¿Se puede regular Internet?

Los problemas con los derechos de autor, el intercambio y la comercialización ilegal de contenidos reavivó el debate por cómo se puede organizar mejor la actividad en la red de redes. Especialistas, abogados e investigadores locales llegan a un resultado sorprendente. Las claves. 06 de Marzo 2012
¿Se puede regular Internet?
Desde el nacimiento de Internet hubo una creencia generalizada de que regular ese mundo era una tarea imposible, que la red es un lugar anárquico, sin reglas. Sin embargo, tanto desde el punto de vista tecnológico como legal, la red está regulada, según coinciden diferentes especialistas.

"Es claro que una de las formas de regular Internet es a través de las leyes pero la red se regula de manera mucho más efectiva en términos tecnológicos", explica Ariel Vercelli, abogado e investigador asistente del Conicet, y agrega que, "cuando alguien construye un sitio web, una enciclopedia colaborativa u otro tipo de proyecto en Internet, lo que se va encontrando es que la arquitectura que tienen esos sitios, en realidad, ya codifica las reglas de cómo deben comportarse los usuarios, antes y no después".

Desde el punto de vista legal, "se pueden regular las diferentes actividades que se realizan en la Web", amplía Macarena Pereyra Rozas, abogada especializada en Derecho en Alta Tecnología y Asesoramiento Empresario del Estudio Carranza y Torres. "Existen leyes que regulan el comercio electrónico, leyes que regulan la privacidad de los datos, leyes que regulan los delitos informáticos", detalla la especialista.

Sin embargo, también aclara que, salvo en los casos de tratados internacionales, en los cuales los paises se ponen de acuerdo para regular ciertos temas de modo uniforme, cuando un país regula, lo hace dentro del marco de su propia jurisdicción.

Combatir delitos
"Como tales, las leyes no se dirigen a controlar Internet directamente sino que actúan sobre los proveedores de servicios", comenta Horacio Arroyo, presidente de SOLAR, la Asociación de Usuarios y Desarrolladores de Software Libre de la Argentina, y aclara que "es una vuelta de tuerca pero el efecto es casi el mismo, indistinguible para el usuario de a pie".

Para Pereyra Rozas, combatir delitos que se producen a través de la Web, probablemente, requiera generar más leyes. "Porque todo lo que es penal tiene que tener una interpretación muy restringida de la Ley. Lo que la Ley no debe hacer es generar un vacío que evite perseguir a quien comete una actividad ilegal".

Por su parte, desde el Conicet, Vercelli aclara que "las leyes y el diseño tecnológico son importantes, pero aquello que hacen o dejan de hacer los usuarios y la resignificación de la arquitectura también lo es". Para el investigador, lo decisivo es entender que, desde el inicio de Internet, no existió nunca una lógica de no regular. "Todo el mundo lo intentó y de todos esos intentos, algunos fracasaron y otros dejaron algo, pero todos están vigentes", sentencia.

La abogada del estudio Carranza y Torres profundiza en que la tecnología siempre va un paso por delante del Derecho, porque la innovación tecnológica va generando situaciones que la Ley tiene que evaluar. Vercelli agrega: "Las leyes, para ser efectivas, tienen que estar articuladas con otros reguladores. Lo que se ve es que muchas corporaciones intentan regular a través de la tecnología, es decir interpretan los tratados o las leyes y diseñan tecnologías a consecuencia de esa interpretación".

Las iniciativas SOPA y PIPA
En los últimos meses, diferentes proyectos de ley en los Estados Unidos, como la Stop Online Piracy Act (SOPA) o la Protect IP Act (PIPA), intentaron regular la la propiedad intelectual, con el fin de reducir el nivel de piratería dentro de la red.

Al respecto, Arroyo afirma que "las leyes SOPA y PIPA lo que tratan es de declarar culpable administrativamente. No hay un proceso judicial previo a ambas partes, tanto al proveedor de servicio como al usuario". El representante de SOLAR resalta que la Ley está varios pasos detrás de la implementación practica de la tecnología, que, justamente, es mas rápida y ágil que todo cuerpo legislativo.

En cuanto a las actuales normas sobre propiedad intelectual, Pereyra Rozas defiende la idea de que, el canon es tan claro como útil para aplicarlo en asuntos de intercambio de propiedad intelectual o de difusión por la red de redes.
Justamente, por ello, para Arroyo, es clara la intención de iniciativas como SOPA o PIPA. Según el especialista, las iniciativas conllevan una segunda intención que se centra en controlar el acceso a la información y la libre circulación de contenidos en Internet.

Vercelli manifiesta: "Lo que se ve en estos proyectos es una especie de adecuación de intereses políticos que pueden defenderse con un cambio radical en la estructura de Internet. Sin embargo, no funcionó porque ni los usuarios ni las mismas empresas, como Twitter, Google o Amazon estuvieron de acuerdo".

Tras el desenlace, que culminó con la suspensión de los proyectos ante un trasfondo de un enardecido rechazo de parte de usuarios y empresas de todo el mundo, todos los consultados coinciden en que la última palabra aún no se ha escuchado. "Hay que ver cómo evolucionan y cómo quedan los textos. En cualquier caso, no hay que pensar que va a ser el fin de Internet ni tampoco la solución para los problemas de piratería", aclara Pereyra Rozas. Otra cara de la moneda será ver cómo reaccionan los usuarios. "No como forma de protesta, sino en cuanto a cómo toman el texto de la normativa y si realmente empiezan a pensar en alternativas de consumo que respeten más los derechos de otras personas", anticipa la letrada.

El futuro de la Web
Es difícil de prever cómo debe ser la regulación futura de Internet, cuando los cambios son constantes. "Ahora, estamos en una etapa en donde por el gran avance de la tecnología estas cuestiones tienen que ser repensadas. Más que nada, el uso y cómo hacemos que se puedan respetar los derechos de autor mediante el uso de Internet. Pero no tiene que dejar de existir la propiedad intelectual ni tiene que haber leyes que hagan que deje existir la red", asegura Pereyra Rozas.

Para Vercelli, se necesita una regulación democrática. "Que se decida teniendo en cuenta los intereses comerciales pero también el acceso a la cultura, los intereses en términos de seguridad y los intereses de la ciudadanía", indica. De esta manera, concluye, "podría haber una solución, no definitiva sino flexible, que quedaría abierta, en términos de lo que los usuarios hacen".

"El Estado debe reconocer el trabajo cultural del productor y el derecho del usuario y del espectador a acceder directamente a la producción sin intermediarios", sugiere Arroyo y agrega que la legislación no debería enfocarse "en restringir el acto natural de compartir, sino en proteger ambos extremos de la cadena cultural, al productor en su papel de autor, al reconocerle adecuadamente sus derechos, y al usuario o consumidor, al permitirle el acceso directo, sin intermediarios y pagando una retribución justa".

Por otro lado, uno de los problemas radica también en la forma cómo se genera negocios en la Web. "Faltan modelos de negocios que le permitan a una firma ganar dinero y que habiliten el acceso a los usuarios. Hay que desmontar el sistema y repensarlo. Pero, con la cantidad de intereses en juego, eso se vuelve imposible", admite el investigador del Conicet.



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