*

Bitcoin (24h)
1.74% Ars
98662.56
Bitcoin (24h)
1.74% USA
5668.96
Bitcoin (24h)
1.74% Eur
$4786.96
Entreprenerds

¿Se pueden aplicar los métodos de la Singularity University en la educación no formal argentina?

Luego de su paso por Singularity University, el emprendedor Gabriel Weinstein, director de Innovación de Olivia, trabaja en la Argentina para generar cambios en los procesos de grandes empresas y en la educación no formal.

Por Martina Rua - 06 de Enero 2017
¿Se pueden aplicar los métodos de la Singularity University en la educación no formal argentina?

Esa mañana, Gabriel caminó hasta la parada del colectivo como hacía desde hacía dos años de lunes a sábado. Viajó los 30 minutos que lo separaban de la universidad donde estudiaba ingeniería en Sistemas y se bajó en la parada habitual. Al llegar a la puerta se quedó parado contemplando una pregunta que marcó su camino. “¿Por qué vengo seis veces por semana a este lugar si ni siquiera me gusta lo que estoy estudiando?” Dio media vuelta, se tomó el colectivo hacia su casa y se fue a dormir la siesta. Nunca más volvió.

Al mismo tiempo trabajaba en una empresa de software, donde sentía un sin sentido parecido. No compartía la manera en la que se hacían las cosas, ni había espacio para cambiarlas, por lo que, al poco tiempo de dejar la facultad, también renunció a su trabajo. “Puede sonar catastrófico, pero fue un gran momento en mi vida, ya que era la primera vez que me sentía libre de tomar mi propias grandes decisiones”, cuenta.

Leer más: El biohacking no es ciencia ficción: ADN, biología de garage y filosofía hacker

En pocos meses eligió una nueva facultad, ahora sí con ganas, y fundó su primera empresa de software, Virtualmind, con la que todavía está involucrado. “Fue una de las experiencias más ricas que he tenido, fue la etapa de mi vida en la que más paredes me choqué y, por ende, la etapa en la que más maprendí”, asegura. Pero con el tiempo y el crecimiento, esos retos se fueron convirtiendo en el día a día y los desafíos fueron cada vez mayores. Hoy, a sus 33 años, Gabriel Weinstein tiene su necesidad de preguntar “por qué” más viva que a los 20. Es director del área de Innovación de la consultora estratégica Olivia y está al frente de Infinito por Descubrir, un proyecto del Ministerio de Educación de la Nación que impulsa la innovación educativa en todo el país, entre otros tantos roles que tienen un ADN impregnado de innovación. Creó, también, una empresa de eventos y una de videojuegos. Hasta que un día vio en Twitter una publicación del empresario Santiago Bilinkis que contaba sobre lo que se hacía en Singularity University (SU), hizo click en la página y, sin saberlo aún, se metió en la aventura más increíble de su vida.

 

Desafío exponencial

Singularity University es una institución ubicada en una sede de la NASA en Silicon Valley, California, cuya misión es educar e inspirar a líderes a utilizar tecnologías exponenciales para hacer frente a los más grandes desafíos de la humanidad. Unas 6.000 personas de todo el mundo aplicaron al mismo curso que Gabriel en el año 2014; sólo podrían ingresar 80 de ellos. “Todavía recuerdo aquella última entrevista cuando me dijeron: “Gabriel, armá las valijas, el próximo verano lo pasás con nosotros”, cuenta. El programa al que asistió, Global Solutions Program, se divide en dos etapas. En la primera te exponen 10 horas por día a tecnologías exponenciales y a lo que ellos denominan los grandes desafíos globales, retos a los cuales, en mayor o menor medida, todos los países deben enfrentarse: la falta de agua potable, la ineficiencia de nuestros sistemas educativos o la pobreza. “Una vez que el orador se iba, nadie quería irse a dormir. Nos quedábamos hasta las 2 de la mañana charlando. Ni de política ni de fútbol, sino de cómo íbamos a hacer para cambiar el mundo”, recuerda sobre esos tres meses de “incubación”.

Su experiencia como fundador de varias empresas le había dado una certeza: el equipo con el que se trabaja es lo más importante y SU no fue la excepción. Su equipo, conformado por seis miembros provenientes de cinco países, comenzó a trabajar de inmediato utilizando metodologías de resolución de problemas como Design Thinking que les permitieron enfocar sobre el problema real y luego sobre soluciones innovadoras.

Leer más: El argentino que cree posible hacer exámenes médicos con una gotita de saliva

Así idearon una solución sin precedentes para atacar algunas de las enfermedades que más afectan a nuestro planeta. Alrededor del mundo, cada año son 2 millones las personas afectadas con HIV y 500 millones las que tiene alguna enfermedad de transmisión sexual. “Tomando algunos ‘insights’ clave que nos orientaron hacia una posible solución, trabajamos duro y descubrimos que en la sangre menstrual es posible detectar un 60 por ciento de lo que habitualmente encontramos en la sangre de las venas.” Lo que los llevó a crear el proyecto ganador del primer Startup Weekend y de todo el programa: una toallita femenina con un sensor de micro fluidos ubicado en la tercera capa que detecta enfermedades. Aunque tanto Gabriel como algunos compañeros intentaron llevarlo a una siguiente etapa, el proyecto está en stand by por el momento. Hay claves innovadoras en su paso por esta escuela de exponenciales. “Mi paso por SU fue increíble. Encontré muchísimas personas que intentan cambiar el estado de las cosas y, además, pude lograr crear un proyecto en una disciplina que desconocía y haber confirmado que las habilidades blandas pesan tanto o más que cualquier conocimiento técnico”, describe hoy como actual embajador de SU en el país.

 

En busca de una nueva educación

Luego de este sacudón de ideas, se transformó en un gran vocero del emprendedorismo joven y de importancia del desarrollo de proyectos de base tecnológica para la transformación social en nuestro país. Hoy, como un pulpo innovador tiene en cada uno de sus brazos múltiples proyectos en paralelo: como embajador de SU, director de innovación de una consultora (Olivia, firma de consultoría estratégica con oficinas en la Argentina y Chile) y al mismo tiempo fue convocado por el ministro de Educación, Esteban Bullrich, para pensar propuestas innovadoras para el sistema educativo argentino. Así nació “Infinito por Descubrir”, un espacio de educación no formal, creado a partir de las mejores iniciativas educativas a escala mundial, que busca complementar nuestras escuelas con una experiencia de aprendizaje distinta, a través de proyectos que mezclan la robótica, música y biotecnología con magia, pasión y amigos, fomentando la utilización de tecnologías y el desarrollo de habilidades blandas como liderazgo, colaboración y pensamiento crítico. “Infinito por Descubrir” es una Iniciativa de Educ.ar, que depende del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación, y apunta a chicos y chicas de 6 a 18 años. El proyecto comienza con la apertura de centros de innovación educativa en todo el país.

Leer más: Diez consejos para emprendedores de un experto de Singularity University

“Los talleres, actividades, laboratorios y expertos de los centros están siempre listos para crear un entorno de aprendizaje ideal en donde la curiosidad sea la protagonista, poniendo al alcance de la comunidad herramientas que les permitirán a nuestros chicos experimentar y comenzar a explorar sus inquietudes”, describe. Pensando en los empleos de hoy y en los trabajos del futuro, armaron un sistema de dinámicas que se ha convertido en el corazón de “Infinito por Descubrir”, el cual permite potenciar las habilidades de los chicos aprendiendo lo que desean, sin importar edad, conocimientos, ideas o el momento en que asisten al centro. Para lograr esto, el aprendizaje adaptativo se basará en proyectos que provengan de problemas reales de la comunidad que se encuentran en los alrededores de los centros urbanos, buscando que los propios chicos, de edades y realidades diversas, puedan colaborar para idear y desarrollar sus propias soluciones, apelando a la innovación.

Muchos de los proyectos que elige para trabajar tienen un propósito muy arraigado a lo social y eso no es casual. “Ningún proyecto me llena si no tiene un propósito que va más allá de divertirme y hacer plata. No puedo concebir que la suerte que te tocó al nacer marque tan fuertemente tu destino. Todo lo que pueda hacer para cambiar eso, lo haré”, confiesa. Pero también está empecinado en llevar los valores de la innovación a las compañías más tradicionales donde hay gran resistencia al cambio de procesos. “A las grandes empresas, es a las que más les cuesta innovar, tal vez por su tamaño y burocracia, pero principalmente por su historia, porque hacen las cosas sin entender por qué las hacen de ese modo”, dice. La mayoría de las empresas intenta hacerlo, pero no sabe cómo, entonces crean concursos, hackatones y mesas de innovación, pero terminan siendo esfuerzos aislados que no logran sostener en el tiempo, con lo cual cree que hay dos cosas muy importantes: tener una matriz balanceada de innovación y un plan alineado a la estrategia de la empresa para así tener una cultura que permita que la innovación fluya.

Gabriel lee mucho todos los días, más papers que libros, y busca material de disciplinas que le son muy ajenas para buscar inspiración en ellas. Aunque dice que ahora con más sueño, ya que fue papá por primera vez hace pocos meses. “Me gusta aprender leyendo sobre disciplinas de las que no tengo idea. Tiene que ver con esa curiosidad; si tuviera que decirte qué me apasiona, te diría las personas, conocer gente, escucharlas, aprender, intercambiar experiencias. Tomar un café en un bar con gente que no conozco me divierte mucho.”

El statu quo es el estado o la situación de las cosas en un determinado momento, un estado que en la mayoría de las personas genera armonía, pero que a Gabriel sólo le genera querer alterarlo lo más a menudo posible. Porque en la innovación y evolución constante encuentra su remanso.


Nota publicada en la edición nro. 230 (diciembre/2016) de Infotechnology.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Notas Relacionadas