Cómo llegar a Silicon Valley

Los emprendedores argentinos que ya se instalaron y quienes están en proceso cuentan cómo desembarcar con éxito en la tierra de Apple, Google, Twitter y Facebook. Las claves para buscar capital y socios en la meca tecnológica. 01 de Marzo 2011
Cómo llegar a Silicon Valley
Ambiente emprendedor, ideas geniales, dinero fresco para arriesgar en el próximo Google, Facebook o Twitter. Todo eso combina Silicon Valley, y hacia allí viajaron el año pasado 30 start ups, junto a la iniciativa Palermo Valley (PV), en misión de negocios. A partir de hoy, la odisea la repiten 13 emprendedores tecnológicos de la mano del gobierno de la Ciudad.

“La experiencia de viajar allá es insuperable, ya que al estar y hacer networking con emprendedores, se abren un montón de puertas”, destaca Esteban Caselli (39), fundador y socio -entre otras- de Weddingweb.com, Deautos.com, Deprestamos.com y actual CEO de Larala.com, una red social dedicada a la música, cuyo proyecto presentó en el valle californiano. “Mi objetivo era testear esta idea en desarrollo (la versión Beta se lanzó en noviembre de 2010. Para abril de este año, estará en pleno funcionamiento), y la verdad es que la repercusión fue muy buena. No pretendíamos conseguir financiamiento, ya que es difícil en esta etapa tan inicial, pero quedamos en contacto con emprendedores y compañías de venture capital (Nota de Red.: capital de riesgo) que están siguiendo de cerca nuestra evolución”, dice el emprendedor. “El haber sido elegidos para viajar con el grupo de Palermo Valley y el lanzamiento de la red social musical Ping por parte de iTunes de Apple, son señales de que vamos por buen camino”, asegura el entrepeneur argentino que hoy integra la organización de PV.

Larala.com y el resto de las empresas seleccionadas el año pasado para viajar a la meca tecnológica comparten ciertas características: nacieron globales (pensadas desde un principio para la exportación al mercado regional o mundial); son competitivas (la mayoría trata de genera facturación desde el minuto cero); crean valor y puestos de trabajo e implican la realización de un sueño (del emprendedor o equipo de emprendedores).

Como en Disney, pero con software
Pablo Vittori (40) estuvo en Silicon Valley en varias oportunidades. Pero, en 2010, fue su primera vez como emprendedor. El fundador y CEO de Beapp.net (compañía creada en Buenos Aires, a principios de 2009 para desarrollar aplicaciones móviles y sociales), confiesa que fue uno de sus viajes más productivos. “Me di cuenta de que no hace falta vivir en Palo Alto para tener éxito, pero estar allá ayuda mucho por las redes de contactos que se tejen”, comenta en diálogo con IT Business. El objetivo de este viaje fue “aprender, presentar a la empresa (que hoy tiene oficinas en San Luis y Buenos Aires) y conseguir partners internacionales”, dice Vittori. Con sus expectativas cumplidas, el entrepreneur ya está organizando, junto a PV, la próxima visita a la meca de Internet y la tecnología. “Quería contribuir a que otros tengan esta misma oportunidad de demostrar que somos capaces”, sentencia.

Sin embargo, llegar a Silicon Valley requiere algo más que una buena idea y dinero para el pasaje. “La organización del viaje demandó unos tres meses de gestiones y los emprendedores tuvieron que prepararse muy bien”, cuenta Vanesa Kolodziej, co-fundadora de Palermo Valley y Start Up Digest, un servicio de información sobre emprendimientos tecno. En el caso del viaje de PV, los 30 start ups que fueron seleccionados, debían cumplir una serie de requisitos: manejo fluído del inglés y contar con un Investment Desk (ver recuadro). Antes de ser seleccionado, cada emprendedor preparó un video de dos minutos en el que explicaba: quiénes integraban el grupo fundador, qué hace la firma, qué busca (inversores, socios, clientes) y por qué quiere viajar a Silicon Valley. Una vez en California, deberían transformar el video en una presentación en vivo al estilo elevator pitch (discurso del ascensor). “Todos los detalles fueron revisados -dice Kollodziej- desde la carpeta o CD de presentación, hasta las tarjetas personales y cuestiones culturales como el comportamiento en una reunión de networking o las llamadas de negocios. A diferencia de las costumbres argentinas, en los Estados Unidos no queda mal hablar de lo que uno hace o vende en una reunión social. Si se quiere ofrecer un producto o servicio, se hace directamente y nadie se ofende”.

De Palermo al Googleplex
Mariano Rodríguez Colombelli (27) es otro emprendedor que participó del viaje, el año pasado. A comienzos de 2007, fundó junto a tres socios (ingenieros en Sistemas, como él) Factor IT (
www.factorit.com.ar), una software boutique dedicada al desarrollo de aplicaciones web. Dos años más tarde, comenzaron a ir a reuniones de emprendedores en bares y pubs del barrio en Palermo. “Nos fascinó el ambiente informal y de camaradería entre quienes supuestamente eran competidores y comenzamos a aportar ideas para el crecimiento de esta comunidad”, dice Colombelli, quien hoy es “facilitador” de Palermo Valley. En una de estas reuniones, surgió la idea de viajar en grupo a Silicon Valley, y los creadores de Factor IT fueron de los primeros en anotarse.

“Por un lado, la posibilidad de visitar empresas como Google, Facebook y Twitter, nos abrió la cabeza a nuevos negocios. Por otra parte, nos sorprendió la buena disposición que tuvieron al recibirnos y sobre todo el encontrar muchas coincidencias a la hora de plantear proyectos y metodologías de trabajo, con la diferencia de que ellos ven al fracaso como un paso previo al éxito”, dice Colombelli. “Nosotros presentamos allí Joincube, nuestro primer producto comercial, ya que hasta ahora éramos una firma de servicios”, explica. Se trata de una red social para empresas, que integra herramientas para crear documentos colaborativos, micro-blogging, mensajería instantánea, gestión de grupos y juegos.

No son muchos los argentinos que lograron plantar bandera en el valle californiano de la innovación high tech. Pero que los hay, los hay. Esteban Sosnik, co fundador de Atakama Labs, una desarrolladora de social games de San Francisco; Pablo Bertorello, fundador de CUPR Media, o Alex Mendez y Santiago Subotovksy, co fundadores de compañías de venture capital, son algunos. Sebastián Nader, creador junto a su socio Fernando Valdivia de la red social Farmsphere, con oficinas en Palo Alto, tiene su propia teoría sobre la aún tímida presencia local en Silicon Valley. “Hay pocos emprendedores argentinos instalados por varios motivos: la visa no es fácil de obtener; el costo de vida es alto, el shock emocional de dejar a la familia y amigos es fuerte, y hay que tener buen respaldo financiero, antes de desembarcar”.

Las cifras confirman su visión. Una visa H1B1, para poder trabajar en EE.UU., tiene un costo de u$s 5.000 y el pago no asegura obtenerla. Mantener una oficina en Menlo Park o cualquier lugar entre San Francisco y Santa Clara es bastante más caro que alquilar un piso en Palermo o en el distrito tecnológico de Parque Patricios. Por último, un vuelo a Buenos Aires cuesta por encima de los u$s 2.000.

Con todo, Nader es uno de los que logró instalarse. Antes, el joven licenciado en Economía por la Universidad de La Plata trabajó en organismos internacionales como el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura de la OEA. Por esos días “amasó” la idea del social food traceability, una tendencia cada vez más global por la que consumidores buscan y comparten información sobre los alimentos que consumen. En agosto del año pasado, Nader y Valdivia abrieron las puertas de su oficina en Lytton Avenue, de Palo Alto. “Por el momento, estamos en una etapa de seed investment (capital semilla), pero esperamos contar con un valor de la compañía cercano a los u$s 2 millones cuando hagamos la primera emisión de acciones”.

En busca de inspiración
Antón Chalbaud es uno de los emprendedores que viaja a Silicon Valley en la misión comercial del gobierno porteño. Tiene menos de 30 años y fundó su primera empresa de disk jockeys a los 16. Al terminar el colegio, cursó unos años en la Universidad de San Andrés, y allí participó de la creación de la red social Sonico. “Estuve tres años, pero me fui para fundar mi propia empresa”, dice, como quien estuvo toda una vida trabajando en el mismo lugar. Es que, -como explica- “las edades de las puntocom son como las de los perros. Se multiplican por siete”.

Así nació Altodot.com, una compañía que desarrolla aplicaciones sociales (sobre Facebook y Twitter) para empresas y marcas. Uno de sus principales clientes es MTV. Hoy trabajan con él 14 personas. “Empezamos en un bar, seguimos en un cuarto en la oficina de un amigo y ahora tenemos una oficina más grande. Lo que buscamos es contactar más clientes, relacionarnos con fondos de inversión y con posibles compradores de la compañía”, dice Antón en cuanto a su expectativa para California.

Franco Breciano es otro emprendedor camino a Silicon Valley. En 2007, cuando se recibió de ingeniero en Sistemas en la UBA, empezó a trabajar en la firma de software española Indra. Al año siguiente, se fue a Miami, contratado por una desarrolladora de home banking. Volvió para irse a Madrid, y a Santiago de Chile. Allí, conoció a su actual socio, también argentino. Pero querían volver y se les ocurrió fundar Mindset Studio, una desarrolladora de videojuegos para publicitar marcas (advergames). “El mercado de los juegos sociales online está creciendo muchísimo. Son gratuitos para empezar, pero para progresar hay que pagar”, explica Breciano. Para aprovechar este concepto -freemium- desarrollaron la plataforma Photoavatar, que permite a los usuarios confeccionar un alter ego digital con su foto e interactuar con sus amigos o personajes famosos de su elección. Hoy, trabajan en Mindset 20 personas, desarrollando juegos para Cartoon Network regional, Danone (Cindor y Serenito) y Fiat, entre otros. “Nuestro objetivo en Silicon Valley es lograr capitalización para seguir creciendo”, anticipa Breciano. ¿La cifra soñada? cerca de u$s 1 millón.

Javier Diez es uno de los “veteranos” del grupo de start up porteñas. Empezó a emprender online en el ´98: fundó con otros socios Netizen, proveedor de acceso dial up a Internet. En 2001, la vendió a la norteamericana Skyonline y quedó como director por tres años más. En el interín lanzaron Uyuyuy .com, proveedor de Internet gratuito, y un estudio de diseño web. En 2004, al desvincularse de Skyonline, creó Activica, una empresa de e-learning corporativo y para escuelas, especializada en juegos educativos. “Nuestro mercado son empresas y organismos de gobierno en Estados Unidos, Canadá, y el Reino Unido, pero trabajamos desde Buenos Aires, con un equipo de 30 personas entre desarrolladores de software, y especialistas en Educación”, dice Diez. Su idea es “buscar capital, pero somos realistas y sabemos que no se consigue de un sólo viaje”.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar