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Kargieman de Satellogic: "La industria espacial hoy no es de vanguardia"

Satellogic lleva el modelo de desarrollo del software y la electrónica de consumo a la industria espacial. Su plataforma de nanosatélites fue financiada con $ 6 millones.

17 de Julio 2013
Kargieman de Satellogic: "La industria espacial hoy no es de vanguardia"

 


Emiliano Kargieman (37) fue uno de los fundadores de Core Security Technologies, una de las empresas de tecnología más interesantes que surgieron en la década pasada en la Argentina, con foco en el desarrollo de software y consultoría en seguridad informática, con laboratorios en Buenos Aires y casa matriz en Boston, Estados Unidos.

“Mantengo un vínculo, pero no estoy en la parte operativa de Core desde fines de 2006. En aquel momento habíamos cerrado una ronda de capital en Estados Unidos con Morgan Stanley, habíamos formado un equipo de management profesional y había que dejarlos trabajar”, recuerda.

 satellogic

El desafío siguiente pasó por el armado de un fondo de inversión —Aconcagua Ventures— con otro de los fundadores de Core, Jonathan Altszul. “Habremos visto más de 500 proyectos y terminamos con cinco inversiones. Estuvo bueno estar del otro lado de la mesa por una vez, pero también me frustró un poco la experiencia, porque a uno le gusta hacer cosas y dar consejos y ver las cosas desde un costado no es un rol que me deje totalmente satisfecho.”

Pero la experiencia que lo llevaría a un terreno más lejano sería su paso por Singularity University, en el NASA Ames Research Center, adonde llegó a mediados de 2010. “Iba con ideas muy distintas a las que surgieron después, porque pensaba en hacer cosas para el agro y terminé con proyectos para el espacio. Básicamente, lo que pasó fue que comencé a charlar con gente que estaba trabajando en la industria espacial y me empecé a dar cuenta de que es algo muy distinto a lo que uno piensa. En lugar de ser algo de vanguardia, se usa tecnología muy vieja y metodologías de desarrollo anticuadas”, dice. Kargieman comenzó entonces a pensar que había una oportunidad para ingresar a un mercado de servicios satelitales que mueve U$S 90.000 millones al año, “con un nivel de innovación que es muy bajo, por lo que me pregunté si las prácticas y modelos de negocio de las tecnologías de la información no se podían aplicar a la industria espacial.

Se me ocurrió que uno podía construir tecnología para el espacio de manera mucho más económica y que de esa manera también se podía contribuir a la democratización del acceso al espacio y a mayor innovación”.

El lugar al que todos llaman cielo

Cuando terminó el programa de verano de Singularity University, Kargieman se quedó seis meses más en Ames, en el centro de investigación de la NASA. “Al principio, mis interlocutores me destruían cada idea que les llevaba. Pero al final los convencí de que estaba en la dirección correcta y ahí comencé a pensar en armar una compañía. Decidí que no la iba a hacer en Estados Unidos por temas regulatorios, porque me generaba complicaciones ser extranjero y también porque tengo vocación de hacer tecnología en la Argentina”, expresa.

La idea madre era crear una plataforma de nanosatélites a partir del estándar abierto Cubesat, que fuese capaz de brindar una serie de servicios como aquellos destinados a experimentación científica (materiales, investigación biológica, sensores), imágenes, comunicaciones y educación, entre otros.

Con ese objetivo en mente, Kargieman regresó a la Argentina y entusiasmó a otro ex Core, Gerardo Richarte, para que se sumase a Satellogic, nombre con que bautizó a la compañía. Tras llegar a un acuerdo con INVAP, sería incubada en el seno de esa firma en Bariloche y para el desarrollo del proyecto se sumó el aporte financiero del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación (Mincyt). “Yo venía hablando con (el ministro) Lino Barañao, a quien le venía contando las ideas que tenía y que veía una oportunidad para la Argentina en esta industria. Nos acompañó durante el crecimiento del proyecto y fue decisivo a la hora de volver al país”, dice.

Durante 2011, ya radicados en Bariloche, se concentraron en el diseño de la plataforma, la selección de sus componentes y las pruebas del equipamiento. “En el caso de los electrónicos hubo que testearlos en vacío y bajo radiación. Fue bueno estar en INVAP para esto, porque ellos de alguna manera funcionaron como consultores técnicos. También hicimos un acuerdo con un acelerador de partículas en Canadá y nos fuimos allá a bombardear con protones de alta energía los chips que habíamos elegido, para ver cómo reaccionaban bajo radiación”, recuerda.

El primer resultado fue el nanosatélite “Capitán Beto” (en homenaje a Luis Alberto Spinetta), cuya denominación técnica es CubeBug-1, de apenas dos kilos de peso y del tamaño de una caja de zapatos. Comandado desde el Radio Club Bariloche —cada 15 o 30 segundos Capitán Beto envía un paquete de datos—, fue lanzado a fines de abril pasado desde el centro espacial chino de Jiuquan y lleva tres equipos principales: una rueda de inercia para sus movimientos en el espacio, una cámara de baja resolución y una computadora basada en arquitectura ARM que controla su navegación.

capitanbeto 

Tanto el hardware como el software de la plataforma tecnológica desarrollada por Satellogic estará disponible en el futuro para quien quiera utilizarlo. El trabajo abarcó el diseño del artefacto, la generación de proveedores locales de componentes y la calificación en tierra y en vuelo de los satélites. Parte del desarrollo fue financiado por el Mincyt mediante una inversión de $ 6,3 millones, a la que se sumó el aporte privado. “Hoy somos 13 personas en Satellogic y 25 proveedores externos que son estratégicos, cada uno de los cuales está haciendo un diseño o un componente a medida para nosotros. Estamos tratando de usar un modelo de compañía donde tenemos un núcleo muy bien definido de lo que hacemos nosotros y el resto lo hacemos afuera con proveedores”, describe Kargieman.

El segundo satélite (bautizado “Manolito”) tiene previsto su lanzamiento para julio de este año a bordo de un cohete ruso y tendrá un mayor nivel de integración local, que pasará del 65 al 83 por ciento de los componentes. Según Kargieman, “uno de los objetivos del proyecto es consolidar la capacidad de fabricar componentes en la Argentina. Los chips obviamente que no, los compramos a Texas y no tiene sentido fabricarlos acá. Y las placas por ahora las fabricamos en Estados Unidos y China porque no hay tecnología en la Argentina para fabricar placas de 10 capas. Pero sí se hacen acá las antenas, la radio y los paneles solares. Y el software y la electrónica de la computadora de a bordo se hicieron desde cero. Obviamente que, para hacer las cosas a la escala y al precio que nosotros queremos, es completamente distinto el proceso de fabricación”.

Tras el lanzamiento del segundo satélite, Satellogic tomará vuelo propio con miras a enfocarse en el negocio de los servicios satelitales. “Ahora mismo estamos cerrando una ronda de inversión y estamos hablando con algunos potenciales clientes”, anticipa Kargieman. ¿Quiénes son? Kargieman esquiva la pregunta y dice que pronto lo sabremos.

La edición original de este artículo se publicó por primera vez en la revista Information Technology N°189 (junio de 2013).



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