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Los polémicos gurúes tech que Trump escogería para regular la medicina en EE.UU.

La nueva administración republicana busca renovar la cúpula de la FDA, organismo encargado de regular las medicaciones en Estados Unidos. Entre los nombres que más resuenan, dos gurúes tecnológicos poco ortodoxos. Qué opinaba de la FDA antes y qué pueden llegar a hacer.

17 de Enero 2017
Los polémicos gurúes tech que Trump escogería para regular la medicina en EE.UU.

El flamante presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quiere renovar la cabeza de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) y entre los nombres que más resuenan llama la atención la presencia de dos nombres de peso en el mundo de la tecnología:  Balaji Srinivasan y Jim O’Neill, ambos emprendedores y gurúes del mundo de las startups con base tecnológica.  Peter Thiel, sería quien tomaría la decisión.

Los nombres causaron revuelo en la comunidad especializada, en particular, por el historial de criticismo de los posibles responsables de la agencia de regulación sobre esta última. ¿Quiénes son y qué proponen los inmigrantes tecnológicos en el mundo de la medicina?

Thiel es un capitalista de riego de Sillicon Valley, es mayormente conocido por ser el fundador de PayPal. Es un ferviente creyente en la singularidad tecnológica (la idea de que eventualmente una inteligencia artificial será mucho más poderosa que cualquiera inteligencia humana y eso resultara en cambios drásticos en la humanidad) y es quién posiblemente elegirá a la cabeza de la FDA a pedido del presidente. Dos nombres se barajan fuerte: Balaji Srinivasan y Jim O’Neill. Srinivasan es el fundador de una startup de criptomonedas (21.co) y O’Neill es el director de una firma de inversión que maneja Theil, Mithril Capital Management, enfocada en proyectos médicos de alto riesgo.

Jim O’Neill

O’Neill no es lo que se considera el arquetipo de comisionado para la FDA. En principio, no es una persona con bagaje científico o técnico relacionado con la medicina, aunque es cierto que durante la administración Bush tuvo un cargo menor (como secretario asociado del Departamento de Salud y Servicios Sociales). El emprendedor llega de la mano de Thiel, quien es el fundador de la firma que maneja el propio O’Neill, Mitrhil Venture Capital, especializado en proyectos médicos de alto riesgo. Esto podría constituir un conflicto de interés, ya que la FDA es quien se encarga de dar luz verde a las iniciativas que cumplan con los requisitos técnicos y legales.

La idea de O’Neill para la FDA es permitir que los medicamentos salgan al mercado solamente con los estudios de seguridad terminados con éxito, y que los estudios de eficacia se dejen para más adelante. La idea es acelerar la llegada de los productos a los consumidores quienes consumirían a su propio riesgo.

La posición del candidato es conflictiva. En primer lugar, para modificar los protocolos de regulación de la FDA se necesita modificar la ley que enmarca la actividad (en particular, la enmienda de Kefauver  de 1962) y la tradición dentro de la FDA es que los comisionados no suelen opinar sobre las regulaciones o las aprobaciones de las drogas, aceptando que la potestad es de los especialistas.

 

Jim O’Neill

 

O’Neill opina que la industria farmacéutica debería parecerse más a la del software, especialmente en lo concerniente a la cantidad y poder de las regulaciones. La industria del software está mucho más desregulada que la biotecnológica y por eso la innovación y la productividad son mayores. Sin embargo, las diferencias entre un rubro y otro son notables, en principio los objetivos plausibles de convertirse en drogas (por ejemplo enzimas o moléculas) son cada vez más difíciles de encontrar y eso dificulta la innovación. Por otro lado, el desarrollo y la innovación en software no es un asunto de vida o muerte en el caso de las drogas. Lo que es más, en el caso del software “crítico” como el que se encuentra en aviones, la regulación en mucho más fuerte que en las líneas de código que conforman una aplicación de ocio.

Balaji Srinivasan

El segundo nombre que se maneja con fuerza en la gestión Trump es el de Bajali Srinivasan. Se trata de otro emprendedor de Sillicon Valley, responsable de la startup 21.co enfocado en la criptomoneda Bitcoin. También dicta clases en la Universidad Stanford. Srinivasan se especializa en pagos virtuales y biología computacional, en efecto, es el fundador de Counsy Inc., un compañía que ofrece scans de Adn (especialmente para personas que quieren embarazarse).

Recientemente, el emprendedor estuvo involucrado en un escándalo por haber borrado todos sus tweets de su cuenta oficial. Pero al ser muy activo en las redes sociales, muchos usuarios recuperaron sus tweets a través del caché de Google. Muchos de los tweets pueden encontrarse aquí.

Entre las polémicas declaraciones, en 2014, el emprendedor afirmó que una mejor forma de regular las drogas en la FDA sería la implementación de un sistema de score o puntaje (conocido también como sistema de honor) tal como el del popular sitio de críticas Yelp.

 

 

Para evitar el problema de los  medicamentos sin fundamentos científicos de eficacia, el emprendedor propone que los usuarios  voten por los medicamentos que mejor funcionan. Un sistema escalar de honor a nivel global sería la solución. La perspectiva es la misma que hace funcionar a servicios como Uber, con la diferencia importante de que los servicios como Uber en gran medida son de satisfacción subjetiva mientras que las drogas y medicamentos tienen prescripciones objetivas para su aprobación y receta.

 

Balaji Srinivasan


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