Bill Gates: "La sociedad se beneficia con la I+D"

El ex número uno de Microsoft habla de sus proyectos e inversiones en fuentes alternativas de energía. La visión de uno de los arquitectos de la era digital, en exclusiva con los derechos de la Technology Review del MIT de Estados Unidos. 27 de Enero 2011
Bill Gates: "La sociedad se beneficia con la I+D"

Cuando Bill Gates se interesa por algo nuevo, su organizada y capaz inteligencia aprende todo sobre ello, y se imagina en qué formas puede mejorarse. Ahora, el co-fundador de Microsoft y la Bill and Melinda Foundation está interesado en energía. En sus oficinas de Kirkland, Washington, habla con Jason Pontin, editor en jefe de Technology Review, sobre lo que él denomina “milagros” de energía, reclama una política más racional y explica cómo el ser un “fanático” del software lo preparó para invertir en nuevas ideas. 

La Gates Foundation ha invertido en soluciones a grandes problemas como enfermedades infecciosas en países pobres. Y proveer energía para los 9.000 millones de personas que habitarán el planeta en 2050 es uno de esos problemas. ¿Cómo puede contribuir la filantropía a la investigación en energías?

 Bueno, básicamente no mucho. El mercado de la energía es absolutamente gigante, lo suficientemente grande como para que, si se descubren nuevas alternativas más económicas para la generación de electricidad, eso debe hacerse con el típico esquema de grandes empresas tomando riesgos y pequeñas empresas tomando riesgos. Por otro lado, por la forma en la que el capitalismo trabaja constantemente, subsidia a la innovación, porque los innovadores no pueden capturar todos los beneficios (de sus innovaciones). Pero hay un beneficio neto para la sociedad en ser más orientados a la investigación y desarrollo (I+D). Y es por eso que en materia de salud los gobiernos financian la investigación. 

Usted es miembro del American Energy Innovation Council, que reclama una política energética nacional por la que se incremente la inversión anual de los Estados Unidos en investigación, de U$S 5.000 millones a U$S 16.000 millones. Me impresionó que el país invirtiese tan poco.
Yo también me sorprendí. El National Institute of Health invierte un poco más que U$S 30.000 millones. 

¿Por qué entonces las enormes, regulares y dependientes inversiones de su fundación podrían marcar la diferencia?
Deberíamos involucrarnos en aquello que esté conectado con lo que le pasa a la gente pobre. Entonces, podría haber algunos acercamientos particulares en biomasa para obtener energía local en zonas donde no hay rutas o infraestructura, donde no hay ninguna señal de mercado para ese tipo de innovación. Pero, como inversor, yo aposté mi dinero en el fondo de capital inicial de Vinod Khosla. También aporté capital a Nathan Myhrvold (y sus fondos de capital intelectual). Nathan tiene esto, que inventa ideas ampliamente, muchas de las cuales están relacionadas con el mundo de la energía. Y algunas resultan en nuevas compañías. Un ejemplo: TerraPower, un impresionante emprendimiento de diseño de un reactor nuclear.

¿Si a la investigación en energía le faltan unos U$S 11.000 millones, cuál es la mejor estrategia para el financiamiento de nuevas tecnologías energéticas?
No es un problema que se lleve a sí mismo a un acercamiento del tipo Manhattan Project. Tiene que ser de bajo costo y aplicable en diferentes circunstancias. No se puede simplemente tomar a un grupo de personas inteligentes y conocer cuál será el camino que tomarán. De hecho, es impresionante que hayan trabajado para el Manhattan Project.

Funcionó porque tenía un fin muy específico: querían construir la bomba más grande y terminar la guerra. 
Sabían lo que querían conseguir. Creo que, en un sentido amplio, podemos decir que queremos una energía que cueste, digamos, un cuarto de lo que cuesta la energía proveniente del carbón y que no emita CO2. Pero hay muchos caminos para llegar a ese objetivo, y sobre cada uno de los cuales alguien realista diría: “Ufff, hay muchísimas dificultades por sortear”. Entonces creo que es muy importante, tanto darle a la gente pobre energía barata y evitar el cambio climático altamente negativo, como que  Estados Unidos y otros gobiernos financien la investigación de base. La ironía es que si se analiza la cantidad de dinero invertido en incentivos —créditos impositivos en España, impulso a las células fotovoltaicas en Alemania— el mundo ha gastado una gran cantidad que hubiera podido destinarse a la investigación. 

Hablemos de política. Los proyectos de una ley climática en el Congreso estadounidense parecen esfumarse. Lo mismo las oportunidades de sellar cualquier tratado internacional. Pero casi todos concuerdan en la necesidad de que haya un precio en carbono o un impuesto. 
No, eso no es correcto. Lo ideal es tener un impuesto a las emisiones, no sólo ponerle un precio, que es lo que incluye el término “cap-and-trade” o intercambio de emisiones. Se utiliza el impuesto para crear un modo de cambiar a una forma diferente de generación de energía. Luego se deben tomar todas las plantas que emitan gases contaminantes, analizar su vida útil y determinar cuándo deben reemplazarse por nuevas, de baja emisión de CO2. Esa es una estrategia de regulación y está muy clara. Los innovadores están diseñando para compradores de plantas de energía en los próximos 10 años, quienes analizan el escenario legal e impositivo de los próximos 40 años. Si uno le pregunta a un ejecutivo de una compañía qué es lo que perdurará, si el intercambio de derechos de emisión, cuyos precios varían alrededor del mapa y que demostrarán ser una pérdida de dinero, o un marco regulatorio e impositivo para el reemplazo de las plantas en los próximos 50 años, deberíamos tener un impuesto a las emisiones. Lo que le debemos al mundo en desarrollo es esto: estamos dispuestos a pagar precios altos por las plantas de energía y conducir los precios hacia abajo en la curva para que cuando las necesiten no tengan que pagar los precios altos. 

Eso suena a políticamente improbable. 
Lo que es más probable: ¿Un impuesto a las emisiones con todo tipo de mercados y opciones e incertidumbre sobre precios, y los comerciantes en el medio y una confusión sobre quién obtiene mayores ventajas en un comienzo? ¿O una regulación y un impuesto del 2 por ciento para financiar la I+D para que las compañías comprendan que pueden comprar plantas que emiten muy poco CO2? Elevar los precios de la energía en un 2 por ciento y enviarlo a actividades de investigación parece más fácil en una economía débil que subirlos en un 20 por ciento. Ahora, un 0 por ciento es la opción más sencilla de todas, pero, desafortunadamente, eso no nos lleva a la solución del problema. 

Dice que cubrir nuestras necesidades energéticas será complicado y enfrentará problemas que no se conocen. 
Es desalentador que algunas personas hayan pintado este problema como fácil de resolver. No lo es, y pensar lo contrario es malo para la sociedad, porque así nunca se financiaría la investigación y el desarrollo. 

Usted habló de la necesidad de “milagros energéticos”. Pero estuvimos esperando esos descubrimientos durante décadas. TerraPower es un reactor de onda progresiva, un diseño que data de los ’50.
Bueno no, no hemos estado trabajando en ese tipo de cosas. La industria nuclear fue cerrada efectivamente a finales de los ’70. Y por eso las mejoras evolutivas en los llamados diseños Gen 3 no sucedieron y lo mismo con aspectos más radicales. Pero déjeme volver al centro de la pregunta. El problema del CO2 es simple. Cualquier cantidad que se emita contamina, porque hay una fracción de cerca del 20 por ciento que se mantiene por más de 10.000 años. Entonces la cuestión es cómo se llega a la no emisión de CO2. Pero ese es un gran problema, porque tienes fuentes como la agricultura, el arroz, las vacas y pequeños recursos de la gente más pobre. Entonces, es mejor ir por las mayores fuentes: el transporte del mundo rico, la electricidad del mundo rico y así, para no llegar al objetivo. Si X o Y o Z te da el 20 por ciento de reducción de CO2, entonces tenemos el planeta por cuánto, ¿otros tres años? ¡Felicitaciones! Quiero decir, eso es lo que tenemos en mente: ¿Retrasar el fin del mundo por tres años? ¿Realmente es eso? Estados Unidos utiliza por persona más del doble de energía que la mayoría del resto de los países ricos. Y es muy fácil hablar de recortar el consumo a través de mejores edificios y mayores rendimientos del combustible. Pero incluso en el escenario más optimista, si Estados Unidos reduce su intensidad energética por dos, para alcanzar niveles como los europeos o el japonés, el incremento de energía necesitada por los países más pobres durante el mismo período de tiempo implica que no habrá nunca un año en el que el mundo utilice menos energía. La única esperanza es reducir la cantidad de emisiones de CO2 por cada unidad de energía. Y no, no existe ninguna tecnología que hoy brinde electricidad a cero emisiones y que al mismo tiempo resulte económica. 

 ¿Entonces qué tipo de milagros necesitamos?
Casi todo lo llamado renovable es intermitente. Yo tengo otro término para ello: “cultivos energéticos”. De hecho, no sólo se necesita un milagro en el almacenamiento sino también en la transmisión, porque las fuentes intermitentes no están disponibles de forma eficiente en todas las locaciones. Ahora, las fábricas de energía, que son las nucleares y de hidrocarbono, ésas son interesantes. Se puede poner un techo sobre ellos si hay mal clima. Pero, ¿cultivo de energía? ¡Buena suerte! Desafortunamente, las plantas de energía convencionales emiten CO2 y ese es un problema muy difícil de resolver y no hay incentivos para investigar el tema. 

Usted dice que la energía nuclear tiene la oportunidad de ser un milagro energético…
Bueno, es uno de los proyectos en los que yo estoy involucrado. Paso tiempo en TerraPower. No me proclamo la persona que analiza todas las posibilidades. Creo que la energía termosolar tiene buenas perspectivas. Química solar, algunos ven posibilidades en el nivel de investigación. Algas, donde tengo capital invertido en algunos proyectos. Luego hay algunas cosas locas como los barriletes de energía eólica. No hay que descartar ninguna posibilidad. 

¿TerraPower construirá un reactor nuclear de onda progresiva? ¿Dónde?
Estamos en discusiones con básicamente todos. TerraPower no recaudará dinero para construir el reactor por sí misma. Nos asociaremos con un mix de actores públicos y privados para crear el TP1, que es la forma en que llamamos a nuestro primer reactor y nuestro sueño es tenerlo para 2020. Es más probable que se construya en Asia que en América del Norte o Europa. China es la opción obvia. 

TerraPower es algo fuera de lo común.
Muy fuera. Definitivamente necesita ser categorizada como de alto riesgo y salvaje, pero el mundo necesita de algunos salvajes para que algo pueda tener éxito. Para eso se necesita tener la planta piloto, lo que es muy difícil. Necesitamos que la ciencia y la tecnología trabajen de la misma manera que en los papeles. 

¿Cómo lo ha cambiado el ser un filántropo que ha hecho su carrera como emprendedor de software?
Créame, cuando alguien está en su modo emprendedor —siendo fanático, inventando nuevas cosas— el valor que se le está aportando al mundo es fenomenal. Si se inventan nuevas tecnologías, eso es sorprendente. Y no tienen siquiera que saber cómo ayudará a las personas. Pero lo hará: en educación, investigación médica, etcétera. Yo fui uno de esos fanáticos en mis 20 años, cuando no sabía mucho sobre la gente pobre. Trabajaba noche y día en software. Pensaba mucho sobre eso. Se trata de un gran modo de vivir, pero a mis 30 años me vi envuelto en el management, a pesar de que seguía escribiendo algo del código. Posteriormente, a mis 40, la mayoría de lo que hacía era la gestión de una gran compañía y la elección de estrategias, pero no programaba. Ahora, a mis 50, llegué a un nuevo rol de emprendedor.



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