El fantasma de una burbuja 2.0

Facebook, Groupon y Zynga, que obtuvieron fondos por más de u$s 2.000 millones en los primeros meses del año, encabezan un nuevo auge inversor en compañías de Internet y startup tecnológicos. El panorama en la Argentina y el exterior. Especulación financiera y sobrevaluación empresarial. ¿Puede repetirse otra burbuja puntocom? 19 de Abril 2011
El fantasma de una burbuja 2.0

En los primeros días de enero de 2011, Facebook recibió una inversión de u$s 500 millones encabezada por el banco Goldman Sachs, que subió la cotización de la red social a u$s 50.000 millones. No fue la única noticia explosiva para el nuevo año en los negocios de Internet: a la semana, Groupon, sitio de descuentos diarios en productos y servicios, cerró una ronda de capitales por u$s 950 millones, la cifra más alta lograda por una dot-com. Y en febrero, Zynga, desarrolladora de los populares juegos sociales online FarmVille y CityVille (que reúnen a más de 250 millones de usuarios al mes), obtuvo u$s 250 millones y su valuación se ubicó entre los u$s 7.000 y 9.000 millones.

Los anuncios hicieron más visible un proceso que se está expandiendo en el mercado: el nuevo entusiasmo inversor por las empresas de Internet, por incipientes start-ups. Todos parecen estar a la caza del futuro Facebook. Ejemplos (en millones de dólares): Foursquare (20), Tumblr (30), SoundCloud (10), RootMusic (2,8), TinyCo (18), GroupMe (10,6) Slacker Radio (3), Quora (11), Yammer (25), MUBI (2,4), Zipzoom (2,2), Hipmunk (4,2) y la lista continúa. Uno de los más llamativos es Cheezburger, que controla varios sitios dedicados a fotos y videos de bloopers (entre ellos uno exclusivamente de imágenes divertidas de gatos) y consiguió un aporte de u$s 30 millones.

Son muchos los que ya comparan esta fiebre capitalista con la vieja ‘burbuja puntocom’, aquel proceso ocurrido hace una década cuando la cotización de las compañías web alcanzó números astronómicos debido a la especulación financiera. Fueron años de excesos y derroches. Los aún nuevos Yahoo! y Amazon valían tanto como los gigantes industriales Alcoa y AlliedSignal.

En enero de 2000, 17 puntocom gastaron hasta u$s 2 millones cada una por una publicidad de 30 segundos en TV, durante la tanda del Super Bowl XXXV. Dos meses más tarde, el índice NASDAQ, donde operan las empresas tecnológicas de Wall Street, alcanzaba el récord de 5.132,52 puntos, y startups como eToys.com cotizaban hasta u$s 80 la acción. Desde ahí, todo fue cuesta abajo. Año y medio después, el índice había perdido el 78% de su valor. Se estima que 5.000 empresas dot-com desaparecieron entre 2000 y 2003.

Hoy, no parece haber signos de una irracionalidad semejante, pero el hecho de que Facebook tenga casi el mismo valor de mercado que Ford Motor y que Twitter, que apenas facturó u$s 45 millones en 2010, tenga un precio de u$s 10.000 millones, agita los recuerdos de un futuro que parece repetirse.

“Hay muchos síntomas de que podríamos estar en presencia de una nueva burbuja. El valor de Facebook, Twittter y Groupon no se condice con sus fundamentals. He recibido propuestas para invertir en empresas que tienen los condimentos necesarios, pero sus valuaciones son astronómicas y ahuyentan a cualquiera que, con dos dedos de frente, haga una simple ecuación de repago”, afirma Damián Voltes, fundador y CEO de Patagonia Ventures, un fondo de capital de riesgo early stage focalizado en startups, principalmente del mercado América latina y ‘emprendedor serial’ creador de Emerging Cast (productora de contenido digital), CuponesOnline.com (promociones), Netkiosk (terminales de acceso público a Internet) e Inter-Marketing Group (agencia de mercadeo digital).

En privado
“Hay riesgo de una nueva burbuja dado que no hay alternativas de inversión rentables en este momento. Los bonos y las tasas de los países pagan poco, la gente busca mayores retornos y los números de estas puntocom despiertan el pequeño avaro que habita dentro de muchos inversores”, opina Santiago Pinto Escalier, quien fundó el portal de empleos Bumeran.com en 1999 y participó como inversor ángel en Ashiwea.com y Keegy.com. Pero para Pinto Escalier, que en los últimos siete años obtuvo más de u$s 40 millones en fondos para sus emprendimientos y hoy es vicepresidente y partner del adnetwork Smowtion, “la diferencia con el pasado es que el e-commerce y la publicidad en Internet son una realidad”.

Solo en Estados Unidos, se realizaron compras online por más de u$s 32.000 millones durante el tercer trimestre de 2010, según ComScore, algo inimaginable una década atrás.

En aquella primera ola dot-com, las empresas buscaban dos salidas para su subsistencia: ser compradas (o fusionarse) o bien financiarse a través de una oferta pública de acciones (IPO, por sus siglas en inglés). En ambos casos, los fondos de inversión inyectaban capitales cual hormonas para estimular el interés de potenciales nuevos inversores y provocaban una rápida cotización en bolsa con el objetivo de recaudar dinero. La fórmula dejó un tendal de pequeños accionistas en la ruina cuando la realidad pinchó el globo especulativo.

“Hace 10 años, podías literalmente levantar capital con un Power Point. Esa locura se acabó: hoy se busca un producto andando, con algo de tracción en cuanto a ventas o tráfico y un equipo fundador sólido”, dice Rodrigo Teijeiro, CEO y fundador de la red social Sonico, que en 2008 se fondeo con u$s 6 millones y hoy agrupa a 50 millones de usuarios registrados en América latina.

Aquella experiencia (y en especial el escándalo bursátil de Enron en 2001) hizo que Estados Unidos aplicara controles más rígidos a los requerimientos para una public offering, con el fin de reducir la especulación y proteger al pequeño accionista. Pero hoy, las dot-com no requieren hacerse públicas para conseguir el dinero necesario: es más, lo hacen (y así lo prefieren) en el ámbito privado.

“Lo único que cambió es que ahora hay muchos fondos privados que pueden inyectar grandes rondas de capital a firmas que podrían hacer un IPO. Pero, sin duda, para una compañía, es mucho más llevadero no cotizar en bolsa ni tener que rendir cuentas al mercado cada tres meses”, expresa Alejandro Estrada, cofundador y CEO de Dineromail.com, sistema de pagos vía Internet con 3,5 millones de usuarios y un crecimiento promedio anual de 600%, que acaba de ser adquirido por el site de compras BuscaPé, de origen brasilero.

“Hay muchas operaciones en mercados secundarios, como el que ofrece el sitio SecondMarket, que permite comprar acciones de empresas privadas. Y también ha comenzado una nueva ola de salidas a bolsa, como la de LinkedIn y Skype, a partir de la cotización en bolsa de Demand Media, que fue la mayor oferta pública de Internet después de la de Google en 2004”, detalla Voltes, quien suma: “Otras estrategias creativas que estamos viendo, aunque de forma acotada, son las reverse IPOs o reverse mergers, donde organizaciones privadas logran su salida comprando y fusionándose con una empresa shelf que ya está en bolsa".

Punto AR
La efervescencia en el mundo por los startups tecnológicos es indudable. Pero, ¿hay también hay inversores locales y extranjeros que apuestan por iniciativas nacionales? Según Voltes, “hay fondos de capital de riesgo de Estados Unidos que están saliendo de Silicon Valley hacia otros países, incluso para América latina, para colocar el exceso de liquidez. Pero también se ve un surgimiento tímido de fondos locales y una nueva camada de inversores ángeles, ejecutivos que han vendido sus empresas de Internet y que no solo aportan el dinero necesario para comenzar una nueva, sino que también actúan como mentores de otros emprendedores”.

Pinto Escalier resume: “Cada vez hay más inversores locales. Muchos pioneros de las puntocom estamos reinvirtiendo en proyectos. En la región, Brasil es muy fuerte en inversores, pero les cuesta regionalizar. Los argentinos seguimos liderando en ese aspecto. Pero, lo interesante del proceso actual es que los fondos de capitales intuyen que el próximo Facebook vendrá de los países no desarrollados”.



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