Nouriel Roubini: "El modelo de la Argentina no es sustentable"

El economista anticipó que el país debe cambiar su política económica. Abogó por seguir el ejemplo de naciones como Brasil y Chile para atraer inversiones. La inflación y la “floja” política monetaria, como frentes a atacar. La recomendación: más políticas pro mercado. 25 de Octubre 2010
Nouriel Roubini: "El modelo de la Argentina no es sustentable"

Hace dos años era sólo una voz más que, desde su universo de datos, estadísticas y
gráficos, evaluaba el día a día económico en el mundo. Hoy, es Nouriel Roubini, el economista de nombre difícil que supo anticipar con precisión el derrumbe financiero, que precipitó la última crisis global y que cambió para siempre las coordinadas económicas y políticas del mundo. Ante ese escenario, se muestra convencido de que la recuperación es todavía más una declaración de intenciones más que una realidad. Los países desarrollados tardarán en deshacerse del lastre que significa un sector público que debió interceder con planes de estimulo y rescate para evitar el desastre final. Mientras, gran parte de los mercados emergentes corre con ventaja para sacarle provecho a una recuperación impulsada por los altos precios en commodities, políticas monetarias sólidas y “pro mercado” y vivir así una recuperación en “V”. En ese grupo podrá estar la Argentina, pero sólo si logra cambiar de rumbo su actual política economía y monetaria.

De visita relámpago a Buenos Aires, Roubini presentó el lunes, en el hotel Sheraton de Retiro, una exclusiva conferencia organizada por la Universidad Di Tella a la que tuvo acceso Apertura.com. Frente a un auditorio tan selecto como nutrido, entre cuyos asistentes se vieron figuras del establishment pero también analistas y políticos, el economista, profesor de la Stern School of Business de la New York University y ex consejero de la Casa Blanca, de 51 años, analizó el actual estado de la economía en el mundo y los desafíos que se avecinan particularmente para la Argentina. A la economía local, el especialista le augura, para 2011, un momento bisagra en el cual deberá definir si se queda del lado de los ganadores de la recuperación –Brasil, Chile, Perú–  o si, en cambio, sigue el derrotero que le espera a Venezuela y Ecuador. Porque, para salir del pozo financiero, que dejó la caída del banco Lehman y la crisis subprime, gran parte del trabajo recaerá en los mercados emergentes. Los antiguos motores de la economía mundial, Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón o gran parte de la zona del Euro deberán lidiar en los próximos años con la sobreexposición de sus sectores públicos y el endeudamiento y lastre que ellos significará para el crecimiento económico. Marcarán así también el cambio de poder que se está trasladando desde el antiguo y selecto grupo de las siete economías más desarrolladas a uno mucho más amplió como es el G-20.

Sin embargo, entre los mercados emergentes, Roubini tampoco dudó en distinguir a dos grupos de candidatos. Aquellos con las mayores perspectivas serán las economías que “en base a sus propias crisis, supieron reestructurar su economía y darle la flexibilidad necesaria para poder reaccionar ante los embates del mercado”. En América latina, identificó a Chile, Brasil, Uruguay y Perú, que se supieron sumar al poderío que irradian potencias como China o India. Lo instrumentaron en base a “políticas y reformas pro mercado”. Hoy, se presentan con una participación de la deuda pública en el Producto Bruto Interno (PBI) mucho menor al de sus pares  desarrollados. Lograron edificar un sistema bancario que muestra una situación de “gran liquidez, con poco nivel de apalancamiento, bien regulado y con la capacidad de transferir esa solidez al sector productivo vía créditos y financiamiento a tasas razonables”. Tal conjunto se traducirá así, en el mejor de los casos, en un crecimiento de entre 5 y 8 por ciento de su PBI, contra 2 ó 3 por ciento de los países desarrollados.

Es aquí donde Roubini marcó la principal diferencia y el desafío para la Argentina en su versión 2011. A su favor, destacó un crecimiento robusto, un superávit, si bien modesto, de la cuenta de capital y fiscal, además de una situación financiera estabilizada, tras las dos rondas de canje en los últimos años. “Sin embargo, hay unos cuantos factores que preocupan y mucho cuando se mira con más detenimiento a la economía local”, matizó al equiparar a la economía local con las de Bolivia y Venezuela.

Los desafíos de la Argentina
Entre las principales amenazas, destacó la tasa de inflación, que para el año próximo podría alcanzar la marca del 30 por ciento. Otra es el impulso financiero que llega desde el sector público, en base a los beneficios que generan las exportaciones de commodities y sus precios en alza. Se suma una débil política monetaria y fiscal, agravada por un gasto público descontrolado. “O sea tenemos un estímulo excesivo desde el lado monetario, un estímulo excesivo desde el lado crediticio y fiscal. Eso hace que una parte no menor del rápido crecimiento del país, que se basa sobre un impulso de la demanda local, sea artificial”, indicó Roubini. “Y dudo de que un modelo así, en la Argentina o en Venezuela, sea sustentable”, comentó. “Particularmente por el peligro a la aceleración inflacionaria y los daños colaterales que ello significa”, manifestó.

Una de las amenazas que podrían desequilibrar la dinámica radica en que los ingresos que llegan desde el sector de exportador tenderán a reducirse en los próximos años, a medida que el intercambio comercial en el mundo aminore, siguiendo la tendencia de un crecimiento mucho menor que el de los últimos años de rebote económico.

Sin olvidar los problemas institucionales que muestra el país: “El hecho de que las reservas del Banco Central pasaron a ser usadas para mantener el nivel de gasto del Gobierno; de que la estatización de los fondos de pensión (AFJP), sirva para poder impulsar el nivel de crédito; de que el clima de negocios sea un tanto adverso a inversores extranjeros; o la incertidumbre de un año electoral que llegará en 2011”, según resaltó Roubini.

Basados sobre esto ejes, el país no podrá sacar provecho de un entorno económico, que ciertamente también guarda oportunidades: un flujo de inversiones que, a falta de alternativas más redituables en los mercados tradicionales, busca aprovechar la perspectiva y los fundamentals que muestran los mercados emergentes más sólidos. “Pero estos, por el momento, no vendrá a la Argentina”, indicó el analista, que alguna vez se ganó el sobrenombre Dr. Doom (doctor catástrofe) por sus crudas proyecciones. “Dependerá de qué tipo de política económica decida tomar el país. A largo plazo, los activos que tiene la Argentina –recursos naturales, una buena base de emprendedores y un buen nivel de capital humano pueden convertirse en la base de crecimiento a largo plazo. Pero todo dependerá de las medidas y el modelo que adopte el país en el mediano plazo”, sentenció.

No obstante, también para los mercados emergentes en posición de concentrar el interés de los inversores, el panorama no es sólo para festejar. El principal desafío se ubicará en saber manejar la presión que generará el interés exterior sobre las monedas locales y la incipiente “guerra de monedas”. Demasiada intervención para proteger la propia puede llevar a un sobrecalentamiento, advirtió Roubini. Otras medidas, como el control de ingreso de capitales puede, en cambio, si puede generar un beneficio a corto plazo, pero conlleva consigo la amenaza de un impacto negativo en el mediano plazo.

Por su parte, el mundo desarrollado vivirá una recuperación “mucho más lenta y anémica y en forma de U”. Entre las principales razones, destacó el lastre que significa el crecimiento de la deuda pública, que creció a medida que gobiernos y administraciones debieron suplantar a la falta y pasividad que se generó en el sector privado por la incertidumbre económica. De esta forma y según sus proyecciones, para 2015, el pasivo público esta habrá crecido hasta un 110 por ciento del PBI, en economías como Estados Unidos, Europa del Norte o Japón. Antes de la crisis esta había sido del 70 por ciento. 

“Esto sólo demuestra que no hay una respuesta única, como tampoco hay un tipo de ganadores como resultado de esta crisis”, matizó Roubini, adelantó para los antiguos mercados desarrollados crecimiento lento por años. A pesar de tanta incertidumbre, el experto aventuró una certeza. “Ningún país es una isla en el mundo actual. No hay opción que no sea insertarse en el mundo. La globalización es una realidad y nadie quedará extento de ello”.



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