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Los polos TIC compiten cada vez más

La tendencia se refuerza entre los centros de investigación y desarrollo. Radiografía de un sector que se debate entre la oferta de nicho y de carácter general a medida que crece la cantidad de clusters y parques tecnológicos en el país. 30 de Marzo 2010
Los polos TIC compiten cada vez más

El desarrollo tecnológico se desparrama como un racimo de enormes granos de uvas en el territorio argentino. En los últimos cinco años, se crearon más de una docena de polos tecnológicos en las geografías de la Argentina. Los pioneros lograron consolidarse como centros de integración pública y privada. Los clusters de Rosario, Córdoba y Buenos Aires fueron y son los que marcan el ritmo en ese sentido, pero de a poco la experiencia está siendo imitada en formato de nicho. Ejemplos son las instalaciones en ciudades como Bahía Blanca, Corrientes, La Plata, Jujuy o Chaco.

Entre los casi 20 polos y clusters de empresas de software e informática que existen en el país se nuclean a más de 700 empresas de software y servicios informáticos del país que buscan a través de la asociatividad incrementar sus negocios, posicionarse en sus regiones y también imitar a los establecidos en la busqueda de clientes en el exterior. En el mejor de los casos, junto a las universidades.

“Como las empresas que funcionan en el polo son productoras de software y servicios informáticos sin excepción, la intención es agrupar a las empresas para que alcancen objetivos de manera conjunta”, explica a IT Business María Marta Sucari, presidenta del Polo IT Buenos Aires. La directiva destaca que el trabajo del polo porteño es, entre otras cosas, generar recursos humanos. Se estima que la demanda de empleo crecerá algo más de 13 por ciento, en 2010, sobre los casi 57.000 puestos de trabajo existentes en el sector. Esto se traduce en unos 7.000 nuevos empleos, de los cuales al menos un tercio se demandará en la zona de Capital. Con estos números en la mano, en el Polo IT también busca diseñar acciones para que, a la hora de incorporar personal, las empresas no deban retrasar la puesta en marcha de nuevos proyectos y negocios.

Pero, más allá de los recursos, una meta común que persiguen estos espacios es la vinculación con empresas de la economía en general. Por eso, es coincidente que la mayoría busque instalarse en predios industriales en los que tradicionalmente se ha desenvuelto otro tipo de compañías, o encarar acciones que les permita llegar a empresas de la llamada economía tradicional con sus productos y servicios. Es lo que, por ejemplo, persiguen la Cámara de Empresas Informáticas (CEDI) de Rafaela, el Cluster Infotecnológico Neuquino Patagónico o el Cluster Tucumán Technology.

Por otro lado, si bien la mayoría de los polos se crea por la necesidad de consolidar a una industria en continuo crecimiento, también es cierto que se conforman a partir de la competencia que va surgiendo en cada región. Si una provincia tiene un parque tecnológico que demanda trabajo de manera constante, en algún momento, comenzará a producir una inmigración de recursos de las provincias vecinas. Estas verán diezmadas sus posibilidades de avance por la falta de personal calificado en su zona de influencia.

Es lo que sucede en Cuyo. La cercanía entre Mendoza, San Juan y San Luís hace que, a la hora de encarar un proyecto y frente a la falta de profesionales locales, se demanden esas tareas en las provincias vecinas. Cabe resaltar que, entre las tres, reúnen a algunos de los polos tecnológicos más nuevos del país: el Parque Informático La Punta (PILP), de San Luis, creado en 2004, o el Polo Tecnológico Mendoza, surgido en el año 2005. El PILP es también un ejemplo que ilustra el debate sobre la necesidad de especializarse o no. Nuclea hoy a 16 empresas. En su mayoría, todas originarias de Buenos Aires que decidieron ampliar sus operaciones en esta provincia. Es el caso de Mercado Libre, Coradir, Indra, Competir, Telesoft o Unitech, entre otras. Es decir, este polo se alimenta de empresas creadas fuera de sus fronteras y que buscan expandirse en aquellos lugares en donde haya una vinculación fuerte con la universidad. Suma la oportunidad de lograr reducciones impositivas y ahorros. En éste caso, los beneficios que surgen de la ley 448/2004, que otorga descuentos en el costo de arrendamiento por cada empleado contratado y proyectos en marcha, además de reintegros al salario. “A nosotros no nos interesa ganar con el alquiler del espacio, en los edificios sino generar trabajo”, comenta Cristian Moleker, director del PILP. “Con este mecanismo, el costo es 0 para las empresas, y al Gobierno le genera valor agregado”, sostiene.

El PILP cuenta así hoy con dos edificios, el PILP I y el PILP II. El primero tiene su capacidad ocupada al 100 por ciento, mientras que en el segundo ésta está en un 90 por ciento adjudicada. 12 son las empresas que están empleando a 240 personas. Para los próximos meses se espera que el número se incremente a unas 350 personas. Entre las esperanzas, figura también la llegada de al menos diez nuevas empresas.

La movida de San Luis motivó a otras regiones a tomar nota. Fue así que, desde Zapala, Neuquén, se acercaran a la Universidad de La Punta, para asesorarse sobre la conformación de un parque tecnológico. También los responsables del Distrito Tecnológico porteño admitieron que replicarán algunas experiencias puntanas en Buenos Aires a través de otro acuerdo marco sellado entre ambas entidades.

Por otra parte, a medida que más jóvenes se vuelvan a este tipo de carreras, crece la base de recursos humanos, pero como aún no hay experiencia en el liderazgo de proyectos, esos perfiles deben buscarse en las provincias de los alrededores.

Los profesionales informáticos de Mendoza y Córdoba, por ejemplo, son cada vez más requeridos cuando las empresas instaladas en el PILP encaran nuevos proyectos. Y en Mendoza esto ya encendió el alerta en la industria local.

También en la capital del vino, vienen trabajando intensamente para consolidar el Polo TIC Mendoza. Integrado por unas 80 empresas, el centro busca la asociatividad y la articulación entre empresas, Gobierno y universidad. Si bien actualmente funciona en el Instituto de Desarrollo Industrial Tecnológico y de Servicios (IDITS) de Mendoza ya están buscando ampliarse.

Inspirados en las acciones que se llevan adelante en Córdoba, a través del Cluster Cordoba Technology, y de los beneficios que obtienen empresas multinacionales para instalarse en la provincia -Motorola o Intel-, en el polo mendocino se avanza en la elaboración de un anteproyecto que contemple la cesión por parte del Estado de un terreno en el cual se puedan instalar las empresas con ciertos beneficios fiscales. “La intención es que el texto (del anteproyecto) se apruebe en 2010 para que durante ese período se fijen los plazos de construcción del parque y demás acciones”, cuenta Romina Fatuzzo, integrante del Polo TIC Mendoza.

Con el mismo espíritu se mueven en el norte. Allí, el ClusteAr Jujuy tiene como objetivo contar con “un espacio físico único para la instalación del cluster tecnológico informático que implicará no solo la generación de una incubadora de empresas con base tecnológica, sino también la posibilidad de radicación de empresas consolidadas que requieran de infraestructura y servicios acordes para el desarrollo de sus actividades”, indican en la entidad. El tema de los costos es crucial porque, en la mayoría de los casos, se trata de pyme nacionales cuyo mayor gasto operativo tiene que ver con los recursos y la infraestructura.

Especialización: ¿sí o no?
El grueso de los polos tecnológicos que operan en el país nuclean a una amplia diversidad de empresas informáticas que desarrollan aplicaciones de todo tipo: para el agro, los servicios, la gestión empresaria, la contabilidad, la seguridad, entre otros.

Sorprende que aún no se ha avanzado hacia la especialización de un rubro en particular. Se trata de un aspecto que es considerado por algunos expertos como clave para la consolidación de estos parques. Sin embargo, hay razones de peso que explican el espíritu generalista en el caso argentino. “Buscamos a empresas que desarrollen software y que apunten a diversos mercados. En realidad, queremos diversificar el riesgo y no especializarnos en ningún segmento. Nuestra intención es que sean principalmente pymes que ganen contratos de distinto tipo”, expresa Cristian Moleker, del PILP.

Para María Marta Sucari, del Polo IT Buenos Aires, “no es objetivo del polo la especialización sino unir a la empresa con el Gobierno y la Universidad y alcanzar objetivos comunes”. En la misma sintonía, Fatuzzo, del Polo TIC Mendoza, señala que “por ahora el polo es generalista, pero entre los objetivos de largo plazo se apunta a lograr una especialización, además de abrirse a áreas como la nanotecnología, la electrónica y otras áreas”.

La conformación y consolidación de polos tecnológicos en el país es inexorable. De la vinculación que alcancen con los organismos públicos y las universidades dependerá el éxito ya no sólo de las empresas que den vida a esos espacios sino de las regiones que se vean beneficiadas por la innovación y la generación de conocimiento.

Una nueva entidad para coordinar
La conformación de polos y parques tecnológicos motivó, dede la CESSI, la creación del Consejo Federal de Entidades Empresariales de la Industria del Software y los Servicios Informáticos (CFESSI). El organismo apunta a establecer pautas estratégicas sobre el rumbo del sector. Cuentan con un calendario de actividades que se va realizando en distintas ciudades. Su conducción se renueva cada tres meses.



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