El desarrollo de software enfrenta un nuevo cambio de paradigma

Por Carlos Fontela, profesor titular de la Facultad de Ingeniería de la UBA y gerente de Ingeniería de Software de C&S. 03 de Agosto 2011
El desarrollo de software enfrenta un nuevo cambio de paradigma

En los tiempos que corren no hay que ser muy perspicaces para ver que hay un cambio en el paradigma dominante en el uso del software y las computadoras. Esto se da en dos sentidos: el de abandono de las computadoras de escritorio por equipos cada vez más portátiles, y el del uso cada vez mayor de aplicaciones y almacenamiento de datos en la nube.

Diversas estadísticas hablan de una mayor participación de las notebooks y netbooks en las ventas, a costa de las PCs de escritorio. Y hace rato que los dispositivos móviles inteligentes vienen desarrollándose en calidad y cantidad vendida. Lo cierto es que estos dispositivos (smartphones, tablet PC y otros) son, además de otras cosas, computadoras, ya que desde el punto de vista del usuario se comportan como tales. Hay una afirmación que cada vez se escucha más entre los especialistas: si en un par de años todos los teléfonos celulares se cambiasen por dispositivos inteligentes, pasaríamos de un mundo con 1300 millones de computadoras a uno con 5 mil millones.

También es cada vez mayor la cantidad de gente que utiliza software como servicio, esto es, no descargándolo en su computadora sino usándolo a través de Internet. Los hay también quienes guardan sus documentos y datos en servidores externos, a los que acceden usando la Web. Si bien hay una cierta preocupación por la seguridad de las personas acostumbradas a tener la ilusión de control sobre sus datos y programas, la ubicuidad que se logra al tener la nube como repositorio de programas y de información, termina imponiendo la idea de software como servicio.

Todo esto resulta revolucionario para los usuarios, lo cual es bastante comprensible. Al fin y al cabo, con un dispositivo que cabe en una mano y el software adecuado, que además se puede descargar fácilmente desde Internet, podemos obtener información de lo más diversa: desde ver cuál es el mejor camino para llegar a nuestro lugar de vacaciones, teniendo en cuenta el nivel de tráfico actual y las condiciones climáticas, hasta qué factura de servicios públicos se nos vence hoy y pagarla on line. Pero lo que es revolucionario para los usuarios va a terminar afectando el tipo de software que desarrollamos y cómo lo hacemos.

Así, en un tiempo tuvimos que acostumbrarnos al cambio que significó el paso de las pantallas de texto a sistemas de ventanas, íconos y uso del mouse, y esto implicó un impulso a los lenguajes visuales y los procesos iterativos. Cuando empezó el viraje a las aplicaciones Web, Java y .NET reemplazaron a Visual Basic, y empezó el auge de los métodos ágiles para lograr entregas pequeñas e incrementales en tiempos cortos. Luego, las aplicaciones RIA nos enfrentaron a cambios en los lenguajes de programación y la aparición de nuevas especies, como Flex y Ajax.

Y el cambio que mencionamos no va a ser la excepción, sino todo lo contrario. Ya no se trata de clickear sobre botones o links, sino que los usuarios utilizan gestos que el dispositivo debe comprender. Ya han aparecido sistemas operativos como Android e iOS para soportar estas plataformas. De la misma manera, las aplicaciones realizadas para ser instaladas en computadoras corporativas ya no van a ser las dominantes, sino que el negocio va a pasar, en gran medida, por la venta de pequeñas aplicaciones que se vendan por decenas de miles. Y estas cuestiones no pueden dejar de afectar nuevamente a las tecnologías y los procesos de desarrollo, aún más que en los demás casos.

¿Durará esto hasta el siguiente cambio de paradigma? ¿Tendrá sentido también para las computadoras inmersibles de las que habla Nicholas Negroponte? No lo sabemos, pero por el momento hay que estar preparados para este cambio, que ya lo tenemos encima.

 



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