Cómo se convierte la recolección de datos de celulares en un bien público

Nathan Eagle, un investigador del Santa Fe Institute de New Mexico, cree que los teléfonos celulares ofrecen más de una manera de comunicarse. Pueden proveer ventanas de la estructura social de comunidades e información que puede llevar a tomar mejores decisiones de políticas públicas e inesperadas fuentes de ingreso para personas en países pobres. Cuarta entrega de la selección de los 25 innovadores del año que realiza el Massachusetts Institute of Technology para presentarlos en su revista bimestral MIT Technology Review. Al contar Information Technology / Infotechnology.com con los derechos exclusivos de su versión en español, presentamos a continuación y en varias ediciones a los ganadores de la edición de 2009. 02 de Julio 2010
Cómo se convierte la recolección de datos de celulares en un bien público
Por años, Nathan Eagle (32) ha estado recolectando datos de teléfonos celulares capturados por proveedores de servicios alrededor del mundo. Utilizando algoritmos que desarrolló como graduado del MIT, él toma toda la información que identifica los registros de llamadas y busca patrones de hacia dónde va la gente y cómo usa sus celulares —patrones que pueden revelar cómo las sociedades se ven afectadas por fuerzas externas—.

Por ejemplo, está trabajando con planificadores de ciudades en Kenia y Ruanda para entender cómo los barrios bajos crecen y cambian en respuesta a eventos como desastres naturales o la caída en los precios de la cosecha. A principios del año pasado, Eagle comenzó a usar la información derivada de los teléfonos para construir un modelo más certero de la propagación de la malaria en África. Modelos anteriores se habían apoyado en información del movimiento de las personas recolectada en encuestas esporádicas. Con una mejor imagen de cómo se expanden las enfermedades, los gobiernos pueden mejorar las políticas diseñadas para combatirlas. 

En febrero, lanzó Txteagle, un servicio que le permite a cualquier compañía venderles a los usuarios de celulares herramientas simples, como la de traducción de textos. A los participantes se les paga con créditos que pueden ser utilizados para el servicio telefónico o cambiados por dinero en puestos especiales. Un programa piloto en Kenia pagó unos pocos centavos por tarea y llegó a ser demasiado exitoso. A sólo unas horas de su lanzamiento, los usuarios pasaron a ser miles; y en sólo unos días, todas las tareas habían sido agotadas. Eagle planea relanzar el servicio a fin de año en Kenia y otros países, incluyendo Ruanda, Indonesia y República Dominicana, con dos cambios que espera lo hagan más sostenible: limitando la cantidad de dinero que una persona puede obtener en un día, y ofreciendo más actividades, como identificar objetos y personas en imágenes digitales o descifrando frases al azar de libros escaneados.



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