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Mejor que los políticos: ciencia aplicada a políticas públicas

Intentando transformar la política de arte a ciencia, académicos, Estados y organizaciones no gubernamentales acuden a la planificación, la experimentación y la rigurosidad para atacar los problemas que los políticos prometen solucionar.

Por Matías Castro - 23 de Agosto 2016
Mejor que los políticos: ciencia aplicada a políticas públicas

Cuando en 1997 Tony Blair se alzó victorioso en las elecciones generales,  su primer discurso rezaba: “el Partido Laborista es un partido de ideas e ideales, pero no de una ideología obsoleta. Lo que importa es lo que funciona”. Fue una de las primeras oportunidades en las que un político hizo mención a una gobernanza que sea eficaz en sus objetivos, sin banderas partidarias. No fue el único. De hecho, con el correr de los años y de manera creciente, más  políticos reconocen que se pueden lograr resultados sustancialmente mejores mediante el uso de pruebas rigurosas para documentar decisiones, lo que permite a los gobiernos seleccionar, financiar y operar programas públicos de manera más estratégica. Lo llaman “políticas basadas en evidencia”.

“Implementar esta clase de políticas es equivalente a tomar decisiones en función de la mejor evidencia empírica que existe acerca de la efectividad del programa”, explica Nicolás Ajzenman, ex consultor senior para el Banco de Desarrollo Interamericano  y ex consultor externo para el Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard a Information Technology. “Contar con evidencia rigurosa sobre la efectividad de un programa no significa únicamente saber si funciona o no sino cuantificar la magnitud del efecto y comparar los resultados de varios programas para ver cual es el más conveniente en términos de costo-beneficio social”, afirma.

 

Nicólas Ajzenman, 

 

Paso a paso

"El método más riguroso utilizado en el movimiento de las políticas basadas en evidencia son los llamados 'experimentos controlados aleatorizados'. Se trata de una metodología similar a la utilizada en el campo de la medicina para testear la efectividad de una droga o un determinado tratamiento", explica Lucía Sánchez, la argentina que lidera el programa de pequeñas y medianas empresas en la ONG Innovations for Poverty Action, que se centra en el estudio y la aplicación de políticas públicas sobre la pobreza.. "En su versión más simple, los experimentos consisten en dividir a la población en dos grupos de manera aleatoria y aplicar la política pública en cuestión solamente a uno de esos grupos, dejando que el otro siga con sus actividades cotidianas. Un tiempo después de la implementación, se comparan los resultados de los dos y cualquier diferencia entre ellos se entiende como el impacto del programa", desarrolla la académica. "De esta manera, se busca aislar los efectos de la política de cualquier otro factor determinante, ya que los dos grupos son estadísticamente idénticos al comienzo de la intervención y la única diferencia entre ellos es que uno ha sido expuesto al programa y el otro no", finaliza.

 

Lucía Sánchez

 

“En muchos casos estos experimentos no se pueden realizar, ya sea porque la política que se quiere evaluar ya está en funcionamiento, porque se implementa en toda la población al mismo tiempo, o por alguna otra razón. En estos casos, existen otros métodos llamados ‘quasi-experimentales’, que buscan emular el diseño experimental de manera artificial, construyendo el grupo de comparación de forma estadística,” explica Lucía Sánchez.

“Hay ejemplos de políticas muy bien sustentadas. El programa estadounidense Nurse Family Partnership, una política de visitas de enfermeras para madres solteras y adolescentes de bajos recursos durante los dos primeros años de vida del bebé, se basó en tres estudios aleatorizados distintos, con grupo control en los Estados Unidos y uno más en Holanda. Todos escenarios diferentes con muestras diferentes y en todos los casos el programa probó funcionar”, explica Jon Baron, vicepresidente de Políticas basadas en evidencia de la Fundación de filantropía Arnold. ¿Los resultados? Una reducción en el maltrato físico de los niños de entre 20 y 50 por ciento, entre un 10 y un 20 por ciento menos de nacimientos consecutivos y un 6 por ciento de mejora en el rendimiento escolar. La organización no partidaria sin fines de lucro Coalition For Evidence, que Baron fundó, propone un listado de veintidós  programas de gobierno con un ranking divido en áreas como educación primaria y secundaria, desarrollo joven y prevención del crimen con estándares gold de evidencia, de los más altos que se pueden encontrar en ciencia.

Derribando mitos

Ante un problema social, se suelen alzar voces que hacen eco de conocidas recetas para solucionar o paliar el conflicto. ¿Pero funcionan estas estrategias realmente? Ajzenman se pregunta, por caso, qué debería hacer un país de ingresos bajos para aumentar los ingresos laborales de los más pobres.  “Hace algunos años mucha gente hubiera recomendado micro-créditos. Hoy ya tenemos suficiente evidencia que muestra que hay alternativas mucho más costo-efectivas, como regalar activos físicos (una herramienta, animales, etcétera), que por cada peso invertido genera una mayor cantidad de ingreso para los cuentapropistas y que aumenta en mayor cuantía la cantidad de negocios que abren y se mantienen. Una decisión de política basada en evidencia permite una utilización más eficiente de los recursos y permite ajustar parámetros para paliar los efectos colaterales que siempre existen”, desarrolla el académico.

Pero la ciencia, ¿tiene ideología? “Nosotros trabajamos con la administración de Bush, Republicana, y con la de Obama, Demócrata. Los Demócratas apoyan más gobierno y los Republicanos, menos,  pero ambos concuerdan en que hay que gastar el dinero en algo que funcione, que tenga impacto. Y mucho dinero va a cosas que no funcionan, sea quien sea que gobierne”, explica Baron. La experiencia de Ajzenman es similar. “En principio, las políticas basadas en evidencia son compatibles con cualquier visión ideológica, dentro de ciertos límites.  Digamos, ya sea que lo que más te interese sea mejorar el rendimiento escolar de los alumnos, reducir el crimen, fomentar la participación de la mujer en el mercado de trabajo o mejorar la productividad de las empresas, mejor hacerlo con políticas que funcionan que hacerlo con otras que no funcionan”, explica.

 

Jon Baron

 

Lo que sí puede suceder, en palabras de Sánchez, es que “muchas veces la evidencia rigurosa puede ayudar a resolver conflictos de opinión que se originan en diferencias ideológicas.” Algo que comparte Ajzelman. “Sea cual sea tu objetivo de política, hay programas mejores que otros para alcanzarlo y cuanto más sepas de su efectividad y sus efectos colaterales, mucho mejor. Si elijo a un determinado gobierno porque quiero que cumpla con ciertos objetivos, me gustaría pedirle que me explique por qué utilizo tal o cual programa, que comparta los datos, los resultados, los costos y los beneficios”, concluye Ajzenman.

 



Esta nota fue publicada en la edición nº 226 (Agosto/2016) de la versión impresa de Information Technology. La foto de portada es un collage de Axel Cantón. 



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