Cambios y constantes en la Web de los próximos años

Por Daniel Rabinovich, CTO de MercadoLibre (@drabinovich) 09 de Enero 2012
Cambios y constantes en la Web de los próximos años

Aunque todos conocemos a Steve Jobs (padre de Apple) y a Mark Zuckerberg (padre de Facebook), de menos fama goza Vint Cerf, a quien muchos consideran el padre de Internet. Pocas personas pueden atribuirse un aporte de mayor impacto en la historia de la humanidad. Hace algunas semanas tuve el inmenso honor de compartir un panel con él, en el contexto de su visita a Buenos Aires. 

Basé mi charla en los estudios de
Kevin Kelly, legendario editor de la revista Wired, referidos a las tendencias tecnológicas que producirán cambios dramáticos en los próximos años, así como grandes ganadores y perdedores. La línea entre oportunidades y amenazas nunca fue tan delgada.

La proliferación de pantallas es una indudable tendencia, firme ya hace algunos años. Hasta hace poco, los privilegiados que tenemos acceso a la tecnología sólo concebíamos dos pantallas: la TV y la PC. Hoy, además de tabletas y celulares, encontramos “pantallas conectadas” en asientos de avión, heladeras, expendedoras, paradas de bus, etc. Las pantallas no sólo emiten sino que también perciben. La mayoría de los Smartphones de la actualidad cuentan ya con una cámara frontal instalada. La realidad está pareciéndose progresivamente a la soñada en la película Minority Report. La “internet de las cosas” está llegando finalmente. Los dispositivos móviles están usualmente equipados con sistemas de posicionamiento global (GPS) y conectados a redes sociales. Esta combinación está cambiando las reglas del comercio electrónico, y es frecuentemente referida como SoLoMo (por sus siglas en inglés Social+Local+Mobile). Si un servicio está pensado para una sola pantalla, rápidamente perderá importancia por la inevitable fragmentación de dispositivos. Esto constituye una seria amenaza (u oportunidad) estratégica para todas las empresas de esta industria. En MercadoLibre, hace más de dos años comenzamos la tarea de reescribir nuestra plataforma para crear una infraestructura común, agnóstica a cualquier dispositivo puntual. Si no hubiésemos tomado esta decisión, hoy estaríamos en una posición estratégicamente perdida.

La explosión de datos es la segunda tendencia que está cambiando las reglas del juego. En 2011 fueron creados o replicados 1.8 Zettabytes de información. Esto es 4 millones de veces el contenido de la Biblioteca del Congreso de los Estados UnidosLa ley de Zuckerberg proclama que la cantidad de datos compartidos se duplica año a año. En 2011, la cantidad de “dispositivos conectados” superó a la cantidad de personas en La Tierra. En una plataforma como MercadoLibre se realizan 50 Millones de búsquedas por día. La clave para construir un buen motor de búsqueda son los datos con los que se alimentan los algoritmos y no los algoritmos en sí mismos. Estos últimos están rápidamente convirtiéndose en commodities. La habilidad para el manejo de estos grandes volúmenes de datos se perfila entonces, como la segunda gran oportunidad/amenaza para los jugadores de esta industria.

“Acceder es mejor que poseer” constituye la tercer tendencia que ya produce (y seguirá produciendo) grandes cambios. El concepto es algo contraintuitivo, pero luego de un tiempo de análisis, cobra mucho sentido. Si la barrera de acceso para utilizar un bien bajase lo suficiente, ¿para qué poseer ese bien? ¿para qué poseer un libro si pudiese acceder a él cuando quiero? ¿y si en lugar de un libro fuese un Servidor Web (Rackspace), un software de CRM (Salesforce) o incluso un automóvil (Zipcar)? La línea entre un producto y un servicio también está desapareciendo. Basándose en estos “bienes como servicios”, construir un sitio web es más barato que nunca. Esto cambia radicalmente las reglas del juego porque aquellos jugadores que fundamentan su ventaja competitiva en poseer activos que otros no tienen (incluso si son líderes del mercado) verán nacer competidores fuertes de la noche a la mañana. El producto que ofrecen estos competidores no será necesariamente inferior, sino que hasta podría ser superior por los grandes saltos de productividad que se derivan de las economías de escala de los mejores proveedores de servicios.

En este contexto turbulento, ¿Existe algo que no esté cambiando? ¿Existen fuentes que crearon valor hace diez años y que lo seguirán haciendo también dentro de diez años? En mi opinión sí existen. Analizaremos a continuación dos ejemplos.

La reputación es una fuente de valor que se mantiene en el tiempo. La reputación no se puede copiar o comprar. Nadie puede crear otro Premio Nobel fácilmente, por la tradición y curación que lo precede. La reputación no es un concepto autoproclamable, sino que se requiere una entidad externa que la otorgue.  Un vendedor de MercadoLibre tiene buena reputación porque ha realizado miles de transacciones exitosas, y porque existe una marca que lo avala. Esto seguirá generando un valor para este vendedor en los próximos años, aunque sea cada vez más fácil montar una tienda online. Cuando se crea un valor, también se crean oportunidades de capturar parte de ese valor.

La atención es otra fuente de valor que se mantiene constante. “Donde los ojos van, el dinero sigue”. Surgirán los más diversos caminos para explotar la atención a través de más pantallas y nuevas formas de interacción, pero la atención lograda seguirá generando valor. Si se ofrece contenido relevante, por mucho tiempo habrá anunciantes dispuestos a pagar. La atención -igual que la reputación- no puede ser fácilmente reproducida.

Como conclusión, podríamos decir que a pesar del frenético cambio en el que estamos inmersos, aún encontramos fuentes de valor que resultan constantes. Si una compañía provee un servicio que está basado en la fricción impuesta por la tecnología actual, debería estar preocupada y haciendo algo al respecto. Pero si en cambio, el servicio ofrecido descansa en una genuina fuente de valor, los cambios tecnológicos deberían verse mucho más como una oportunidad que como una amenaza. Por último, detrás de todos estos cambios hay personas. Quizás el talento es la fuente de valor más constante de todas.



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