Para la industria, los videoclubes están en vías de extinción

Los empresarios nucleados en la Unión Argentina de Videoeditores (AUV) advierten que se encuentra en estado de emergencia. El comercio ilegal –que mueve $ 1000 millones al año- y la alta carga tributaria -40 por ciento sobre el precio al consumidor- son algunos de los factores. 14 de Octubre 2010
Para la industria, los videoclubes están en vías de extinción

La quiebra de Blockbuster abrió el debate por la situación de la industria del video. La cadena estadounidense cerró 46 locales y eliminó 564 puestos de trabajo en los últimos tres años. Los números comparativos entre 2006 y 2009 lo demuestran: tenía 62.027 socios activos que cayeron a 22.169 (un descenso del 65 por ciento), alquilaba 145.117 películas al año que bajaron a 64.199 y su facturación retrocedió un 26,5 por ciento. El desmoronamiento del gigante alarma a los empresarios del sector. “Blockbuster le debe al sector de editores de video cifras importantes. Su aporte representa el 15 por ciento de lo facturado por los sellos SBP y TVE”, explica Daniel Parise, director de la firma. De este modo, se espera que la industria afronte una caída cercana al 25 por ciento en 2010.

Más de 2500 videoclubes cerraron sus puertas en los últimos tres años, y en la actualidad -de manera regular- compran películas sólo 500 locales. Los representantes de la industria del video – Aldo Fernández Sánchez, presidente de la Unión Argentina de Videoeditores; Rolando Shama, secretario; Daniel Parise, director de los sellos SBP y TVE; y Osvaldo Moreno, secretario adjunto de Unión Trabajadores Sociedades de Autores y Afines- aseguraron que “la industria se encuentra en estado de emergencia” y que “se sienten hijos de nadie”.

La piratería –como denominan a la descarga de películas por internet- y el comercio ilegal –la venta de soportes físicos de modo desleal- son el principal enemigo del sector. Este último evita impuestos, alquileres y demás pagos obligatorios, además de abusar del espacio público. Según datos de la Unión Argentina de Videoeditores (UAV), el 90 por ciento de las copias en circulación son piratas y el 80 por ciento del total del mercado del video en pesos es ilegal. Así, los más de 80 millones de films comercializados acumulan $ 1000 millones al año.

Como consecuencia, las ventas en los videoclubes cayeron un 70 por ciento y se produjeron cierres de los actores del comercio legal. Tal es el caso de la empresa Gativideo, que supo ser una de las más importantes y con mayor cantidad de títulos extranjeros. También LK-Tel tuvo que bajar sus persianas en 2009. De este modo, presumen que de los 800 locales que existen hoy en día, en seis meses quedará sólo la mitad.

El pedido más fuerte del sector apunta al Estado. “Ni las acciones judiciales ni policiales pudieron con el comercio ilegal. Nadie se hace cargo de reflotar esta industria”, asegura Osvaldo Moreno, secretario adjunto de Unión Trabajadores Sociedades de Autores y Afines. “La actividad tiene una carga impositiva altísima: 40 por ciento sobre el precio de venta al consumidor”, explica Aldo Fernández Sánchez, presidente de la Unión Argentina de Videoeditores. En este sentido, los ejecutivos miran el caso uruguayo. En 2008, se sancionó una ley que exime de pago de Impuesto al Valor Agregado (IVA) a la industria del cine, video y música. “El argumento era que el precio sea más competitivo con la piratería y fomentar así que la gente elija lo original”, destaca Fernández Sánchez. De este modo, si en la Argentina el precio promedio de un DVD es de $ 50, su precio podría descender hasta los $ 30 sin impuestos.



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