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El discreto encanto de viajar colgados de un cable

Tres líneas de teleféricos suben y bajan del barrio de El Alto, en La Paz (Bolivia), y se convirtieron en un medio de transporte muy popular. Y hay muchas ciudades alrededor del mundo que están pensando  en construir el suyo. ¿Locura o una nueva posibilidad de moverse adentro de la ciudad?

Por Sebastián De Toma - 09 de Junio 2016
El discreto encanto de viajar colgados de un cable

Como cualquiera que vive, vivió o ha visitado una ciudad ubicada en un valle, subir y bajar todos los días para ir de una punta a la otra es la muerte. Si se trata de la capital de un país, peor aún. Esto dejo de ser un problema para los habitantes de La Paz, Bolivia -la capital administrativa del país-  que viven en el barrio de El Alto, ubicada a 4.000 metros sobre el nivel del mar. La solución es un teleférico. Sí, los que se usan en los centros de esquí.

El teleférico boliviano lo construyó la empresa austríaca Doppelmayr Seilbahnen, quien además lo opera. Desde su puesta en operación en 2014, las góndolas han realizado 50 millones de traslados. Y, si bien hoy existen tres líneas, para 2019 se esperan que esta cifra llegue a diez, con una inversión de US$ 625 millones. El servicio cuesta 3 bolivianos (al cambio actual, 6 pesos argentinos, un poco más caro de lo que cuesta allá un pasaje en colectivo) y cada góndola lleva unos 10 pasajeros con una frecuencia de seis por minuto (sí, uno cada diez segundos).

La urbe boliviana es sólo un ejemplo de lo que promete convertirse en una nueva manera de moverse dentro de las ciudades. De hecho, ya existen teleféricos en ciudades de Colombia, Taiwan y Rusia, y hay otras que lo están considerando, según Thomas Pichler, CEO de Doppelmayr, de acuerdo a lo publicado por la revista Bloomsberg Businessweek: Nueva York, París, Austin, y Lagos (Nigeria). “Los mercados urbanos representan una gran oportunidad para nosotros”, explica el ejecutivo. Sin nuevos centros de esquí en construcción, las compañías constructoras de teleféricos (Doppelmayr compite con la italiana Leitner y la francesa Poma) buscan nuevas posibilidades de negocio que les permita seguir existiendo.  Para los austríacos, la división de transporte urbano (creada en 2012) el año pasado representó el 15% de los ingresos totales de la compañía, que aumentó tres veces en cuatro años. “En nuestro ‘core business’, los centros de esquí europeos y de América del Norte, sólo estamos reconstruyendo sistemas ya existentes”, explica Pichler. “Las ciudades crecen rápido y nuestros desarrollos pueden realmente mejorar la vida cotidiana.”

Este nuevo método de transporte que permite utilizar espacio que hoy de desperdicia –las alturas-, sería un complemento , tal como lo explica Christian Bouvier, director comercial de Poma. “El cable no es una alternativa al subte o al colectivo sino que constituirá una forma de transporte complementaria.”

Sin embargo, no son todas flores. El consultor Steven Dale, presidente de Creative Urban Projects, admitió -en diálogo con The Wall Street Journal- que es una batalla cuesta arriba. “La primera pregunta que siempre nos hacen, tanto los organismos oficiales como el público en general, es: ¿no es una idea estúpida?”

Sin embargo, ya existen varios que permiten cruzar ríos rápidamente, como el teleférico que abrió en 2012 en Londres. Existen líneas urbanas, además, en Nueva York (para llegar a la isla Roosvelt) y en Portland, Oregon.

 

 



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