Innovación sin límite de edad

 Las estrellas jóvenes dominan los titulares tecnológicos. Pero, fuera de Internet, las investigaciones muestran que la edad de los innovadores crece a medida que aumenta la complejidad.

03 de Octubre 2012
Innovación sin límite de edad




Los capitalistas de riesgo en Silicon Valley prefieren fondear a los jóvenes, al próximo Mark Zuckerberg. ¿Por qué? El mantra común es que, si uno tiene más de 35 años, es demasiado viejo para innovar. En realidad, hay un perfil en desarrollo del emprendedor “perfecto”: lo suficientemente inteligente como para entrar a Harvard o Stanford pero con el desparpajo suficiente para dejar los estudios. Algunas figuras prominentes incluso urgen a los jóvenes talentosos a saltearse la universidad, en teoría, para que no gasten su “juventud” estudiando.

Hasta cierto punto, el culto que Silicon Valley ha construido alrededor de las personas jóvenes tiene sentido, particularmente en cuanto a las tecnologías móviles y de Internet. Los jóvenes tienen una enorme ventaja porque no tienen la carga del pasado. Los viejos trabajadores tecnológicos son expertos en construir y mantener sistemas en viejos lenguajes y arquitecturas de computación. Tienen salarios mucho más altos. ¿Por qué los empleadores deberían pagar U$S 150.000 por un trabajador con 20 años de experiencia irrelevante cuando pueden contratar a un joven graduado universitario por U$S 60.000? Después de todo, el graduado traerá ideas nuevas y no tiene que irse temprano a su casa por su familia.

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Estos graduados crecieron en una era en la que todo el mundo se estaba conectando. Para ellos, el mundo es una gran red social en la que pueden jugar o trabajar con cualquiera, en cualquier lado. Esto no es un fenómeno sólo de los Estados Unidos. Los chicos en Egipto y China tienen la misma relación con la Web que los estadounidenses. Con mejor información, y más oportuna, en sus dedos que cualquier otra generación en la historia, los jóvenes del mundo pueden superar los miedos y prejuicios de sus padres. Por eso, en Medio Oriente están fomentando revoluciones y los chinos se están inquietando. Un ingrediente clave en la innovación es la habilidad de desafiar a la autoridad y romper las reglas, una pasión que Internet está despertando entre la nueva generación de jóvenes en el mundo.

Los jóvenes entienden los límites del mundo web, pero no conocen sus propios límites. Esto está probando ser una combinación poderosa. Como no saben qué no es posible, los Zuckerbergs pueden llegar a nuevas soluciones para viejos problemas. Es por eso que lideran el desarrollo de nuevas compañías innovadoras en los segmentos de móviles y de Internet.

Pero las grandes ideas en sí mismas no conducen a tecnologías revelación o a compañías exitosas. Ideas hay muchísimas. El valor viene de transformar las ideas en inventos y los inventos en empresas exitosas. Para hacer esto, uno tiene que colaborar con otros, obtener financiamiento, entender los mercados, ubicar productos, desarrollar canales de distribución y lidiar con el rechazo y el fracaso. En otras palabras, uno necesita habilidades de negocio y de management y madurez. Esto viene con educación, experiencia y edad.

De hecho, investigaciones de mi equipo revelaron que la edad promedio y mediana de los fundadores de las empresas tecnológicas exitosas de los Estados Unidos (con facturación real) es de 39 años. Encontramos el doble de fundadores exitosos de más de 50 años que de menos de 25 años, y el doble de más de 60 que de menos de 20 años. Así que todos tienen una chance de ser exitosos, pero la edad provee una ventaja distintiva.

Los capitalistas de riesgo, entonces, ¿están equivocados al fondear compañías con CEOs con caras de niños? Quizá una respuesta yace en los resultados de un estudio conducido por la Kauffman Foundation. Descubrió que durante el periodo en el cual fondear emprendedores tecnológicos jóvenes se convirtió en la norma (entre 1997 y 2007), la industria de inversión de riesgo creció dramáticamente. Pero los retornos en realidad se estancaron y luego declinaron precipitadamente. Los retornos de la industria de capital de riesgo quedaron a la zaga de aquellos del Index Russell 2000, de pequeñas capitalizaciones por 10 por ciento durante un periodo de 10 años.

Cuando uno conoce a emprendedores en India, Irlanda, Brasil y otras partes del mundo, se encuentra muchas de las mismas dinámicas en juego. Los jóvenes tienen las ideas extravagantes, pero son las personas más grandes quienes consiguen el éxito de los negocios. En todos estos países, los emprendedores jóvenes están creciendo. Como en Estados Unidos, muchas de estas firmas fallan. Eso está bien cuando se puede aprender de las fallas y comenzar de nuevo, una y otra vez. Esta ha sido la ventaja de Silicon Valley: acepta el fracaso y alienta a los emprendedores a seguir intentándolo. No es así en otras partes del país y del mundo. En la mayoría, si uno fracasa, no obtiene una segunda oportunidad. Pero las culturas están cambiando. Están comenzando a aceptar el fracaso. Así que los emprendedores de todo el mundo están tratando una y otra vez. En el proceso, se están volviendo más viejos e inteligentes y finalmente alcanzando el éxito.

Incluso China se está abriendo más al emprendedorismo, aunque en ese país un abismo divide a los mayores de los jóvenes. A pesar de los miles de millones de dólares que el gobierno chino está invirtiendo en investigación, prácticamente no hay innovación en sus laboratorios: están llenos de una generación que llegó a la madurez en los días de la Revolución Cultural, cuando desafiar a la autoridad era una ofensa capital. Pero si uno conoce a los jóvenes en las universidades o los cafés de Internet, encuentra la misma habilidad de innovación que se ve en Silicon Valley.

Innovación multidisciplinaria

Mucho de lo planteado anteriormente se refería al mundo de la computación. Pero vivimos en una era de tecnologías que se expanden exponencialmente. La ley de Moore describe los avances en el poder de la computación. Hoy hay otros campos de la ciencia e ingeniería avanzando igual de rápido, como robótica, biología sintética, medicina y nanomateriales. El genoma humano, por ejemplo, fue secuenciado por primera vez hace una década a un costo que superó los U$S 1.000 millones; ahora, la misma proeza cuesta U$S 1.000. Juntas, todas estas ventajas están haciendo posible responder a muchos de los grandes desafíos de la humanidad: asegurarse que todos tengan educación, agua, comida, refugio, salud y seguridad adecuados. Los emprendedores ahora pueden hacer lo que antes sólo podían concretar los gobiernos y las grandes corporaciones.

Pero entender estas tecnologías diversas no es el dominio de los jóvenes. Aunque quienes dejaron la universidad pueden saber todo sobre social media, es poco probable que entiendan las complejidades de la nanotecnología y la inteligencia artificial tan bien como sus mayores. Estas son tecnologías complejas que requieren no sólo una educación fuerte, sino también la habilidad de trabajar y colaborar con pares intelectuales en diferentes disciplinas de la ciencia y la ingeniería. Dadas las nuevas complejidades en las ciencias, no es sorpresa entonces que los innovadores en realidad estén haciéndose mayores.

Benjamin F. Jones, economista de la Kellogg School of Management, estudió los antecedentes de los ganadores del Premio Nobel y otros grandes inventores del siglo XX. Descubrió que la edad promedio en la que hicieron su innovación más grande fue a los 39 años. La mayor cantidad de grandes avances (el 72 por ciento) llegó entre los 30 y los 40 años del inventor, y sólo el 7 por ciento se concretaron antes de los 26 años. Lo que es más, Jones descubrió que la edad para obtener el mayor logro en realidad está creciendo, a cerca de seis años, durante el último siglo. De hecho, ese efecto se dio por la caída en las tasas de invención a edades más jóvenes. La explicación es probablemente simple. Las personas están pasando más tiempo en entrenamiento como pre-requisito para poder contribuir de manera efectiva en campos complejos. Pero la realidad es que no hay requerimientos específicos de edad para la innovación. Los jóvenes y viejos pueden innovar de la misma forma. Los jóvenes dominan el desarrollo de software de la nueva era y el software será una fuerza conductora clave en la convergencia de otras tecnologías que se están expandiendo exponencialmente. Así que necesitamos mucho a los jóvenes. Y necesitamos a los emprendedores mayores para que desarrollen soluciones interdisciplinarias que resuelvan los grandes desafíos de la humanidad.



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