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Negocios

Cómo subirse a la nube y no morir en el intento

Por Marcelo Guglielmucci, Gerente de Marketing y Planeamiento Comercial de Claro Argentina 09 de Diciembre 2015
Cómo subirse a la nube y no morir en el intento

¿Un profesional independiente teme perder toda la información de su trabajo de su rígido y, aún así, le da pereza realizar backups periódicos sobre un disco externo? Por un importe mensual apropiado a su bolsillo puede recurrir a una solución online que haga todo por él. ¿Una pyme recién comienza sus actividades y necesita sí o sí montar un portal para darse a conocer y agilizar sus ventas? Unos pocos pesos y puede activarlo, sin necesidad de instalar software ni llenar su oficina de computadoras. Estos son sólo dos ejemplos. Las posibilidades son infinitas.

 

El modelo de cloud computing, o de computación en la nube, es un paradigma que cambió la forma en que se consume la tecnología: ya no hace falta adquirir costosos equipos ni sufrir ante presupuestos exorbitantes a la hora de comprar software. Simplemente, se elige un proveedor en la nube y se contrata la aplicación que se necesita como un servicio. Es decir, se paga exactamente por lo que se usa y, al mismo tiempo, desaparece la necesidad de lidiar en el día a día con los problemas propios de la informática, ya que es el proveedor quien se ocupa de que todo esté actualizado y apoyado sobre tecnologías de punta.

Los límites se vuelven inexistentes. La computación en la nube es, tal vez, el modelo más democrático que han conocido las empresas para incorporar nuevas tecnologías: las pymes pueden acceder a los mismos servicios, con el mismo nivel de prestación, que las grandes empresas. Y lo más interesante: las aplicaciones, por más complejas que sean, pueden ser consultadas y ejecutadas desde un smartphone, una tablet, o cualquier otro dispositivo.

La diferencia con el modelo anterior es extrema. Antes, una empresa que necesitaba montar el mencionado portal debía, en principio, comprar un servidor. Esto ya implicaba un riesgo: si se adquiría uno pequeño, se corría el riesgo de que no alcanzase para cubrir las necesidades y todo se volvía lento y dificultoso; si se adquiría uno muy grande, se gastaba mucho dinero y se terminaba teniendo una capacidad que seguramente nunca se usaría. Luego había que adquirir las licencias de software, conseguir algún profesional con conocimiento técnico que ayudara con la implementación y, una vez que todo estaba funcionando, invertir más dinero en mantener todo actualizado.

Todo eso resulta inverosímil con las posibilidades que brinda la computación en la nube. A nadie se le ocurriría montar una central eléctrica en su oficina para tener luz ni realizar un pozo de varios metros en plena ciudad para conseguir agua. Sin embargo, durante mucho tiempo, zapaterías, empresas de servicios, estudios contables, bufetes de abogados y pequeñas constructoras, entre miles de otros rubros, montaron centros de datos, algo totalmente ajeno a su negocio y a sus conocimientos, para acceder a recursos informáticos. Cloud computing, entonces, aporta un valor adicional, imprescindible para el éxito en los negocios: sentido común.

 

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