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Negocios

Esclavicemos a los robots y liberemos a los pobres

Cómo son los impactos económicos y cuáles son los aspectos positivos y negativos de las nuevas tecnologías.

Por Martin Wolf - 18 de Febrero 2014
Esclavicemos a los robots y liberemos a los pobres

 

La perspectiva de una vida mejor depende de cómo se producen y distribuyen las ganancias.

En 1955, Walter Reuther, director del sindicato de trabajadores del automóvil de EEUU, habló acerca de una visita a una nueva planta automatizada de Ford. Apuntando a todos los robots, su anfitrión le preguntó : “¿Cómo van a cobrarles las cuotas sindicales a esos tipos?" El Sr. Reuther respondió : "¿Y cómo van a hacer ustedes para que compren autos Ford?" La automatización no es nueva. Tampoco lo es el debate sobre sus efectos. ¿Hasta qué punto, entonces, La Segunda Era de la Máquina, como la llaman Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee cambia las preguntas o las respuestas?

robotsbloomberg
Crédito: Bloomberg

Presenté el argumento central la semana pasada. Observé que el aumento de la tecnología de la información coincide con el aumento de la desigualdad de ingresos. Lawrence Mishel del Instituto de Política Económica de Washington debate la noción de que lo primero ha sido la causa principal del segundo. El Sr. Mishel señala: "El aumento de los salarios de los ejecutivos y la expansión de, y la mejor paga en, el sector financiero puede dar cuenta de dos tercios del aumento de los ingresos en los niveles superiores." El cambio de las normas sociales, el aumento de la remuneración basada en acciones y la extraordinaria expansión del sector financiero también contribuyeron. Si bien fue un factor, la tecnología no ha sido un determinante de la situación económica.

Sin embargo, la tecnología podría llegar a ser mucho más importante. El Profesor Brynjolfsson y el Sr. McAfee también argumentan que nos hará más prósperos, y que cambiará la distribución de oportunidades entre los trabajadores, así como entre los trabajadores y los dueños del capital.

Los impactos económicos de las nuevas tecnologías son muchos y complejos. Estos incluyen: nuevos servicios, tales como Facebook; la desintermediación de los viejos sistemas de distribución a través de iTunes o Amazon; nuevos productos, como los teléfonos inteligentes; y nuevas máquinas, como robots. Estos últimos despiertan temores de que las máquinas inteligentes harán redundantes a muchas personas. Un artículo reciente de Carl Frey y Michael Osborne de la Universidad de Oxford, concluye que el 47 por ciento de los empleos en EEUU se encuentran en un alto riesgo de automatización. En el siglo XIX, en su opinión, las máquinas sustituyeron a los artesanos y beneficiaron a los trabajadores no calificados. En el siglo XX, los ordenadores reemplazaron a los trabajadores de medianos ingresos, creando un mercado de trabajo polarizado. Durante las próximas décadas, sin embargo, "la mayoría de los trabajadores en labores de transporte y de logística, conjuntamente con la mayor parte de los trabajadores de oficina y de apoyo administrativo, y empleos en tareas de producción, son susceptibles de ser sustituidos por el capital informático". Además, “la informatización reemplazará principalmente aquellos empleos de baja cualificación y de bajos salarios en el futuro cercano. Por el contrario, las ocupaciones de altas destrezas y de salarios altos son las menos susceptibles a sucumbir ante el capital de la informática". Esto, pues, exacerbaría la desigualdad.

Jeffrey Sachs de la Universidad de Columbia y Laurence Kotlikoff de la Universidad de Boston, incluso argumentan que el aumento de la productividad podría empeorar las condiciones de las generaciones futuras en conjunto. La sustitución de trabajadores por robots podría trasladar los ingresos del primer grupo a los propietarios de los robots, la mayoría de los cuales serán retirados y supuestamente ahorran menos que los jóvenes. Esto reduciría la inversión en capital humano, porque los jóvenes ya no podrían darse el lujo de invertir, y en máquinas porque los ahorros en esa economía caerían.

El argumento de que un aumento en la productividad potencial nos dejaría en un estado permanentemente peor es ingenioso. Más verosímil, al menos para mí, son las otras posibilidades: podría haber un fuerte shock de ajuste al despedir trabajadores; los salarios de las personas no calificadas podrían caer muy por debajo de un mínimo socialmente aceptable; y, al combinarlos con otras nuevas tecnologías, los robots podrían hacer que la distribución del ingreso sea mucho más desigual de lo que ya es.

Entonces, ¿qué se debe hacer?

En primer lugar, las nuevas tecnologías traerán cosas positivas y negativas. Podemos darle forma a las cosas buenas y gestionar las malas.

En segundo lugar, la educación no es una varita mágica. Una de las razones es que no sabemos qué habilidades estarán en demanda de aquí a tres décadas. Además, si el Sr. Frey y el Profesor Osborne tienen razón, hay tantos puestos de trabajo de cualificación baja y media en situación de peligro que ya puede ser demasiado tarde para las personas mayores de 18 años y muchos niños. Por último, aunque la demanda de servicios creativos, de emprendedores y de conocimientos de alto nivel creciera en la escala requerida, lo cual es muy poco probable, el convertirnos a todos en un feliz y selecto grupo es seguramente una fantasía.

En tercer lugar, debemos reconsiderar el ocio. Durante mucho tiempo los más ricos vivieron una vida de ocio a expensas de las masas trabajadoras. El auge de las máquinas inteligentes hace posible que muchas más personas vivan una vida semejante sin tener que explotar a otros. El puritanismo triunfante de hoy encuentra semejante ociosidad abominable. Bueno, entonces dejemos que la gente se divierta afanosamente. ¿Si no cuál es el verdadero objetivo de los grandes aumentos en la prosperidad que hemos creado?

 

En cuarto lugar, tendremos que redistribuir los ingresos y las riquezas. Dicha redistribución podría tomar la forma de una renta básica para todos los adultos, junto con la financiación de la educación y la capacitación en cualquier etapa de la vida de una persona. De esta manera, la posibilidad de una vida más agradable podría convertirse en una realidad. Los ingresos podrían provenir de los impuestos sobre los males (contaminación, por ejemplo) o de aranceles (incluyendo los bienes raíces y, sobre todo, la propiedad intelectual). Los derechos de propiedad son una creación social. La idea de que una pequeña minoría puede beneficiarse tan increíblemente de las nuevas tecnologías debe pensarse nuevamente. Sería posible, por ejemplo, que el Estado obtenga una participación automática del ingreso de la propiedad intelectual que protege.

Por último, si la destrucción del empleo se acelera, será esencial garantizar que la demanda se expanda a la par con el aumento de la oferta potencial. Si tenemos éxito, muchas de las preocupaciones por la falta de empleos desaparecerán. Dado que esto no se pudo lograr en los últimos siete años, probablemente no suceda. Pero podríamos hacer un mejor trabajo si así lo quisiéramos.

El auge de las máquinas inteligentes es un momento de la historia. Cambiarán muchas cosas, incluyendo nuestra economía. Pero su potencial es claro: harán posible que los seres humanos tengan una vida mucho mejor. El resultado dependerá de cómo se producen y distribuyen los beneficios. Es posible que el resultado final sea una pequeña minoría de grandes ganadores y un gran número de perdedores. Pero tal resultado sería una opción, no un destino predeterminado. Una forma de tecno-feudalismo es innecesaria. Por encima de todo, la tecnología en sí no determina los resultados, pero las instituciones económicas y políticas sí. Si las que tenemos en la actualidad no ofrecen los resultados que queremos, hay que cambiarlas.


(c) 2014 The Financial Times Ltd.



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