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Negocios

¿Cuál es el secreto para convertirse en el próximo Silicon Valley?

En diversos puntos del mundo se conforman 'clústers' que apuntan a convertirse en los nuevos polos de innovación tecnológica. Todos buscan masa crítica.

Por Antonio Regalado - 09 de Abril 2014
¿Cuál es el secreto para convertirse en el próximo Silicon Valley?

 

Hay un lugar en Cambridge, Massachusetts, justo afuera del campus del MIT en Kendall Square, tiene la concentración más densa de start ups en todo el mundo. Ahí, los fundadores de 450 compañías se amontonan en nueve pisos, muchos en habitaciones comunes donde la regla es: “Agarrá el asiento que puedas”.

En un caliente mapa de innovación, el lugar destella rojo. Compartiendo los mismos ascensores están las firmas de capital de riesgo que, en conjunto, manejan US$ 8.700 millones. Hace 15 años, la escena tecnológica local estaba anémica y había pocos inversores. Ahora Kendall es un faro que desenfunda más y más compañías tecnológicas. Amazon mudó su equipo de desarrollo móvil al área, Google se está expandiendo y los laboratorios también se están apilando.

Kendall se convirtió en lo que los economistas denominan “cluster”, una concentración de empresas interconectadas que colaboran y compiten. Hay un valor económico en eso, como atestiguan los precios de las oficinas: los alquileres se fueron a US$ 700 por metro cuadrado desde los US$ 350 de hace una década, similar a lo que se paga en el centro de Manhattan. “Los alquileres no mienten”, dice Tim Rowe, director del Centro de Innovación Cambridge, el espacio compartido de oficinas donde están ubicados la mayoría de los startups.

Ilustracion Mano MIT

Competencia. Conseguir masa crítica de profesionales es uno de los desafíos de los nuevos espacios que pretenden convertirse en polos de innovación tecnológica mundial.

También hay valor en la región. Las ciudades solían tratar de ganar trabajos “persiguiendo” o atrayendo a las grandes industrias. Pero las grandes firmas tienden a mudar el empleo. Por lo menos en Estados Unidos, donde casi todo el crecimiento laboral proviene de start ups, especialmente del tipo que tiene desde pocos empleados a varios de miles. En tecnología, aquellos ganadores tienen la manera de producir más ganadores. El proceso genera una masa crítica en la red de compañías interconectadas: recursos, ventajas, ideas, talento, oportunidad y casualidades que definen a un cluster tecnológico.

Está claro que lo esencial es la proximidad al talento humano. Jean-François Formela, un capitalista de riesgo de Atlas Venture que invierte en start ups de biotecnología en etapa inicial, dice que visita los laboratorios académicos de Boston varias veces a la semana, tratando de encontrar el próximo invento que pueda licenciar y transformar en una empresa. Y como hay tantos doctores y médicos en el área, puede crear una compañía y construir equipos notablemente rápido. “Las personas ni siquiera se tienen que mudar de edificio”, dice. “Simplemente cambian de piso.”

La gran pregunta en este Informe de Negocios de MIT Technology Review es por qué surgen los clusters de tecnología y qué ingredientes puede crear uno. Desafortunadamente para las regiones que gastaron miles de millones de dólares para convertirse en el próximo Silicon Valley, las respuestas todavía están siendo debatidas. “Los clusters existen, está empíricamente comprobado”, afirma Yasuyuki Motoyama, investigador senior en la Fundación Kauffman. “Pero eso no significa que los gobiernos puedan crear uno”, agrega.

Lo que es seguro es que están tratando de hacerlo. El mayor esfuerzo conocido es el complejo Skolkovo que crece en las afueras de Moscú, donde se están invirtiendo US$ 2.500 millones en una universidad, un parque tecnológico y una fundación. Otro, en Waterloo, Ontario, apunta a ganar el liderazgo en una tecnología particular, la computación cuántica, con una inversión de más de US$ 750 millones.

El problema para los gobiernos es que suelen tratar de definir dónde y cuándo ocurrirá la innovación. Algunos intentan elegir y fondear a compañías ganadoras. Ese tipo de esfuerzos raramente funcionó, señala Josh Lerner, profesor de Harvard Business School. Los gobiernos pueden jugar un rol, dice, pero deberían limitarse mayormente a crear leyes que no penalicen a los emprendedores que fracasen, impuestos más bajos y gastos fuertes en I+D. Luego, salirse del camino.

A pesar de las dificultades, cada vez más ciudades aspiran a convertirse en “hubs” tecnológicos. Una de las razones es que Internet divulgó masivamente tanto la ideología de la cultura de start ups (usted también puede ser Mark Zuckerberg) como los medios de participación a través de aplicaciones y software web. Cada lugar, desde Chile hasta Islandia, parece haber creado aceleradoras de start ups en un esfuerzo por sobrepasar su propio escenario tecnológico sin costosos laboratorios o incluso una universidad de primer nivel.

Los centros de innovación se mueven rápidamente. Boston abandonó su liderazgo en computación frente a Silicon Valley en los ’80, tras el desarrollo de la computación personal.

Un partidario de esta idea es Brad Feld, socio de Foundry Group y creador de la incubadora tecnológica Techstars, quien desarrolló lo que llama la “Tesis de la Roca”, basada en sus experiencias en Colorado. Es un plan de cuatro puntos para que los emprendedores —no los gobiernos o universidades— puedan organizar y crear “comunidades emprendedoras” en cualquier ciudad. Pero, ¿pueden tener éxito los emprendedores creando clusters donde los gobiernos tienen tantas dificultades? “El conflicto ahora está entre dos lógicas sobre cómo crear un ecosistema”, dice Fiona Murray, profesora de la Sloan School del MIT, quien realiza consultoría como una especie de terapeuta de clusters, incluyendo a la Tech City de Londres. Una es “la lógica gubernamental que dice que es demasiado importante como para dejárselo a los emprendedores y que se necesitan aportes especializados, como un parque tecnológico”. El otro está “puramente enfocado en las personas y sus redes”.

En un punto los economistas tienden a coincidir. Los centros de innovación se mueven rápidamente. Boston abandonó su liderazgo en computación frente a Silicon Valley en los ’80, tras el desarrollo de la computación personal. Pero ¿quién sabe? Uno de los 450 start ups en Kendall podría tener algo grande. Esa es una de las razones que esperanzan a cualquier lugar —con unas pocas décadas de esfuerzo y mucha suerte— de convertirse también en un Silicon Valley.

La edición original de este artículo se publicó por primera vez en el número 197 de la revista InfoTechnology.



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