Negocios

¿Los robots nos van a dejar sin trabajo? 5 mitos derribados sobre la automatización

La tecnología refleja el deseo del hombre de hacer la vida más sencilla. Las innovaciones tecnológicas están principalmente destinadas a mejorar nuestra salud, facilitar la comunicación, y producir más cantidades a menor costo… ¿por qué será que tienen tanta mala prensa?  Por Iván Carrino - 12 de Septiembre 2017
Group of Robots and personal computer - Not Released (NR)

A pesar de que nadie niega los beneficios del avance tecnológico, no son pocas las voces que advierten sobre sus riesgos. El primero, por supuesto, es el desempleo que traerá la automatización. Como Karl Marx modernos, muchos anuncian que “la maquinaria, dondequiera que se implante, va a desalojar a los obreros en pequeños pelotones.”

Esta preocupación no es la única pero, como las demás, posee poco fundamento. A continuación, una lista de los mitos más comunes sobre la relación entre la tecnología, el empleo y la calidad de vida.

Mito número uno

Los robots compiten con el trabajo humano, por tanto, destruyen empleo. Este debe ser el temor más difundido acerca del avance tecnológico. Sin embargo, se choca con los datos. En Estados Unidos, por ejemplo, la cantidad de puestos de trabajo pasó de 31,5 millones en 1939 a 144,6 millones en 2016, un período en que difícilmente pueda argumentarse que no hubo “automatización”. Por otro lado, un informe de la consultora internacional Deloitte refleja que, si bien las nuevas tecnologías modifican la estructura del empleo, durante los últimos 144 años han sido creadoras netas de puestos de trabajo. Algunos tipos de trabajo sin duda mermaron, o incluso desaparecieron. Pero esta merma se vio más que compensada por los nuevos empleos creados gracias a la tecnología.

Mito número dos

 El “x%” de los empleos podría ser automatizado en los próximos años. De acuerdo a un estudio reciente divulgado por el Diario La Nación, “no hay ningún sector de la actividad en el que sea menor al 50% la proporción de puestos laborales con probabilidad de ser reemplazados por la fuerza de una máquina o la inteligencia artificial”. Ahora bien, ¿qué novedad es ésta? ¿Desde cuándo el trabajo no tiene riesgo de reemplazo? Para la persona cuyo trabajo está amenazado no hay diferencia si la amenaza proviene de un robot, un inmigrante o, simplemente, otra persona de su mismo país.

La fórmula “x% del empleo puede ser sustituido” suena a puro amarillismo para llamar la atención. Ahora en un mundo en continuo cambio, como lo es el de la economía capitalista, nada está asegurado. Nuestro futuro depende de nuestra capacidad para hacer bien las cosas y adaptarnos al contexto. Nada nuevo bajo el sol.

Mito número tres

La sociedad no debe mantenerse pasiva frente al avance de nuevas automatizaciones. Esta frase desconoce de manera profunda quiénes son los responsables y verdaderos beneficiarios de automatizar. Después de todo: ¿quién automatiza sino la sociedad y para beneficio de ella?

Debe comprenderse que todo lo que existe y prospera en una economía de mercado, lo hace porque los individuos, de manera libre y voluntaria, lo encuentran conveniente. Si una

empresa ofrece un nuevo producto y éste tiene éxito, la empresa se beneficiará, pero también sus clientes, que la retribuyen por eso. Lo mismo sucede con las nuevas tecnologías: unas personas las descubren, las ofrecen a otras personas y, si a éstas le satisfacen alguna necesidad relevante, entonces “todos ganan”.

El mejoramiento tecnológico muestra un “deseo” de la sociedad, no algo exógeno a ella.

Mito número cuatro

La sustitución tecnológica concentrará la riqueza en pocas manos. La idea de la tecnología como concentradora de riqueza tampoco resiste mucho el análisis.

Si miramos lo que pasa con la tecnología de la información podremos entender más este punto. La caída de los precios de los dispositivos electrónicos no solo igualó los patrones de consumo del mundo entero (antes tener un celular era solo “para ricos”), sino que redujo de manera sistemática las barreras de entrada al emprendedurismo. Hoy las computadoras son el insumo productivo número uno en cualquier establecimiento comercial o de servicios. Abaratarlas y mejorar su eficiencia es facilitar la posibilidad de emprender.

La tecnología, lejos de concentrar la riqueza, la democratiza, nos iguala en el consumo y nos ofrece cada vez más posibilidades de progreso.

Mito número cinco

La solución la tiene el estado. Para los temerosos del devenir tecnológico, el estado es el principal responsable de resolver los problemas generados. He aquí un nuevo error. Es que es el estado -con sus regulaciones y asfixia fiscal- el que hace que la sustitución del caro empleado por la barata máquina luzca económicamente beneficiosa. Es lo que Hayek denominó el “efecto Ricardo”. A mayor costo de contratar personas, más incentivo para contratar robots.

Además, es el mercado el que, con sus precios libres, indica a la gente en qué actividades especializarse. Los trabajos amenazados por la tecnología darán paso, gradual pero armónicamente, a nuevas actividades y los individuos irán adaptándose a los cambios de manera espontánea. No debe el estado interrumpir este proceso.

La mejora tecnológica le permitió a la humanidad aumentar 40 años la esperanza de vida y multiplicar su ingreso per cápita. En lugar de afligirnos, deberíamos construirle un monumento y fomentar su desarrollo.



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